Cada vez que la mira su expresión es de incredulidad.
Como si fuese incomprensible que esté caminando a su lado, al comprobar que no es una figura etérea fruto de su imaginación, la sorpresa de una realidad tangible se refleja con innegable evidencia en su rostro.
Y entonces, como una sensación que estuviese fraguando en su interior expandiendo su raigambre, se siente afortunado.
Nada tan simple. Nada tan complicado
A vosotros, fotocopias en otra rebanada de un mismo pan, os diré que la busquéis, no importan los sinsabores ni las decepciones del camino, porque en algún lugar estará su fotocopia. O, si es que la suerte es inmutable, transferible y constante, mantenedla a vuestro lado cuando vuestras órbitas os acerquen.
Saludos
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martes, 9 de junio de 2015
Cuerdas
Referencias:
afortunado,
cuerdas,
expresión,
fotocopias,
imaginación,
incredulidad,
pan,
realidad,
rebanada,
sensacion,
suerte
domingo, 15 de junio de 2014
Amalgama
Todavía no has empezado a escribirlo y ya sabes lo complicado que va a ser. La razón es tan aparentemente sencilla como filosóficamente compleja: no sabes lo que quieres decir. Además, y esto agrava el problema, tampoco estás demasiado seguro de deber decir lo que quieras decir una vez lo sepas.
Un trabalenguas tendría más sentido.
Esta vez todo son dudas y espacios vacíos cuando, hace no tanto, las palabras salían con la fluidez del que tiene en mente, casi como hábito, su imagen sonriente por detrás de los párpados.
La incertidumbre de las consecuencias tras la recepción del mensaje no debería cambiar el contenido del mismo, y más teniendo en cuenta que son son tan impredecibles como imposibles de controlar.
Si habitualmente tratas de buscar las palabras concretas, en este caso habrán de ser precisas y adecuadas, un ejercicio casi quirúrgico sin anestesia ni finos cortes de bisturí.
Ni siquiera consigues discernir el estado de ánimo desde el que saldrán las palabras.
Parece la crónica de un desastre en un solo acto.
Quién sabe, puede que al final ni escribas nada, simplemente dejarás que todas esas sensaciones se embrollen y formen una madeja imposible de desentrañar a la espera de que, necesitado de tus propias respuestas, decidas tirar poco a poco del hilo.
Saludos
Un trabalenguas tendría más sentido.
Esta vez todo son dudas y espacios vacíos cuando, hace no tanto, las palabras salían con la fluidez del que tiene en mente, casi como hábito, su imagen sonriente por detrás de los párpados.
La incertidumbre de las consecuencias tras la recepción del mensaje no debería cambiar el contenido del mismo, y más teniendo en cuenta que son son tan impredecibles como imposibles de controlar.
Si habitualmente tratas de buscar las palabras concretas, en este caso habrán de ser precisas y adecuadas, un ejercicio casi quirúrgico sin anestesia ni finos cortes de bisturí.
Ni siquiera consigues discernir el estado de ánimo desde el que saldrán las palabras.
Parece la crónica de un desastre en un solo acto.
Quién sabe, puede que al final ni escribas nada, simplemente dejarás que todas esas sensaciones se embrollen y formen una madeja imposible de desentrañar a la espera de que, necesitado de tus propias respuestas, decidas tirar poco a poco del hilo.
