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lunes, 20 de agosto de 2012

Algunos hombres buenos

Te trataré mal.
Ignoraré tus palabras.
Ridiculizaré públicamente tus errores.
Despreciaré tus ideas y opiniones.
Mis contestaciones serán agresivas y exaltadas.
Al mirarte lo haré con superioridad, casi con asco.
Destilaré veneno cada segundo que pase contigo.
Seré cruel a la hora de decir la verdad y mentiré para herirte.

Sólo así te sentirás irremediablemente atraída por mí. Como mosquitos hacia una de esas trampas eléctricas.

¿Así es como funciona?¿Eso es lo que queréis?



Saludos

domingo, 18 de marzo de 2012

Traidor (Relato)

-¿De dónde has sacado eso?
Cuando imaginó la situación no contempló esta respuesta. Ella lo acusaba de una dolorosa infidelidad y él, en lugar de negarlo o derrumbarse a sus pies arrepentido, la menospreció con esa pregunta. Esa pregunta no era solamente una negación implícita, sino que mandaba la acusación al terreno de la invención, la convertía prácticamente en una carta sacada de la manga. Como ya le dijo en una ocasión anterior, para él esto no era más que "una de esas películas que os montáis las mujeres cuando os aburrís".
Sin embargo, a pesar de la sorprendente cantidad de dolor que le produjo el desprecio de una persona a la que ya no amaba, lo que más daño le hizo fue su incapacidad de rebatirle de manera enérgica, contundente y airada. En vez de eso se acobardó, agachó la cabeza como el empollón que ve venir a un grupo de matoncillos a hincharlo a collejas.
Cuando tomó la decisión de acusarle en su cara lo hizo porque se sentía despechada, porque tenía la necesidad de gritar mirándole a los ojos, porque creyó que una vez hubiese dado el valiente paso de enfrentarse a él ese valor continuaría con ella hasta el final de una larga y llena de reproches discusión.
Ahora se encontraba frente a él y esas previsiones, esos deseos se habían derrumbado.
Entonces fue cuando sintió lastima. Por si misma y por él. Por ambos. Porque se había defraudado. Porque él no era el hombre que pretendía ser. Porque habían perdido el tiempo en una relación destruida por un tópico. Porque (y quizá esta fuese la principal causa de su lástima) el hombre del que un día estuvo enamorada se había convertido a sus ojos en un perro traidor...


Saludos

jueves, 15 de septiembre de 2011

Una buena chica (segunda parte)

La multitud de gestos de amabilidad social, algunos con verdadero amor, otros fruto del cariño, y cierto número de ellos por pura cortesía (los cuales se agradecen igualmente) se ven empañados por una única muestra de desprecio.
Desprecio, por otra parte, totalmente inventado porque ¿puede demostrar desprecio alguien que actualmente no muestra ningún tipo de interés?
Es mi ego el que habla: que no demuestre ningún tipo de interés en ti, con todo lo que tú eres, ya es suficiente desprecio. No te merece.
Exagerado. Hay personas con vidas y circunstancias. Las cosas son lo que son y el resto da igual. La mierda ocurre. No hay que buscar culpables en estas historias. Mejor dejarlas pasar.
Eso no quita para que mi parte emocional se lo tome como le parezca.
Múltiples puntos de vista, todos con su parte de razón. La verdad es una amalgama, un cóctel removido con una de esas varillas metálicas alargadas. Y en todo caso seguiría siendo una parte de la verdad.
Se levanta la sesión. Los contertulios se saludan sonrientes, como viejos amigos acostumbrados a polemizar.
Siempre quedan unas reflexiones: ¿por qué pienso tanto precisamente en esto?¿Por qué el árbol no permite ver el fantástico parque de atracciones que hay detrás?¿Por qué no acabar con una estupidez?

