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martes, 15 de julio de 2014

El andén (Relato)

Como si de la típica película romántica se tratase, la acompañé a la estación de autobuses para allí despedirnos.
A pesar de que nuestra separación tenía una fecha de caducidad, las despedidas siempre son dolorosas; aunque en esta ocasión, tenía un plan.
Allí estábamos, uno frente al otro junto al autobús que pronto nos alejaría. Un último beso, un último abrazo. Tras eso, me di la vuelta y me marché.
Ni siquiera esperé a que montase en el autobús; y mucho menos a que este arrancase y saliese poco a poco de la estación mientras yo, de pie en el andén, viese su esquiva silueta ocultarse entre los cristales tintados y los reflejos del sol.
Mi última imagen hasta nuestro reencuentro no sería un vehículo abandonando un edificio. Por el contrario, iba a ser su cara a escasos centímetros de la mía y sus ojos brillando quién sabe si de felicidad, quién sabe si gracias a mí.


Saludos

domingo, 10 de noviembre de 2013

Graznido: Cuando el tipo en patines...














Cuando el tipo en patines disfrazado de payaso te parece el más normal de los que se montan en el autobús.










domingo, 24 de marzo de 2013

Escribe, borra...

Escribe, borra, escribe, borra. Así es imposible terminar nada.
Echo en falta mis habituales recorridos en autobús: momentos en los que, excepto mi música y el paisaje urbano repetido a diario, nada me distraía de rebuscar en el desordenado desván que es mi cabeza las ideas que al final se verían plasmadas en las entradas de este blog.
Debo ser un "escritor" atípico: parece que me alimento mejor de la rutina que de las nuevas experiencias. El único sentido que le veo es que, para escapar de la mortal rutina, se me hace necesario tirar de imaginación y ahí está la fuente de mis textos.
Como sustitutivo me tengo que obligar. Enfrentarme a la pantalla en blanco, abrumadora, agrandándose por momentos hasta que, tras completar varios párrafos (y haber borrado otros tantos) se empequeñece y lo ya escrito te va pareciendo suficiente.
Sin embargo es, de alguna manera, doloroso como todo lo forzado. No notas esa fluidez habitual que sí encuentras al desarrollar una idea ya trabajada, una historia visualizada desde diferentes perspectivas en tu imaginación. Aquí las palabras salen lentas. Más que escritas, tatuadas. Un trabajo lento, meticuloso y, de nuevo, doloroso.

¿Y qué hay de todos esos párrafos borrados, de esos bocetos, de esas ideas no desarrolladas? Supongo que algunas regresan tiempo después, algo crecidas y, por tanto, irreconocibles. Otras tantas se perdieron para siempre, valiosas o inútiles, vagando para siempre en el limbo del olvido como fantasmas en un cementerio.


Saludos

lunes, 19 de noviembre de 2012

La pareja del autobús

Montan en el autobús como desconocidos, sin embargo él se sienta en paralelo a ella, no en el asiento contiguo (ella está sentada junto a la ventana) sino el del otro lado del pasillo y la mira directamente, todo su enorme cuerpo girado hacia ella, con sus piernas estorbando el paso, tanto que tiene que sentarse de forma natural para permitirme sentarme en los asientos finales del autobús.
Me inquieta la actitud de ambos y la discordancia de sus cuerpos. Como ya he dicho él es enorme, cerca de los dos metros y muy por encima de los 100 kilos. Se comporta torpe, nervioso, casi perturbado. Ella es menuda, poca cosa. Discreta, hace como que no lo ve, ignorándolo deliberadamente.
La cosa comienza a preocuparme cuando, sin motivo aparente (aunque acorde a su comportamiento errático), él cambia su asiento por el que está al lado de ella. Ahora, la abismal diferencia de sus cuerpos se hace más patente si cabe (yo estoy sentado justo tras ellos).
Me fijo en su cara (la de ella no puedo verla) mientras sigue mirándola, aunque por momentos vergonzoso, agache la cabeza. No parece demasiado inteligente, casi como un perro buscando la aprobación de su amo tras una trastada. Creo adivinar una bondad turbia en sus gestos, de ese tipo de gente que es buena hasta que, a fuerza de collejas en el colegio, cuando se cabrea lo hace con escándalo.
No soy el único que se ha fijado en el chaval. El pasajero que se sienta delante de ellos se gira de vez en cuando para vigilar la escena. Para entonces el chaval apoya sus brazos, y sobre estos su cabeza, en el respaldo del asiento que tiene frente a él. Es en ese momento cuando un gesto delata que se conocen: ella le da unos golpecitos en la pierna, atenta a que la posición adoptada por su compañero parece importunar al pasajero vigilante.
Él, perro reprendido por su amo, se sienta formal, con la espalda pegada al respaldo.
Ella, comprensiva y dispuesta a solucionar lo que quiera que haya pasado entre ellos, apoya cariñosa la cabeza en su hombro mientras le abraza el brazo. Hasta yo puedo sentir que todo va bien. Una conversación (su relación normal) se reinicia orgánicamente, con naturalidad.

