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sábado, 7 de febrero de 2015

CXXIX

-"[...] lo monstruoso no es que los hombres hayan creado rosas de este estercolero, sino que, por una u otra razón hayan de desear rosas. Por una u otra razón, el hombre busca el milagro y, para conseguirlo, se bañará en sangre. Se corromperá con ideas, se reducirá él mismo a una sombra si un segundo siquiera de su vida puede cerrar los ojos a lo espantoso de la realidad. Todo se soporta, desgracia, humillación, pobreza, guerra, crimen ennui, en la creencia de que de la noche a la mañana ocurrirá algo, un milagro, que hará tolerable la vida."  Henry Miller - Trópico de Cáncer

-"Duda: ¿En qué difiere el nunca será de lo que nunca fue?"  Cormac McCarthy - La carretera

-"You ran with the dead today through the cemeteries where ghosts still play. The more you ran, love got further away. One look and I saw inside every little thing you'd die to hide."  Editors - You don't know love

-"Ella es el turno que pasó, la oportunidad que espera, el regalo que se compró y espera que lo desenvolvieran."  SFDK - Ella con Alberto Gambino


Saludos

sábado, 24 de enero de 2015

Vivido

Hay quien, estando en tu vida largo tiempo, de una manera u otra pasa sin pena ni gloria, un surco en la arena barrido por una ola. Por mucho que lo intentes no podrías recordar nada sobre esa persona, ni el más leve enlace entre ella y tú que haga despertar una sonrisa por su recuerdo.
Aunque, por supuesto, una sonrisa es algo demasiado ambicioso como para que cualquiera pueda provocarla por su recuerdo. Y, en este caso, hasta un mísero alzamiento de cejas quedaría lejos de lo que mucha gente podría conseguir.

Por el contrario hay otras personas, indudablemente especiales, de las que recuerdas cada momento pasado a su lado. No me refiero a historias vagamente relatadas y modificadas progresivamente a lo largo de los años; me refiero a pequeños detalles tan vividos que, al rememorarlos, alteran nuestro ritmo cardiaco tal y como lo hicieron en su momento.
De estas personas nos encontramos pocas, y bastan un puñado de ratos junto a ellas para saber todo el tiempo que quieres dedicarles en el futuro, aunque este sea tan incierto que no sabes si tus buenas intenciones (y con suerte también las suyas) llegarán a materializarse.

Hago lo que puedo por no perder a quien, sin duda, pertenece al segundo grupo.
Acertadas o no, hago cosas; no puedo simplemente esperar, no quiero simplemente esperar.
Y así, esperando lo mejor, estando preparado para lo peor, dedico parte de mi tiempo a quien se pasea por mi mente como lo que en parte ya es, su casa; con la temerosa esperanza de que sea algo recíproco.

Y entre la pléyade de detalles, el que más altera mis latidos es un etílico apretón de manos bajo la mesa.


Saludos

domingo, 6 de julio de 2014

Museo [Revisita]

Aquella obra dejó una profunda huella en mí. Recurrentemente se me aparecía, nítida y viva, cada vez que no tenía nada en lo que pensar. Un protector de pantalla mental.
Como yo mismo, se encontraba en aquel museo de paso, parte de una exposición temporal. Al poco tiempo también volvió al lugar en el que está habitualmente expuesta.
Una reproducción colgaba ya para entonces de la pared de mi cuarto a la espera de encontrar la manera de volver a presenciarla en vivo, en ese otro museo. Un sustitutivo edulcorado pero, a falta de la cercanía del original, se me debía hacer suficiente.
De nuevo unos pasillos, salas de museo esta vez más pequeñas y acogedoras, con menos obras pero, de alguna manera, familiares y cercanas. Y ahí, como si todo este tiempo hubiese estado esperándome, esa obra cautivadora y acongojante de una manera agradable. Nunca me había sentido así. Me acerco decidido, sabiendo que esta vez, ya conocidos los rasgos principales, podré zambullirme en cada pequeño detalle, en cada pincelada que quiera significar algo, en cada grumo de la pintura que actúa como tentación prohibida de sentir a través del tacto.
Sé que, sin remisión, este museo también cerrará, que tendré que salir por sus puertas para, otra vez, no saber si volveré a observarla, si volveré a este museo; lo que no dudo es que su imagen me acompañará como solo las cosas importante pueden hacer.

Más momentos que memorizar.
Más risas y sonrisas. Más palabras y silencios. Más respiraciones, gemidos y suspiros. Más caricias y estremecimientos. Más miradas...
Irrepetibles tesoros.


