sábado, 11 de abril de 2015
Renglones
Cuentan una historia luminosa y esperanzadora que, ahora, se ha vuelto turbia y se escribe en renglones ilegibles de vacío y silencio.
Lo que era una tierna serigrafía de precisa filigrana se ha convertido en una sangrienta cicatriz que retuerce y deforma el tejido orgánico, transformado en una desagradable amalgama repleta de surcos y arañazos, como zarpazos de una bestia salvaje que no quiere seguir en esta jaula.
Leo la historia de mis propios días con la esperanza de que fluyan unas lágrimas purificadoras que limpien esta infección y, con su sal, ayuden a cicatrizar las nuevas emociones, pero la fuente está seca y solo hay congestión y angustia.
Leo disfrutando los buenos momentos para terminar revolcado y aturdido por el depresivo presente, luchando por continuar caminando a pesar de la pesada cadena que arrastro enganchada a mis tobillos.
Como un libro que te desagrada hasta llegar a hacerse interesante, releo una historia en la que, siendo protagonista, conozco cada detalle y matiz, pero de la que me siento extrañamente ajeno al verla transformada en palabras, como si mi cuerpo rechazase un órgano recientemente trasplantado.
Cierro la compuerta y vuelvo a esconder la pequeña llave que guardo al fondo de un cajón, ahí donde no corre el peligro de ser descubierta por nadie, ahí donde puedo evitar compartirla.
Saludos
jueves, 24 de julio de 2014
Conclusión (suspensiva)
Más fáciles de transmitir que de mantener ocultas.
En cualquier caso, necesarias para quedarme en paz.
Estuve extrañamente contento escribiendo las mías, luego leyendo las suyas. Como el que, empapado en su propia sangre aún templada, simplemente desfallece.
Tan especiales como todo lo anterior.
Tan excepcional que ahora me planteo que, seguramente, ha sido de la única manera que debería haber sido.
Y ahora, quizá buscándolo, sin duda sin esperarlo, una nueva historia comienza a formarse...
Saludos
jueves, 13 de febrero de 2014
El chivatazo
Igual que resulta imposible comprobar lo que hubiera ocurrido sin ese chivatazo. Quizá ninguna puerta se abría abierto, una sola vía recta y tan lejana como el horizonte. El presente sería distinto. Resulta tan doloroso pensar que hubiese sido así.
Aquello de la casualidad o la causalidad.
Igual que era una casualidad o una causalidad el hecho de poder recibir ese chivatazo, esa indiscreción, en ese lugar, en ese contexto, en esa experiencia.
Aquella histórica propuesta, una mera idea de futuro, fue una puerta abierta que me permitía comenzar una nueva historia en un nuevo lugar. Un punto de inflexión desviando una función exponencialmente. Sin duda, el presente sería tan distinto.
Saludos
domingo, 3 de febrero de 2013
Graznido: El final de otro capitulo...
El final de otro capítulo o el epílogo de la historia. En cualquier caso, para quedarme en paz.
martes, 7 de junio de 2011
LXV
miércoles, 3 de marzo de 2010
Una historia de fantasmas (Relato)
Fantasma 2: A mi me pasó algo parecido con mi mujer. Estaba empeñada en que compráramos un chalé en la sierra pero le dije que para que quería tantos metros de casa pudiendo ir a un hotel cuando queramos, así que terminó olvidándolo.
...
Oyente crítico: Fantasmas
Saludos
martes, 26 de enero de 2010
La historia más real de sus vidas (Relato)
Esta relación tan especial era más que evidente para sus amigos comunes, tanto por las innegables señales como por las revelaciones privadas de una y otro. A pesar de los esfuerzos de sus amigos por, digamos, sincronizarlos y así llevar a buen término su relación, diferentes motivos (normalmente relacionados con la aparición esporádica y nunca de larga duración de terceras personas) impedían tan a priori loable y beneficioso objetivo.
En diferentes ocasiones parecieron alinearse los planetas, pero lo que podían haber sido diferentes comienzos para un largo romance no fueron más que escarceos propios de la edad, eso sí, con un trasfondo mucho más profundo que el que ninguno de los dos fue capaz de reconocer al otro.
Sus carreras, universitarias y laborales, los separaron geográficamente aunque mantuvieron su amistad. Aprovechaban las ocasiones en las que coincidían en su ciudad de origen para verse y ponerse al día, manteniendo así ese resquemor de lo que pudo ser y no fue. Las personas que los conocían desde su época escolar seguían apostando porque terminarían juntos a pesar de que ambos mantenían relaciones estables desde hacía varios años. Por eso no les extrañó cuando por separado y siempre ante un sólo confesor reconocían ser amantes ocasionales pero con continuidad en el tiempo.
Sus amigos se alegraban de, por fin, ver cumplido ese sueño largamente postergado. Se les veía pletóricos de felicidad, insuflados de la vitalidad que otorga el estar viviendo un amor juvenil.
Lo que pasa con los secretos que conoce mucha gente es que terminan sabiéndolos todo el mundo, llegando así a oídos de sus respectivas parejas que, incapaces de luchar contra un amor de tan longevo recorrido, se vieron obligados a cortar por lo sano. ¿Quién, en su misma situación, no habría hecho lo mismo?
Como consecuencia, los protagonistas de esta historia se encontraron liberados, sin ataduras que les impidiesen oficializar y hacer público lo que había empezado en la clandestinidad de una habitación a oscuras, bajo las sábanas de una cama.
Decidieron vivir juntos, el paso lógico que cualquier relación de futuro da más tarde o más temprano. Para ello uno de los dos tenía que abandonar su puesto de trabajo. Fue el primer escollo a superar y fue decisivo.
Es irrelevante quién cediese. Esa concesión provocó el primer resquicio en algo que la experiencia de los años había demostrado sólido. Quítale a un perro su hueso y gruñirá.
La mierda se acumulaba mientras se sucedían las discusiones. Se arrojaban reproches y se defendían con sacrificios del pasado. Decisiones propias de antaño ahora eran usadas como arsenal con el que herir a la pareja, culpando al contrario de acciones y actitudes individuales, rasgando la envoltura racional de lo que siempre fue emocional y dañando con ello, repartiendo responsabilidades con derechos de propiedad sobre la autoría.
La rudeza de la realidad había destruido lo que quizá tenía que haber sido por siempre un anhelo.
Saludos
domingo, 8 de febrero de 2009
Un poco de historia
La cruz de Borgoña. Traída a España por Felipe el Hermoso que, tras su boda con Juana I de Castilla (más conocida como Juana la Loca) en 1506, introdujo el signo distintivo de la casa de su madre, María de Borgoña, en nuestro país. Este signo sobre fondo blanco es lo que podemos catalogar como primera bandera española, usada por primera vez en la batalla de Pavía (1525) A veces sobre fondo amarillo, la cruz de Borgoña se convirtió en el símbolo característico de la bandera española hasta 1785.
Ese año Carlos III mediante Real Decreto promueve la realización de un concurso para la adopción de un nuevo pabellón de la Marina. El modelo elegido es el que ha perdurado hasta nuestros días. En principio usado sólo en los buques de guerra, en 1793 se ordenó que éste pabellón ondease también en los puertos y fuertes de la Marina. Finalmente, en 1843, la reina Isabel I ordena mediante Real Decreto su uso para todas las unidades militares, a partir de lo cual se la consideró definitivamente como bandera nacional. En primera instancia el escudo que acompaña la bandera es el de las Reales Armas de Carlos III, reducido a los dos cuarteles de Castilla y León, con la Corona Real encima. Este escudo es usado hasta 1873.

