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domingo, 16 de febrero de 2014

El banco del parque (Relato)

Ese era el sitio. El banco más cercano al puente sobre el lago del parque. Allí habían acordado reunirse y, para reconocerse, ambos llevarían una prenda de color verde. Él decidió llevar una sudadera de marca surfera que se había comprado siendo un chaval y que todavía conservaba con cariño varios años más tarde.
Se habían conocido en un foro sobre series. Compartían gustos parecidos y, lejos de los fanatismos de otros foreros, preferían hacer valoraciones argumentadas sobre las novedades de la temporada y los nuevos capítulos de las series veteranas. Con la excusa de pedir alguna recomendación él le envió un mensaje privado y, poco a poco, fueron intimando mientras avanzaban las temporadas de sus series favoritas. Cuando él supo que vivían en la misma ciudad lo consideró una jugada del destino: que alguien como él conectase de esa manera con alguien como ella (creía conocerla totalmente) y que, por puro azar, viviesen en la misma ciudad tenía que significar algo.
Así fue como reunió el valor para pedirle una cita; verse por primera vez tras largas y nocturnas conversaciones sobre todo y nada, cualquier cosa. Al principio, por la sorpresa suponía, ella se había mostrado recelosa (al fin y al cabo nunca sabes quien se esconde al otro lado de la pantalla); pero terminó convenciéndola y así concretaron una fecha, un lugar y un método para reconocerse.
Ahora, sentado en el banco, esperaba sobrellevando su nerviosismo con paciencia e ilusión.
Y esperó. Esperó. Esperó... Y comenzó a cansarse y a tener miedo: miedo de haber sido rechazado sin posibilidad de explicarse, miedo de no ser suficiente para nadie, miedo de no poder confiar ni en quien creía conocer.
Y aquella voz, ese mensaje de autodestrucción, volvió a despertarse en su interior: demasiado poco agraciado como para atraer a ninguna mujer, demasiado tímido como para intentarlo. Indefectiblemente solo para siempre.
-¿Qué te pasa, zagal? Tienes la cara mustia.
Sin que se diese cuenta, un señor mayor, más bien calvo y regordete se había sentado a su lado en el banco y le miraba interesado con las manos apoyadas en su bastón.
-¿Disculpe?- preguntó él. En su abstracción no había escuchado la pregunta.
-Que tienes cara de funeral, muchacho. ¿Te ha pasado algo?¿Algún problema con tu parienta?
La sonrisilla del vejete al hacerle esa pregunta se le contagió.
-¿Parienta? Bueno, podría usted llamarla así, pero es más complicado que eso...
-Si es complicado cuéntamelo para que lo entienda. Tengo toda la tarde y no me he traído pan para echarle a las palomas.
De nuevo una sonrisa se dibujó en su cara y, sin saber muy bien porqué, le relató su historia: como se "conocieron", como hoy iban realmente a conocerse, como ella no se había presentado y, como linea de desarrollo de su relato, brochazos aquí y allá, las esperanzas e ilusiones que se había construido con respecto a ella.
Las expresiones del señor deambulaban desde la sorpresa hasta la incomprensión, pasando por el más absoluto interés.
-...y eso es todo. Aquí he terminado, el día que iba a conocer por fin a la chica que me gusta, hablando con usted en un banco de un parque.
El viejo no dejó de mirarle de arriba a abajo y de abajo a arriba mientras parecía reflexionar sobre todo lo que había escuchado. Tras volver a mirar a los ojos del joven pareció encajar todas las piezas de un rompecabezas mental.
-No creo que pueda darte consejos sobre mujeres, desde luego no sobre cómo conquistarlas. Yo me casé con mi señora siendo los dos jóvenes, rondando los dos la veintena. Estuvimos juntos hasta que la pobre falleció hace tres años- su tono era solemne, como si estuviera desvelando el secreto de la vida a un incrédulo -Durante todos mis años junto a ella no dejé de preguntarme por qué yo, qué había visto en mí que ni siquiera yo veía, cómo pude tener la suerte de conquistarla. Nunca encontré una respuesta, o quizá nunca me convencí de que la respuesta era tan sencilla como "Porque sí" o "Y por qué no". Supongo que lo que intento decir es que las relaciones, no sé si siendo más fáciles o más difíciles ahora que en mi época, simplemente surgen: algunas llevan a callejones sin salida; otras terminan en accidente; pero otras, y no tienes que pensar que no te pasará a ti, son el mejor viaje que nunca emprenderás.
No era ninguna revelación, nada que él no hubiese pensado en algún momento, pero al escucharlo en palabras ajenas pareció cobrar más verdad. Lo que era un estrepitoso fracaso, puesto en la perspectiva de toda una vida por delante, se transformó en un simple traspiés, algo que contar como una anécdota triste.
Mientras esta conclusión se generaba en su cabeza, el señor se había puesto en pie y se arreglaba las solapas de su chaqueta para cubrirse el cuello.
-Y alegra esa cara, chaval. Peor estamos los viejos.
Con esta generalidad, tan ridícula como cierta, se marchó. Una última gota de humor, otra muestra de lucidez.