Saludos

domingo, 25 de mayo de 2014

Afortunado (Relato)

No puedo creerme la suerte que tengo. Cualquiera me envidiaría si fuese contando esto por ahí, así que suelo guardarme de ir pregonándolo.
Hace más de un año que estoy sin trabajo: me echaron en uno de esos ERE's tan de moda últimamente. Por supuesto eso desestabilizó toda mi economía. Un coche recién comprado del que no puedo pagar ni la gasolina y una hipoteca a 30 años que he renunciado a amortizar.
Por supuesto, y en vista de que me van a embargar la casa más pronto que tarde, he tenido que volver a casa de mis padres. Son tan mayores como maniáticos: siguen tratándome como si tuviera los veinte años que tenía cuando me fui de casa y, lo que entonces eran pequeñas peculiaridades, ahora son chifladuras de viejos con la cabeza medio perdida.
Mis amigos no paran de darme consejos de mierda: oportunidades de inversión (como si tuviese dinero para invertir); sitios en los que buscar empleo (como si no me conociese todos y cada uno de los portales, instituciones y empresas que se dedican a ello); maneras de sobrellevar el día a día en casa (como si ellos conociesen a mis padres tanto como yo). Soporto discursos sobreprotectores de gente que tiene mi edad y que, sistemáticamente, han tomado peores decisiones en la vida que yo.
Mi existencia ha retrocedido casi 15 años en el transcurso de los últimos meses, con la única diferencia de que no estoy estudiando.
Pero tengo muchísima suerte, tanta que no puedo menos que compadecerme del resto de mortales.
Ella está conmigo. No veo suficientes razones por las que me podría haber elegido, pero fue así. Me dice que soy importante. Me dice que soy especial. Y si alguna vez me creí el mejor, fue porque ella lo dijo.


Saludos

lunes, 8 de julio de 2013

Museo

Paseo a través de las diferentes salas de un enorme, casi infinito, museo. Todo tipo de arte y corrientes artísticas desfilan ante mis ojos. Algunas obras llaman mi atención pero igual que cualquier juguete sonoro haría con un niño de unos cuantos meses. Busco algo más: esa obra que me perturbe, con la que sienta una conexión directa con lo que quiere representar, que signifique algo para mí. Experimentar el síndrome de Stendhal.
Entonces, por azar (cómo si no), me encuentro frente a esa obra de arte que buscaba sin conocer. No puedo hacer más que contemplarla embelesado, disfrutarla todo lo posible. Consciente de que con esa obra me basta, tomo asiento frente a ella tratando de descubrir todos los detalles, de descifrar todos los matices, de desentrañar todo su significado.
El mensaje que propagan los altavoces me devuelve a la realidad: estoy en un museo (¿recuerdas?) y cierra sus puertas en breve. Resignado, doy los últimos vistazos mientras camino fuera de la sala. No sé si volveré a observarla, si volveré a este museo, pero la visita mereció la pena.

Por eso trataba de memorizar cada detalle.
Cada risa y sonrisa. Cada palabra y silencio. Cada respiración, gemido y suspiro. Cada caricia y estremecimiento. Cada mirada...
Porque hay momentos que deben ser conservados a fuego en la memoria.


Saludos

viernes, 4 de mayo de 2012

Oración 7

Joder, otra vez aquí sentado, sin nada que decir, pero con ganas de teclear.
Empezar con una palabra malsonante buscando el mismo efecto que esos carteles que ponen en mayúsculas SEXO para después venderte cualquier otra cosa.
¿Hay que esforzarse tanto para hacer algo que todos disfrutamos?
Dobles sentidos sexuales sin intención.
Se atribuye a Albert Einstein la frase Locura es hacer la misma cosa una y otra vez esperando obtener diferentes resultados. Con ella siempre supero el límite de la locura.
Fue una de las conversaciones más intensas que he tenido en mucho tiempo. Ahora no puedo evitar pensar si servirá para algo. Para algo más de lo que le haya servido a ella, quiero decir.
Muchas referencias durante todos estos años a distintas ellas. Me pregunto si alguna lo sabrá. O si lo habrán leído siquiera.
En ocasiones más triste de lo que dejo ver, siempre más optimista de lo que pienso.
Cuando el mundo se desmorone a tu alrededor sólo te queda dar un paso con la misma fe que Indiana Jones en la tercera prueba del final de La última cruzada.
Los odio. A casi todos. Y únicamente los escucho para tener más razones para criticarlos.
Mucho rato sin escribir. La concentración dispersa. Mejor acabar aquí.

Saludos

domingo, 23 de enero de 2011

Miradas (Relato)