Podría quitarme los auriculares y escuchar su conversación, descubrir la relación que los une o comprobar si el tono de sus voces demuestra lo mismo que sus gestos.
Pero hay gestos que por sí mismos merecen un texto.

Saludos

lunes, 15 de octubre de 2012

Graznido: Si habiendo sitio de sobra...








Si habiendo sitio de sobra en el autobús, tu pareja y tú os sentáis en un asiento individual en vez de en dos contiguos, no sois románticos, sois del género tonto.








domingo, 6 de mayo de 2012

Procesos

Escribes demasiado poco me dijeron. Necesitamos que nos ilumines más a menudo creí entender, y la presión pudo conmigo.
No defraudo a nadie si escribo poco, ni creo que nadie necesite de mis palabras como luz guía, son sólo cosas que me digo para obligarme. Mis lectores no me esperan impacientes...
Qué pretencioso eso de mis lectores.
Recuerdo esa noche que esbocé, no se qué relato, escribiendo ideas en las notas del iPod un buen rato después de haber apagado la luz. La oscuridad a mi alrededor parecía actuar como catalizador, lo que se veía plasmado en la luminosidad de la pequeña pantalla.
O todas esas veces que he cogido un bloc de notas y un lapicero de punta fina y he comenzado a escribir, con una letra horrible y apresurada como si eso fuese cosa de verdaderos escritores, en el autobús, la biblioteca, en clase, o incluso en esos escalones del césped de la facultad mientras fumaba. Y alguna gente mirándome con cara ¿Qué carajo está haciendo ese tío?.
Casi siempre frente a la pantalla y el teclado del ordenador.
Tengo pendiente probar la pluma y el bote de tinta que me regaló por mi cumpleaños. "Con esto escribía yo de chico" me dijo. Mientras, yo me imaginaba emborronando folios y manchándome los brazos de una tinta seguramente bastante difícil de limpiar. Pero lo tengo pendiente. Se lo debo.
Por lo demás: constancia, ganas y música de fondo. No necesariamente por ese orden.

Saludos

martes, 28 de diciembre de 2010

LX

-"I didn't choose this life, this life chose me. I don't owe the game, the game owes me. I might know you but you don't know me" Snowgoons - Cold Dayz feat. FT, Lord Willin & Reef The Lost Cauze

-Aquello era un cementerio de viejas glorias. Gente que debería haber muerto a los 23 años.

-La pelea de enamorados en la que él acaba llorando.

-El tío dormido en la parada del autobús con la gorra puesta a las cinco de la mañana.

Saludos

domingo, 14 de febrero de 2010

LII

-"Po' tía, en clase de Ciudadanía está el grupo de la Jenny, de la Raquel, de la Carmen, y se acoplan con nosotras la Cristina y la Elena y parecemos tontitas"

-Siento decírtelo pero, seguramente, algo aportes al adjetivo.

-"Dando gracias, así es como vivo yo: por ser como soy, por querer seguir siéndolo" Violadores del Verso - Filosofía y letras

-Es curioso como llegan a nosotros ciertos grupos y/o canciones. Yo descubrí a Band Of Horses y su canción "The Funeral" gracias a este vídeo.

Saludos

lunes, 11 de enero de 2010

Conversaciones de autobús: orígenes

Desde que tengo uso de razón he viajado en autobús. Tanto viajes largos como trayectos cortos.
Mis padres no tenían permiso de conducir y cuando en verano subíamos a Ávila a visitar a la familia viajábamos del modo más económico posible: en ocasiones era el tren y otras muchas fue el autobús.
Obviamente la misma situación se daba para movernos aquí en Málaga. Siempre he tenido tarjeta de estudiante de la EMT para usar el transporte público. Rizando el rizo los años de secundaria iba al instituto en el autobús que ofrecía el centro.
Y la cosa viene de familia. Mis abuelos usaban casi diariamente el autobús y en igual situación se encontró mi madre en sus años de estudiante y se encuentra actualmente en su etapa laboral. Tanto es así que conoce a innumerables conductores, muchos de los cuales antes de que se implantasen las nuevas tecnologías ejercían la labor de revisores, un trabajo que sólo se mantiene a día de hoy en los trenes.
Durante todos estos años de usuario del autobús (tanto público como semi-privado) he sido testigo de flagrantes faltas de educación, de alguna que otra curiosa anécdota, de accidentes de tráfico y, el motivo de este artículo, conversaciones de toda índole.
Como se suele decir no todo el monte es orégano y me he visto obligado a escuchar barbaridades, aunque también han abundado los comentarios críticos o cómicos e incluso conversaciones serias e interesantes en las que habría participado de conocer a los contertulios.
Pero todo cambió con la llegada del iPod. Desde entonces elijo las conversaciones que quiero oír. No me gusta llevar la música excesivamente alta (cuando todos estéis completamente sordos por los auriculares yo sólo estaré algo sordo. Ahora imagináos una risa malvada y tendréis el efecto completo) por lo que puedo escuchar lo que se cuece a mi alrededor: si es interesante aplico el oído y obtengo perlas y si no lo es subo un par de puntos el volumen y vuelvo a estar aislado.
Si queréis llamarme cotilla no tengo defensa, eso sí, cotilla selecto. No escucho por escuchar. Busco relevancia en las conversaciones de autobús. Y creedme que no es fácil.
Saludos