Saludos

jueves, 27 de junio de 2013

Nuestra canción (Relato)

Recuerdo perfectamente el momento en el que, sin necesidad de palabras, decidimos que esa iba a ser nuestra canción.
Íbamos en mi coche camino a su casa. Era una de nuestras primeras citas, y la primera vez que la llevaba en coche. Yo estaba un poco nervioso porque era mi música la que sonaba a través de los altavoces y podía averiguar, por las caras que ponía, que nuestros gustos estaban bastante alejados.
-Si no te gusta la música puedes cambiar la canción. O podemos poner la radio.
-No, está bien. Yo escucho de todo.
Ahí estaba el famoso Yo escucho de todo: la mítica frase que se dice cuando no quieres hablar de la música que escuchas. Estaba claro que no quería definirse en su gusto totalmente distinto del mío para no poner una distancia entre nosotros de buenas a primeras. Eso me dejó un poco preocupado.
Pero entonces llegó la canción que salvó el día.
Era una de esas canciones que empecé a escuchar siendo adolescente, de esas que ayudan a construir tu gusto musical y que sigues llevando en tu reproductor de mp3 en parte por nostalgia y en parte porque sigues adorando esa canción. Una de esas canciones que descubrías en la MTV cuando todavía era un canal de música o en la VIVA alemana porque era el canal de música que había en todos los satélites de las comunidades de vecinos.
Cuando empezaron a escucharse los primeros acordes una sonrisa iluminó su cara.
-¡Conozco esta canción! Mi hermano la ponía a todas horas en mi casa cuando era más joven. Me encanta...
Todos los nervios, toda la preocupación se desvanecieron.
Los gustos darían igual, solo necesitaríamos buscar los puntos de conexión. Y ese era un viaje que los dos queríamos comenzar y para el que ya teníamos banda sonora.

Ahora que esa historia se acabó, siempre que aleatoriamente vuelvo a escuchar esa canción me acuerdo de ella, de los buenos ratos y de los no tan buenos. Siempre será nuestra canción.


Saludos

lunes, 17 de junio de 2013

Graznido: Para las parejas...









Para las parejas, el problema no ha sido la distancia, sino la sensación de libertad sin consecuencias.









