lunes, 7 de abril de 2014
Soy
Soy el oyente que todo lo sabe porque nunca ha dejado de escuchar. Largas e históricas conversaciones me avalan.
Soy el consejero al que no siempre se tiene en cuenta, la voz de la razón que se elige desoír.
Soy la timidez reflejada que hace recordar la timidez propia.
Soy el ejemplo a seguir con partes oscuras y turbias escondidas a buen resguardo. El respetado líder que arrastra sombras.
Soy el silencioso compañero de fatigas que sonríe cuando no quiere hablar.
Soy el niño que todos llevamos dentro.
Soy el sabio que cambiaría lo que sabe por todo lo que desconoce.
Soy la opción más complicada aunque quizá la más acertada. Una duda compleja y prolongada.
Soy el sentido común embriagado y aturdido; decisiones que parecen correctas que acaban desvirtuándose.
Soy la luz guía que sirve como referencia aún cuando, desfallecida, termina apagándose.
Soy la letanía que cansa solo escuchándola.
Soy la opinión moderada, la discusión organizada, el debate productivo.
Soy el que pregunta por verdadero interés.
Soy la constante que parece inalterable cuando todo cambia y se tambalea.
Soy el texto que lees y con el que te sientes identificado. Palabras que parecen dirigidas únicamente a ti.
Soy todo lo que me hacéis ser pero no todo lo que intento ser.
Saludos
viernes, 4 de marzo de 2011
LXII
lunes, 7 de junio de 2010
Helicópteros (Relato)
-¡No puedo!
-¡¿Cómo que no puedes?!
-¡No tengo nada que escribir!
-¿Me has dicho eso en serio?
-Es la verdad.
-¿Me estás diciendo que tu vida es una mierda? Porque si nada de lo que lees, de lo que escuchas o lo que ves, en definitiva, de lo que vives, te sirve de inspiración es que tu vida es una mierda. Sin más.
Se miraron. El acusador, arrogante, sintiéndose superior. El acusado, achantado, compungido, como un niño al que pillan en una mentira.
-Me siento seco, vaciado, con la sensación de haber escrito todo lo que tenía dentro. Todo lo que tenía que escribir.
-Eres un flojo.
Tajante, todavía en posición de poder. La vergüenza y el autodesprecio convertidos en sorpresa. Una bofetada inesperada.
-¿A qué viene eso?¿Qué me quieres decir?
-¿No piensas nada a lo largo del día?¿Tu cerebro está en blanco en todo momento?
-No, pero son rayadas personales, cosas privadas. A nadie le interesarán.
-¿Y qué te impide convertirlas en algo diferente? Algo impersonal, aunque identificable a un nivel íntimo, en lo que alguien pueda sentirse reflejado.
Había ganado la discusión. Jaque mate. Te acabo de cerrar la boca a razones, si me permites la expresión.
Resignado, como cualquier lunes por la mañana de camino al trabajo después de un largo fin de semana.
Saludos
jueves, 13 de mayo de 2010
Papeles (Relato)
-¿Qué haces aquí?
Esa pregunta me salió del alma, tan rápido que no fui consciente de ella hasta que la oí de mi propia voz. Ella estaba allí plantada frente a mi puerta, con cara de no haber roto nunca un plato, aún sabiendo que me había roto, como quien dice, toda mi vajilla.
-Te echaba de menos.
La última vez que nos vimos me dijo que no quería volver a verme en la vida y ahora, de repente, sorpresa. Como el fogonazo de un radar al tomarte la fotografía prueba de tu infracción. Igual de agradable.
-Desde que rompimos...
Vaya, así que fue algo consensuado. Primera noticia.
-La expresión que buscabas es "Te dejé"
-Como quieras, no he venido a discutir.
Que curioso, ese fue uno de los motivos que esgrimió "Últimamente pasamos todo el tiempo discutiendo" Una vez más discrepancia en los conceptos: ella levantaba la voz, yo intentaba calmarla y dialogar.
-Desde que, como tú dices, te dejé...- el tono de esas dos últimas palabras está cargado de resquemor-...he pensado mucho en ti. En nosotros. Creo que cometí el mayor error de mi vida cuando te separé de mi lado.
Así que ha pensado mucho en mí. Yo pensé mucho en ella. Siempre una copa y yo pensando. Buscando motivos, soluciones, culpas y respuestas. Echando litros de más porque echaba a alguien de menos.
-No sé que quieres que te diga.
-Dime que todavía podemos arreglarlo. Que alguna vez podrás perdonarme. Que podremos volver a estar bien, juntos.
Tengo la bola en mi tejado. Por primera vez en nuestra relación puedo decidir egoístamente, no intentando contentarla con la opción que elija. Si esto fuera una película nos besaríamos, la abrazaría fuerte y lloraríamos mientras la cámara va abriendo el plano, dando la sensación de estar separándose de nosotros, dejándonos disfrutar de nuestra felicidad con intimidad. Pero aquí, en la realidad, las cicatrices no son de maquillaje.
-Honestamente debo agradecerte estas disculpas a tu manera. Y te mentiría si te dijera que estoy mejor sólo, que no me gustaría tener a alguien con quien compartir la vida.- Una sonrisa de esperanza se dibuja en su cara. Nunca esperaba a que terminase de hablar. Sacaba conclusiones precipitadas- Pero si de algo estoy seguro es de que estoy mejor sin ti.- Cuando una ilusión se quiebra suena a cristales rotos. Ya no hay sonrisa en su cara, sino un gesto indefinible- Y ahora si me permites, no me gustaría cerrarte la puerta en las narices.
No tiene voz para decir nada más. La veo darse la vuelta y alejarse caminando lentamente, como aturdida, noqueada por un puño imaginario que la ha golpeado sin esperarlo.
Hemos cambiado los papeles. Me recuerda tanto a mí...
Saludos