Con la Segunda República (1931-1936) se sustituyen por primera y única vez los colores de la bandera desde su adopción en 1785, cambiando la franja inferior a morada, provocando que sea conocida esta bandera como la tricolor. El escudo está formado por las armas de Castilla, León, Aragón, Navarra y Granada; flanqueado por las columnas de Hércules enlazadas por una banda con la leyenda Plus Ultra (ambos símbolos incorporados originalmente por Carlos I de España en su escudo de armas) Además va timbrado por una corona mural.

Tras la Guerra Civil el régimen franquista volvió a adoptar los colores originales de la bandera. En esta ocasión en el escudo, a las armas citadas anteriormente, columnas hercúleas y banda, se le unían el lema Una Grande Libre (genuínamente nacinalista), el águila de San Juan (figura asociada a uno de los autores evangelistas que Isabel la Católica usó como soporte al escudo de los Reyes Católicos) y el yugo y las flechas (símbolo tradicional de los Reyes Católicos desde 1475 y posteriormente adoptado por la Falange en 1943)

Tras la caída de la dictadura franquista la Constitución de 1978 define los colores de la bandera, incorporándose el actual escudo en 1981. En él, junto con todos los elementos descritos en el escudo de la Segunda República, se añade un escusón formado por tres flores de lis sobre fondo azul que representa las armas de la rama de los Anjou de la casa de Borbón y se sustituye la corona mural por la Corona Real.
Tras esta humilde lección de historia aquí van mis reflexiones.
Esta bandera no representa una época (se asocia equivocadamente con el régimen franquista), representa nuestra historia, la de todos nosotros. No permitamos que ninguna corriente ideológica se apodere del símbolo que nos representa. Si la sentimos como nuestra, como de todos, nunca será suya.
Si ha existido en España una bandera que representase una época esa ha sido la tricolor, por eso me parece tan erróneo su ostentación, porque se cae en el error de querer asociar el símbolo de nuestra historia con el de una ideología. No se deben sustituir varios siglos por cinco años, por mucho que esos cinco años representen la lucha contra la época más oscura de nuestra historia.
Saludos