lunes, 19 de noviembre de 2012

La pareja del autobús

Montan en el autobús como desconocidos, sin embargo él se sienta en paralelo a ella, no en el asiento contiguo (ella está sentada junto a la ventana) sino el del otro lado del pasillo y la mira directamente, todo su enorme cuerpo girado hacia ella, con sus piernas estorbando el paso, tanto que tiene que sentarse de forma natural para permitirme sentarme en los asientos finales del autobús.
Me inquieta la actitud de ambos y la discordancia de sus cuerpos. Como ya he dicho él es enorme, cerca de los dos metros y muy por encima de los 100 kilos. Se comporta torpe, nervioso, casi perturbado. Ella es menuda, poca cosa. Discreta, hace como que no lo ve, ignorándolo deliberadamente.
La cosa comienza a preocuparme cuando, sin motivo aparente (aunque acorde a su comportamiento errático), él cambia su asiento por el que está al lado de ella. Ahora, la abismal diferencia de sus cuerpos se hace más patente si cabe (yo estoy sentado justo tras ellos).
Me fijo en su cara (la de ella no puedo verla) mientras sigue mirándola, aunque por momentos vergonzoso, agache la cabeza. No parece demasiado inteligente, casi como un perro buscando la aprobación de su amo tras una trastada. Creo adivinar una bondad turbia en sus gestos, de ese tipo de gente que es buena hasta que, a fuerza de collejas en el colegio, cuando se cabrea lo hace con escándalo.
No soy el único que se ha fijado en el chaval. El pasajero que se sienta delante de ellos se gira de vez en cuando para vigilar la escena. Para entonces el chaval apoya sus brazos, y sobre estos su cabeza, en el respaldo del asiento que tiene frente a él. Es en ese momento cuando un gesto delata que se conocen: ella le da unos golpecitos en la pierna, atenta a que la posición adoptada por su compañero parece importunar al pasajero vigilante.
Él, perro reprendido por su amo, se sienta formal, con la espalda pegada al respaldo.
Ella, comprensiva y dispuesta a solucionar lo que quiera que haya pasado entre ellos, apoya cariñosa la cabeza en su hombro mientras le abraza el brazo. Hasta yo puedo sentir que todo va bien. Una conversación (su relación normal) se reinicia orgánicamente, con naturalidad.

Podría quitarme los auriculares y escuchar su conversación, descubrir la relación que los une o comprobar si el tono de sus voces demuestra lo mismo que sus gestos.
Pero hay gestos que por sí mismos merecen un texto.

Saludos

lunes, 12 de noviembre de 2012

Atardecer (Relato)

-Desde aquí se disfrutan unos atardeceres preciosos.
La casa, construida hacía varios años en lo alto de una colina, tenía unas privilegiadas vistas al mar y, efectivamente, los atardeceres que desde allí se podían observar eran dignos de ser vistos.
Sin embargo, el asunto dentro de la casa estaba mal de veras.
El propietario, un promotor inmobiliario abocado a la bancarrota, necesitaba vender urgentemente la casa que se había construido para su disfrute y retiro, cuando este llegase. Había dedicado a este, su proyecto personal, más tiempo que a cualquier lucrativo negocio. Se imaginaba a sí mismo, en un futuro lejano, viviendo en esa casa con su familia y compartiendo su vida en ella con una mujer en concreto.
Esa mujer en concreto, y aquí viene lo triste, es la misma a la que le estaba ofreciendo su casa. A ella y a su prometido, para ser más exactos.
A pesar de que se conocían desde hace años, tantos como duraba su amistad, y a que en ciertos momentos habían tenido acercamientos más o menos serios según la situación, nunca habían concretado su relación, dejándola por mero conformismo, en una sana amistad.
Pero, al igual que ocurre cuando a un niño le quitas un juguete, cuando vio que su relación iba en serio y que, finalmente, ella terminaba comprometiéndose, los sentimientos que permanecían aletargados cobraron viveza demasiado tarde.
Quizá en parte por eso, por su frustración personal, sus negocios comenzaron a ir de mal en peor, acabando por tener que malvender su futuro para intentar mantener su presente.
Ahora se encuentra ofreciendo la realización de parte de sus sueños a la parte no realizada de ese mismo sueño y su prometido. Doloroso renovado amor.
-Os dejo que lo penséis con calma. Yo tengo que irme, ya me devolveréis las llaves. En serio, no os vayáis de aquí sin haber visto el atardecer.
No podía aguantar más allí, viendo el sol bajar en el horizonte reflejándose en los ojos de ella mientras apoyaba su cabeza en el hombro de su prometido, que la abraza cariñoso.
Conduciendo colina abajo no puede borrar de su cabeza la imagen de la pareja, recortada al trasluz de los destellos naranja del crepúsculo del sol, mientras él cerraba la puerta de sus sueños.