martes, 17 de noviembre de 2009

Auriculares

¡Qué gran evolución la tecnología en general! Y no me refiero a toda esa tecnología que nos hace la vida más fácil. Digamos que esa ya la tenemos asimilada y no reparamos en los pequeños cambios a mejor. Hablo de esa otra que nos hace la vida más amena.
Me gusta esa de poder ir en el autobús y llevar conmigo toda mi colección de música en un aparato que cabe en mi bolsillo. ¡Si hasta puedo leer libros!¡E incluso comics! Entretenimiento en la palma de mi mano.
Pero... un momento. ¿Qué es eso que escucho de fondo por detrás de mi música? Es más música. ¿Qué ocurre? No, hombre, no. Otra vez no. Otro/a inútil escuchando música en al autobús con los altavoces del móvil (especifico ambos géneros en el determinante porque es importante reseñar que hay inútiles de ambos sexos. Si lo dejase en masculino neutro parte del mensaje se perdería por el camino)
No comprendo qué se os pasa por la cabeza. Me niego a pensar que no se os pasa nada. Prefiero mil veces que molestéis pensando en ello que a tontas y a locas, así tengo más motivo para criticaros.
Yo entiendo que os habéis gastado una pasta en un móvil con una cantidad de características abrumadora, muchas de las cuales no vais a usar porque ni siquiera sabéis como, y que queráis ir escuchando vuestra música favorita como el resto de nosotros, pringados por habernos comprado auriculares cuando claramente son innecesarios, pero ¿qué necesidad tiene la gente de escuchar tecno-trance-hardcore-reggae-house si no le interesa? Que no lo digo por mi, que a mi me basta con subir el volumen del iPod (por vuestra culpa tendré problemas auditivos), lo digo por el resto del autobús que no llevan reproductores de audio. Para que los distingáis es toda esa gente que en cuanto localizan de dónde procede la música os mira mal.
Y todo se solucionaría con unos auriculares. Que viendo la pasta que os habéis gastado en el móvil (y la pasta que os gastaréis en facturación al mes) unos auriculares no valen más de unos pocos euros. Os informo de que en las tiendas de todo a cien de vuestro barrio (también conocidas como chinos) los vais a encontrar baratos, además con lo poco sibaritas que sois con respecto al sonido (no, los altavoces de tu móvil no suenan bien) os dará igual la mierda de calidad que obtendréis.
Y si el problema es que andáis cortos de dinero no tenéis más que hacer una colecta en el autobús la próxima vez que os montéis. Seguro que entre todos te dan el dinero suficiente para que te compres unos auriculares con tal de no tener que aguantarte.

Saludos

lunes, 14 de septiembre de 2009

Conversaciones de autobús y menús de 3'10 €

-...que le tenía envidia me dijo la guarra.
-Habel'la enganxao* allí mismo- le aconseja su amiga, sentada a su lado.
-Joé que drástica la niña- replica un tío que estaba sentado frente a ellas, medio sorprendido, medio en broma- Haberle pisado el cuello, haberle pegado dos puñaladas
Las dos chavalas se comienzan a reír por la evidente exageración de su espontáneo contertulio. Acto seguido una de ellas tose contundentemente, a lo que el tío pregunta:
-¿Tú no tendrás la gripe A?
-Pos yo estaba cagá, le dije al médico que me diese una mascarilla o algo de eso a ver si iba a tener la gripe mierda esa- respondió indignada con su médico la chavala.


Cambiando de tema, ¿a qué mente brillante del Burger King se le ha ocurrido subir su menú ahorro 10 céntimos? Personalmente me da igual, para una vez al mes como mucho que consumo comida rápida me gusta probar las novedades. En términos generales me imagino que el que se puede permitir comer por 3 euros se puede permitir comer por 3 euros con 10 céntimos. Obviaré también el hecho de que no se me ocurre ningún indicador económico por el cual se hayan visto obligados a subir el menú esa nimiedad para no incurrir en pérdidas.
Lo que no llego a concebir es la facilidad con la que tiran a la basura una campaña publicitaria de más de un año. Si es que ya era un clásico lo del menú de tres euros.No puedo imaginarme a nadie diciendo "me comería un menú de tres euros diez"
Quitadme cinco patatas fritas del ya irrisorio paquete que venía incluido en el menú, reducir unos cuantos centilitros el tamaño de la bebida, incorporar miga de pan mojada en leche en la masa de la hamburguesa como hace mi madre en casa (sería un cambio a mejor mirándolo con detenimiento: ganaría en jugosidad comparado con la suela de zapato habitual) pero dejad el precio del maldito menú como estaba.
Y que conste que es una crítica constructiva.

Saludos

* En andaluz original