Saludos

domingo, 5 de junio de 2011

Una buena chica

A día de hoy no dudo que seas, como se suele decir, una buena chica. Incluso me atrevería a incluir un muy por delante. Esta apreciación se sustenta, cada vez más, en fe ciega. Tus actos demuestran lo contrario. Y para todos habrá una justificación, como no. Pero la línea que separa la justificación de la excusa es fina, como enormes son los matices que diferencian ambas palabras.
Y no pido justificaciones ni excusas (¿quién soy yo para pedir?). Pero sí que echo de menos cierto grado de honestidad (algunos insultarían al concepto denominándolo madurez). Aunque quizá sea un concepto demasiado importante como para rebajarlo al meterlo en este tipo de historias, de "juegos".
No me gusta que el resentimiento escriba estas palabras, pero lo hace. Y lo permito. Y no va a cambiar nada. Y lo sé.
Obvias muestras de indiferencia rozando el desprecio (-Resentimiento, ¿de verdad queremos decir desprecio? -Sí, desprecio)
Sin embargo me resisto a dar carpetazo. Porque sigo sin dudar que seas una buena chica.

Saludos

viernes, 25 de enero de 2008

Auto rechazo (Relato)

El reflejo que me devuelve el espejo me mira con desprecio. Me asombra lo que veo pero la expresión del yo que está frente a mi no cambia. Su mirada es dura, profunda, de esas que te revuelven las entrañas porque sabes todo lo que significa. La mirada de un enemigo que se sabe superior a ti y te mira por encima del hombro. Pero soy yo. Me reconozco pero no me entiendo.
Me señala con el dedo, dirigiéndose inequívocamente a mí. Me hecha en cara las cosas que hago y me reprocha las que dejo sin hacer. Va más allá de lo que mi conciencia nunca me ha dicho. Me califica una y otra vez con términos negativos y despectivos. Mi boca no se mueve, lo sé, la siento, pero no consigo hacerle callar. Su voz es mi voz, hablándome cada vez más y más fuerte, gritando, chillando.Le pido que pare mientras el nudo de mi garganta se deshace y lloro. Lloro como un niño. Por rabia, por compasión, por caridad, por humanidad. Pero no le puedo pedir humanidad a lo que ni siquiera sé si es humano.
Caigo al suelo con las manos empapadas en lágrimas cubriéndome la cara. Sin embargo el reflejo sigue ahí, despotricando de lo que soy, de lo que somos. A pesar de que no miro noto sus ojos clavados en mí, como si entrasen directamente en mi cerebro sin necesidad de pasar por mi vista.Pido ayuda y por primera vez me contesta. Nadie te ha ayudado, nadie te ayudará, sólo me tienes a mí y siempre me vas a tener. Esa verdad me horroriza. No puedo ni imaginar una vida así. “La verdad os hará libres” pero no esta vez. Sus palabras han construido una jaula a mí alrededor de la que no me siento con fuerzas para escapar.
Odio al reflejo. Me ha herido tan profundamente que nunca sanará. Ha difuminado mi alma para eliminar sin sentimientos, ha colapsado mi cerebro para acabar con mi razonamiento, ha parado mi corazón para dejarme sin nada. Tiene que pagar por ello.
Me levanto del suelo jadeante y me atrevo a mirar el reflejo intentando convencerme de que será la última vez. Me mira riéndose, burlándose de mí. Golpeo el espejo con las fuerzas que me quedan. Se convierte en decenas de pedazos que caen con estrépito al suelo. Tengo algunos clavados en el brazo, además de cortes en la mano. El dolor físico me hace olvidar la pesadilla que acabo de vivir, aunque sé que no ha acabado. Que, en cuanto pueda, volverá para atormentarme.Me encojo en el suelo manchado de sangre como un feto en el vientre de su madre. Vuelvo a pedir ayuda. Alguien, al otro lado del espejo, me escuchará.
Saludos

P.D. Para cerrar el círculo: mi último post allí, es el primero aquí