Saludos

sábado, 10 de noviembre de 2012

Aniversarios (Relato)

Cuatro años que ahora te preguntas si fueron reales. Bueno, te diría que no debes dudar de lo que hayas vivido, aunque ciertamente para ella esos cuatro años han conformado una realidad con matices distintos a la tuya.

Un par de semanas después de romper te has enterado de que tu pareja, con la que ya habías cumplido cuatro años, ha vuelto con el que era su ex en el momento en que empezasteis (ahora tú eres el ex y el concepto se enturbia). Al mismo tiempo te llegan rumores, dicen que dice, de que ella nunca llegó a quitárselo de la cabeza mientras estabais juntos. Esto te lo cuenta algún amigo tuyo que conoce a algunas amigas suyas, las mismas que se autoproclamaban tus amigas y nunca te avisaron de que se cernían nubes de tormenta en lo que parecía una infinita comida campestre en un día soleado.
Un observador externo, e incluso algún amigo optimista por convicción, te diría que, a pesar de lo sucedido, te quedases con los buenos momentos, que en cuatro años debieron ser muchos. Objetivamente, no podías haber hecho nada para cambiar las cosas (terapia de electroshocks para que perdiese parte de su memoria). Además, ella sabrá lo que se pierde y dónde se mete (las personas no cambian y lo que fue un problema seguirá siéndolo), pero eso ya no es algo de lo que debas preocuparte.
Sin embargo tienes esa sensación de tiempo perdido y de engañado como un chino. No te voy a mentir, creo que yo también la tendría. Podríamos llamarlo "Síndrome del Show de Truman": ella poco menos que actuaba y tu eras poco más que un pardillo. Eso es injusto. No serías el primero que abre el sobre para comprobar que las estampitas no son más que recortes de periódico. Aunque como todos los profesores del mundo han dicho alguna vez, si copias en un examen te estás engañando a ti mismo (y en este caso, ella habría conseguido tu aprobado durante cuatro años).
Ahora es el momento de remodelar y redecorar: tirar abajo tabiques para recuperar todo ese espacio que antes tenías y, de paso, deshacerte de esos muebles que no te llegaron a gustar y cambiar ese color de las paredes que aprendiste a soportar.
Sí, tendrás esos momentos en los que te regodearas en tu tristeza mirando absorto la lluvia caer los días nublados y plomizos, grises como ese sentimiento aislado y autosuficiente que notas crecer y que, llegado el momento, implosionará y desaparecerá sin dejar rastro. Pero no serán más que clichés de películas románticas, asunciones adquiridas muy alejadas de lo que sería una sana lógica sentimental.

¿No quieres que sigamos juntos? No malgastaré energía pensando en ello. Adiós. Que te den.


Saludos

lunes, 15 de octubre de 2012

Graznido: Si habiendo sitio de sobra...








Si habiendo sitio de sobra en el autobús, tu pareja y tú os sentáis en un asiento individual en vez de en dos contiguos, no sois románticos, sois del género tonto.








sábado, 13 de octubre de 2012

Una televisión encendida (Relato)