Siempre que se despedían ella notaba que él la miraba de una manera distinta al resto, especial, como si le quedase algo importante que decir. No importaba que hubiesen estado con amigos o a solas en una de tantas veces en las que ella, cansada de su novio de turno o agobiada por el trabajo, lo necesitaba para desahogarse. Él, un tipo reservado y atento, cortés y caballeroso hasta el extremo, siempre estaba ahí cuando lo necesitaba, como aquella vez en la que ella descubrió que su novio se acostaba con una compañera de trabajo, o aquella otra en la que, de madrugada, ella lo llamó llorando porque a su perro, un dálmata de poco menos de un año, le costaba respirar cuando ella lo encontró en el suelo de la cocina rodeado de vómito.
Esa mirada a la hora de despedirse se repetía cada vez con más asiduidad, cosa que a ella le daba que pensar desde que tomó consciencia de ello. Pasaba largos ratos preguntándose que querría decir esa mirada.
Era curioso porque, a pesar de tener tanta confianza con él como para contarle cualquier cosa, no veía la manera de preguntarle sobre aquella mirada, como si tuviese miedo de atravesar una frontera imaginaria que hasta ese momento no había existido.
Ella procuraba coincidir menos con él, hasta dejó de llamarlo para su habitual café de los jueves. Creía que evitando el problema se solucionaría por si sólo. Infravaloraba la constancia de un buen hombre.
Pero todo se agota, incluso la constancia de los hombres buenos, y en sus poco a poco más esporádicos encuentros esa mirada, origen del cambio de actitud de ella, fue transformándose en otra más triste y lastimera, como la de un perro al que su dueño aparta de su lado golpeándole con una zapatilla. Una mirada que dejaba entrever los escombros de un sueño roto.
Finalmente su relación dejó de existir. Años después ella creyó reconocerlo a lo lejos mientras cruzaba un parque de regreso a casa. Empujaba un carrito de bebé e iba acompañado por una mujer visiblemente embarazada. La imagen era la de una familia feliz.
En ese momento ella no pudo evitar pensar cómo habría sido su vida si hubiese sido capaz de afrontar aquella antigua mirada.

Saludos

lunes, 14 de diciembre de 2009

Oración 3

Después de una llamada telefónica miro el teclado y me parece estar frente a piano. Teclas blancas y negras. Improvisación.
¿Qué haces cuando quieres regresar a un lugar en el que no quieres quedarte?
Hay cosas que decidimos hacer antes de tiempo, antes del momento en que sería honesto hacerlas.
Puestos a ser egoístas entra en cualquier juego peligroso en el que seas el que menos tiene que perder.
El amor eterno ya no existe, murió una noche de verano, ahí, quemado en el fuego. Me niego a creerlo, aunque el entorno no haga más que demostrármelo.
Nunca te pedirán distancia, te pedirán tiempo. Tiempo es lo que necesitas, no distancia. Sólo el tiempo te ayudará, no la distancia.
Intentas ponerte en la mente de la otra persona buscando respuestas o razones que quizá no existen. No hay lógica emocional a estos niveles.
Cada minuto a solas te inundarán recuerdos dolorosos a los que te aferrarás como posibilidad de que todo vuelva a ser como antes. Tus proyecciones de futuro ahora tienen espacios en blanco que no sabes como rellenarás. Tu cabeza trabaja contra ti.
Un pilar desaparece, tu vida se queda coja y no tomas consciencia de que eres tú mismo el que tiene que sustituirlo.
Tu futuro es tu futuro, no el de otra persona.
Las decisiones ajenas son realidades inmutables. No puedes culparte por decisiones ajenas. No puedes cambiar decisiones ajenas.
Llamadas sin respuesta. Eso es todo lo que queda.
Vaya mierda.
Me río de tu concepto de amistad, un concepto basado en borracheras y abrazos de euforia. Amistad en un futuro más o menos cercano ahogada en una oscura laguna de alcohol y palabras vacías.

En estos días, de manera simbiótica aciagos, ella ilumina las tinieblas.

Saludos

miércoles, 4 de junio de 2008

Bucle (Relato)

Está frente a mí. Solo oscuridad entorno a su persona. El sentido de la vista me basta en estos momentos. El tiempo no existe, como si un agujero negro se hubiera tragado el universo y únicamente existiéramos ella y yo. Poco a poco se va acercando a mí.
No puedo apartar los ojos de ella. Sus labios envían promesas de una vida mejor sin ni siquiera moverse. Sus ojos son el lugar más puro en el que nunca me veré reflejado. Su cara es la más perfecta escultura jamás realizada. Tengo delante la prueba de que Dios existe. Continúa acercándose hasta que el mínimo espacio que nos separa me parece infinito.
Me besa. Sublimo. Su beso me convierte en algo etéreo, incorpóreo y, al mismo tiempo, siento el verdadero sentido de la palabra sentir.
El yo pasado que no la besó envidia al yo presente que la besa. Este a su vez se jacta ante el yo futuro que no la besará. El sentido del tacto me basta ahora. La luz lo inunda todo. Ella es luz. Éxtasis. Nirvana.
Y despierto. Era un sueño.
Simplemente no está. La oscuridad ahora es vacío. El vacío es soledad en su forma más primitiva. Mis sentidos son inservibles, inútiles, innecesarios, sin ella no merece la pena su uso.
La nada es interminable, se apodera de mí, usurpa mi voluntad. La tristeza más desgarradora es todo lo que puedo sentir. Un futuro sin solución posible durante eones.
Lloro. Colapso. Me convierto en algo inexistente. La tragedia me define. No queda nada de mí que recordar, como una mota de polvo barrida del suelo de la creación.
Y despierto. Era una pesadilla.

Saludos