-No te esperaba a estas horas.
-Ya, bueno... No sabía muy bien qué hacer. Supuse que seguirías despierta.
Sin contestar, ella entra en su casa y se sienta directamente en el sitio del sofá que ocupaba antes de que él llamase a la puerta, se quita las zapatillas y, encogiendo las piernas, se acomoda. Sin dejar de mirar a su, aunque anhelada, inesperada visita baja el volumen de la televisión y suelta el mando sobre la mesa, de la que coge un cigarrillo de liar apagado y un mechero. Ha dejado la televisión encendida a conciencia; una vía de escape, algo a lo que mirar cuando no sea capaz de mirarle.
Él la ha seguido hasta el salón como un autómata seguiría a su dueño. De pie en el quicio de la puerta la ve acomodarse como, deduce, estaría acomodada antes de su llegada. Sin saber muy bien por qué, como si estuviese cansado por algo, se pone en cuclillas junto a la mesa que los separa y así se queda esperando a que sea ella la que comience a hablar.
-Te puedes sentar si quieres.
-No te preocupes, estoy bien así.
-No me preocupo.
Son muchos los años que hace que se conocen, y algunos menos desde que mantienen una relación sentimental. Qué tipo de relación es algo que ninguno de los dos sabría etiquetar de manera precisa, pero es más el tiempo que pasan juntos que el que pasan con otra gente.
-Estás enfadada.
A pesar de ser algo evidente para ambos, la formulación de esa acusación por su parte es algo que la ofende profundamente.
-¿Cómo esperabas que estaría?
-La verdad es que no lo había pensado.
Sus palabras, deliberadamente cautelosas e inconscientemente mal interpretables, ocultan las ansiosas ganas que tiene de pedirle perdón, de consolarla, abrazarla, de escuchar todo lo que tenga que decirle. Sin embargo sigue ahí, en cuclillas, jugueteando con un librillo de papeles de fumar que está en la mesa.
-¿Para qué has venido? Estaba a punto de acostarme.
Cada bocanada de humo que exhala va acompañada de un profundo resoplido; un intento de controlar su respiración y no explotar en gritos o llanto.
-No sabía muy bien lo que hacer. Ha sido algo mecánico. Cuando me he querido dar cuenta estaba llegando a tu barrio. Algo me decía que tenía que estar aquí.
En ese momento ella agradece no haber apagado el televisor. Un par de lágrimas brotan de sus ojos y no tiene por qué seguir mirándole.
-Pues ya estás aquí.¿Ahora qué?
Ella no va a hacer nada. Suceda lo que suceda esta noche será él quien tenga que tomar la iniciativa. Según ella se lo merece como castigo; para él es algo que se tiene merecido y que acepta como penitencia.
-¿Cuanto tiempo hace que nos conocemos?¿Nueve?¿Diez años? Durante todo ese tiempo te he querido, de diferentes maneras y con distinta intensidad, pero siempre hemos estado uno junto al otro. Nunca he hecho nada que supiera que podría hacerte daño, y si alguna vez te lo he hecho asumo mi responsabilidad, pero en ningún caso habrá sido a cosa hecha... Por favor, no estés enfadada conmigo... Por favor...
De la misma manera orgánica en que uno se despierta un par de minutos antes de que suene el despertador, así recuerdan por qué quieren al otro.
Ella nunca ha conocido a un hombre con la bondad y la honestidad tan a flor de piel como él.
Él sabe que sólo con ella es capaz de expresar sus inquietudes y anhelos sin miedo a la incomprensión.
Sólo les quedaba asumir que, a pesar de su innegable y felizmente cómoda idoneidad, sus humanas imperfecciones les harían enfrentarse a noches como aquella; noches en las que únicamente manteniéndose juntos podrían sacar fuerzas para solucionar sus problemas.


Saludos

sábado, 19 de mayo de 2012

Claroscuro (Relato)

El teléfono suena y una voz femenina grita ¡Voy! como si el que estuviese al otro lado de la linea se fuera a enterar. Elena sale de la ducha y corre hacia el teléfono con cuidado de no resbalar. No quiere que el que le hable al descolgar sea Jaime, su novio, pero resulta que es así.
-Hola guapa, ¿cómo es que has tardado tanto en descolgar?¿Pasa algo?
-Hola cari. No, nada, me has pillado dándome una ducha, que he estado planchando ropa y estaba acalorada. ¿Y tú qué, qué andas haciendo?
-Aquí matando el tiempo. Poca cosa. Me he pasado la tarde ayudando a mi padre a hacer limpieza en el trastero y estoy baldao. Sé que habíamos hablado de vernos esta noche, pero estoy reventao, en serio, ni imaginas la de mierdas que hemos tenido que tirar. Pero vamos, que si quieres me acerco un rato a tu casa y vemos una peli o algo.
-Pobrecito mi niño. No te preocupes, no creas que yo me encuentro muy católica. Me esta dando un dolor de cuello de los que tú sabes. Voy a cenar tempranito y a la cama, así descanso y quedamos mañana por la tarde, que tenemos que comprarle un regalo de cumpleaños a mi madre, que luego se nos echa el tiempo encima.
-Pues vaya como estamos los dos. Nada, guapa, cuídate y descansa y mañana quedamos. Un beso.
-Un beso cari. Hasta mañana.

Elena cuelga el teléfono con una sonrisa en la cara. Vuelve a su cuarto y ve el vestido que hay tendido sobre la cama, el que se va a poner esta noche cuando salga con sus amigas. Es mejor así, piensa, si le digo que voy a salir se pone en plan celoso insoportable.

Jaime cuelga el teléfono con una sonrisa en la boca. Sale de la habitación en la que entró para hacer la llamada y amortiguar el sonido de su grupo de amigos, que siguen en el salón bebiendo cerveza y diciendo barbaridades a voz en grito. Cuando entra en el salón le dicen lo típico para picarle: que si es un calzonazos, que si la jefa le ha dado permiso y ese tipo de cosas. Es mejor así, piensa mientras coge la cerveza que le tiende uno de sus amigos, si le digo que voy a salir se pone en plan celosa insoportable.

Podría seguir y decir que, en una conspiración del destino contra ellos, se encuentran en cualquier bar o discoteca y se preguntan mutuamente el clásico ¿Qué haces tú aquí? para posteriormente continuar con el ¿Con quién estás? mientras sus respectivas amistades hacen mutis por el foro, terminando con una escalada de acusaciones y de Eres un mentiroso/a, Y tú más.

¿Pero sabéis que? Es tan triste en el sentido de patético que prefiero no hacerlo y dejarlo sólo esbozado.

Saludos

miércoles, 9 de febrero de 2011

Oración 5

Déjalo todo al azar y nunca pasará nada. Como si la lotería le tocase a alguien que no compra boletos.
La fina barrera entre el interés y la obsesión.
Completos desconocidos que se sientan uno frente a otro y hablan ¿de qué?¿Tus intereses y los míos?¿Vaguedades en vez de verdades comprometedoras?
Parejas que buscan alguien nuevo en sus vidas para sustituirse como el que busca un trabajo mejor mientras está currando.
La importancia de leer. Dedicar el tiempo libre a aquello con lo que disfrutas. Nada tan absurdo como auto imponerse la lectura porque es lo adecuado.
Demasiadas cosas que hacer y demasiadas pocas ganas. Comodidad. Y hablo de todos. ¿O es que no hay nada que hacer, nada que cambiar?
Tengo momentos, como todos.
Hay ocasiones en las que el ambiente se enrarece y notas que puede pasar algo, como un sentido arácnido poco agudizado.
Borde sin premeditación y sin intención. "Adiós, simpático". Inoportunas las veces que no pienso lo que digo. Las risas posteriores lo compensan. Aunque se fueron cabreadas no por ello dejaba de llevar razón. Me perdió la forma tan cortante. Una noche más, una anécdota más. Sé de alguien que se reirá con esto. Otra risa que compensará.
Un bloc blanco del que consumo hojas a un ritmo demasiado bajo. Manuscritos que, si en el futuro valiesen algo, habrán desaparecido para entonces. El cuento de la lechera.
Cuando escribo este tipo de cosas no temo repetirme. Simplemente crearía un tema recurrente.

Saludos

lunes, 10 de mayo de 2010

Aceptación (Relato)

Se despierta de madrugada con la sensación de no haber descansado a pesar de llevar varias horas acostado. Otra noche más, piensa mientras se incorpora hasta sentarse en la cama. Otra noche más en la que su cabeza le juega la mala pasada de desvelarlo, como rebelándose con el uso que hace de ella o simplemente por joder, quién sabe. A su lado su mujer duerme sin percatarse de sus movimientos.
Coge su bolsa de tabaco, papel y mechero y se dirige hacia la terraza. Mientras lía el cigarro observa la calle: a altas horas de una templada noche de verano son pocos los coches que circulan por la calzada y sólo rompe la calma del barrio un grupo de chavales que vuelven, supone, de haber tomado unas copas. Su estado provoca que les importe un bledo el ruido que hacen o las voces que están pegando. Todos hemos sido jóvenes, piensa. Aunque de eso hace tiempo, lo que parece una eternidad, sentencia.
Enciende el cigarro y a la primera bocanada de humo que expulsa la acompaña un hondo suspiro. Apoya los brazos en la barandilla, sintiendo la tibieza del hierro, todavía templado después de toda la tarde recibiendo los rayos del sol. Continuamente da caladas al cigarro para evitar que se apague, cosa de esos papeles de combustión lenta, tan diferentes de los normales que se pueden ver en cualquier cajetilla de tabaco. Aunque en realidad también lo hace con la secreta esperanza de coger un ligero mareo, como le ocurría las primeras veces que de joven fumó algún cigarrillo con los amigos del colegio. Quizá eso le ayudase a dormir.
Sin que se de cuenta, ella se ha acercado hasta él hasta abrazarlo cariñosamente por la cintura, apoyando su barbilla sobre el hombro de él, para lo que tiene que ponerse de puntillas.
-¿Qué haces aquí?-le pregunta
-No puedo dormir. ¿Y tú?
-Me he despertado y como no estabas en la cama he venido a buscarte.-mientras le decía esto ella lo ha girado para hablarse a la cara-¿Estás bien?¿Te pasa algo?-pregunta entre preocupada y cortés.
-No te preocupes, estoy bien.-contesta esbozando una sonrisa forzada que debido a la penumbra y a los ojos medio cerrados por el sueño de su pareja pasa desapercibida-Acuéstate. En cuanto termine el cigarro voy para la cama.
-Pero no tardes. Ya sabes que mañana comemos con mis padres y antes tenemos que pasar por algún sitio a comprar el vino.
-De acuerdo.-Le da un beso en la frente como despedida y ella, señalándose el labio, le pide otro que gustosamente le da. La ve alejarse por el salón adivinando su cuidado cuerpo bajo la ancha camiseta que usa para dormir.
Aunque no puedo negar que he tenido suerte, se dice. Ahora su sonrisa es franca, real. Tras un par de caladas mira el cigarro al que todavía le queda un dedo de tabaco. Lo arroja al vacío y lo observa caer dando vueltas, pareciendo que las brasas aún encendidas le estén mandando algún tipo de mensaje de destellos cifrado.
Al volver dentro se huele los dedos, odiando el olor que se ha quedado impregnado en sus yemas. Antes de acostarse pasa por el cuarto de baño y en total oscuridad se lava las manos. En el espejo descubre su silueta a duras penas. Negro sobre negro, pero diferentes tipos. Así, mezclado con el entorno hasta el punto de apenas distinguirse a sí mismo, recuerda una frase con la que ha afrontado toda su vida y que le vacía la mente.
Hasta ahora todo va bien.

Saludos

sábado, 13 de marzo de 2010

Astrología

Según el diccionario de la Real Academia Española "Estudio de la posición y del movimiento de los astros, a través de cuya interpretación y observación se pretende conocer y predecir el destino de los hombres y pronosticar los sucesos terrestres"
Puedo entender que a algunas personas, insignificantes motas de polvo en el vasto universo (como todos), acepten que su vida viene predestinada por la posición relativa de diferentes cuerpos planetarios . No es más que una forma disminuida de fe que hemos dado en llamar superstición.
Obviaré las evidentes muestras de falta de rigurosidad, fácilmente demostrables por el hecho de que en cada periódico que caiga en nuestras manos aparecerá un predicción para nuestro signo zodiacal diferente a la anterior. Pero lo dejaré correr y lo tomaré como error de interpretación.
El caso es que, ayer mismo, en uno de esos periódicos gratuitos pude leer esta predicción que reproduciré de memoria:
En caso de no tener pareja conocerás a alguien en un acto cultural
Por la noche acudí a lo que podríamos catalogar como un acto cultural: concierto de SFDK.
No tengo pareja.
No conocí a nadie.
La astrología mintió.

Saludos

jueves, 7 de mayo de 2009

Úsame (Relato)

Imagina que llevo colgado un cartel que diga Úsame. Imagina que a mi espalda tengo serigrafiado un prospecto con mis instrucciones de uso. Unas instrucciones en la que se explica que puedo servirte para lo que quieras, que puedo ser lo que quieras para ti.
¿Quieres alguien con quien hablar, alguien al que contar tu día a día, con sus penas y sus alegrías, alguien al que llorarle en el hombro por los reveses de la vida y con quien compartir risas en los momentos de euforia, alguien con quien hacer cualquier cosa por insulsa o aburrida que le parezca al resto del mundo, alguien con el que simplemente sentarte a tomar un café una tarde de domingo en una terraza al sol?¿Quieres un amigo?
¿Quieres alguien con el que puedas dormir abrazada, alguien con el que cambiar la rutina, alguien con el que viajar, alguien al que te apetezca presentarle a tu familia y amigos, alguien que te acompañe a bodas, bautizos, comuniones y cualquier otro tipo de evento social, alguien con el que ser solo tu y yo y yo y tu hasta que no te quede nada más, alguien que te traiga el desayuno a la cama, alguien con el que hacer el amor sobre pétalos de rosa después de haber bebido champán y comido fresas?¿Quieres una pareja?
¿Quieres alguien con el practicar sexo por puro placer, alguien que convertir en esclavo, alguien con el que cumplir tus fantasías más obscenas, alguien con el que no tener más compromiso que el exclusivamente físico, alguien al que tratar como un perro y que siempre vuelva a ti, alguien al que pedir que te haga eso que nunca le pediste a nadie que te hiciera?¿Quieres un amante?
¿Quieres alguien al que pedir apuntes, alguien con el que sentarte en clase, alguien con el que ir a estudiar a la biblioteca, alguien con el que hacer trabajos, alguien que te explique lo que no comprendas, alguien con el que tener conversaciones insustanciales, alguien al que no volver a ver tras graduarte y dejar la facultad?¿Quieres un compañero de estudios?
¿Quieres alguien que te recomiendo libros, películas o música, alguien que te proporcione drogas cundo quieras consumir con tus amistades, alguien al que saludar solo cuando te lo encuentres ocasionalmente, alguien del que solo acordarte cundo ves un evento en el Facebook o en el Tuenti cuando se acerca su cumpleaños, alguien al que simplemente tener en la agenda del móvil o entre tu lista de contactos del Messenger?¿Quieres un conocido?
¿Quieres alguien que, en el caso de compartir grupo sanguíneo, sea tu banco de órganos?¿Quieres un donante?
¿Quieres alguien que te corte el césped, alguien que te haga los recados, alguien que te lleve en coche donde necesites, alguien que haga la chapuzas que necesite tu casa, alguien que arregle todos tus trámites burocráticos, alguien que siempre te llame de usted?¿Quieres un criado?
¿Quieres alguien que te envía flores y bombones con tarjetas sin remitente, alguien que te siga donde vayas solo para verte, alguien que te apoyo como lo haría un seguidor de cualquier equipo deportivo, alguien que tenga su habitación empapelada de fotos tuyas, alguien que te tenga de salvapantallas en todos sus aparatos electrónicos?¿Quieres un admirador?
¿No te das cuenta de que en realidad te ofrezco esto porque deseo formar parte de tu vida, por poco valiosa o importante que esa forma sea?

Saludos