Saludos
Referencias:
consecuencias,
desastre,
escribir,
incertidumbre,
madeja,
palabra,
problema,
sensacion
lunes, 5 de mayo de 2014
Encabalgamiento
Esa sensación flota en el aire como una pregunta incómoda que el eco repitiese una y otra vez; un mantra tóxico que termina por convertirse en un insecto metálico de miles de pies como cuchillas que desgarran el ego y la confianza. El oído soporta el ruido incesante de un motor sobrealimentado que excreta aceite y tizne; una pasta negra chorreante que inunda el cerebro y le hace sangrar y retorcerse en dolor: el centro de mando de un cuerpo quejumbroso, oxidado por el húmedo viento del desconcierto y el asqueo. Charcos de bilis comienzan a formarse en un suelo cubierto de un polvo tan viejo como las palabras nunca dichas: las que sobreviven, malditas y extenuadas, en el limbo de todo lo que es demasiado bueno como para ser tenido en cuenta. Todo se mueve tan lento que produce mareos y vómitos. Desastre y podredumbre que se mastican para intentar depurarlas y que acaban por infectar el estómago con los miles de cuerpos desmembrados abandonados como carroña tras una violenta batalla. Una luz densa y asfixiante golpea a unos ojos ya irritados por las radiaciones verdosas de las pantallas que muestran una realidad ficticia de sonrisas petrificadas y mentiras públicas; cuervos criados que te han vaciado las cuencas oculares y ahora vuelan hacia el anochecer con sus picos ensangrentados.
Saludos
Saludos
miércoles, 17 de julio de 2013
No quiero hablar de eso...
A veces los recuerdos son tan inútiles como posponer decisiones que no queremos tomar. Pero no quiero hablar de eso...
A veces no basta con ser una buena persona. Pero no quiero hablar de eso...
A veces esperar es más doloroso que perder. Pero no quiero hablar de eso...
A veces ni el aire fresco te permite respirar. Pero no quiero hablar de eso...
A veces la música es demasiado triste como para poder escucharla. Pero no quiero hablar de eso...
A veces desaparecer sería tan fácil. Pero no quiero hablar de eso...
A veces la soledad se hace agobiante. Pero no quiero hablar de eso...
A veces comprender sólo complica las cosas. Pero no quiero hablar de eso...
De lo que quiero hablar es de que todo esto son lugares comunes, sensaciones pretendidamente profundas, tristezas vacías.
Simplemente sal ahí y camina. Joder...
Saludos
Referencias:
hablar,
lugares comunes,
sensacion,
tristeza
sábado, 10 de noviembre de 2012
Aniversarios (Relato)
Cuatro años que ahora te preguntas si fueron reales. Bueno, te diría que no debes dudar de lo que hayas vivido, aunque ciertamente para ella esos cuatro años han conformado una realidad con matices distintos a la tuya.
Un par de semanas después de romper te has enterado de que tu pareja, con la que ya habías cumplido cuatro años, ha vuelto con el que era su ex en el momento en que empezasteis (ahora tú eres el ex y el concepto se enturbia). Al mismo tiempo te llegan rumores, dicen que dice, de que ella nunca llegó a quitárselo de la cabeza mientras estabais juntos. Esto te lo cuenta algún amigo tuyo que conoce a algunas amigas suyas, las mismas que se autoproclamaban tus amigas y nunca te avisaron de que se cernían nubes de tormenta en lo que parecía una infinita comida campestre en un día soleado.
Un observador externo, e incluso algún amigo optimista por convicción, te diría que, a pesar de lo sucedido, te quedases con los buenos momentos, que en cuatro años debieron ser muchos. Objetivamente, no podías haber hecho nada para cambiar las cosas (terapia de electroshocks para que perdiese parte de su memoria). Además, ella sabrá lo que se pierde y dónde se mete (las personas no cambian y lo que fue un problema seguirá siéndolo), pero eso ya no es algo de lo que debas preocuparte.
Sin embargo tienes esa sensación de tiempo perdido y de engañado como un chino. No te voy a mentir, creo que yo también la tendría. Podríamos llamarlo "Síndrome del Show de Truman": ella poco menos que actuaba y tu eras poco más que un pardillo. Eso es injusto. No serías el primero que abre el sobre para comprobar que las estampitas no son más que recortes de periódico. Aunque como todos los profesores del mundo han dicho alguna vez, si copias en un examen te estás engañando a ti mismo (y en este caso, ella habría conseguido tu aprobado durante cuatro años).
Ahora es el momento de remodelar y redecorar: tirar abajo tabiques para recuperar todo ese espacio que antes tenías y, de paso, deshacerte de esos muebles que no te llegaron a gustar y cambiar ese color de las paredes que aprendiste a soportar.
Sí, tendrás esos momentos en los que te regodearas en tu tristeza mirando absorto la lluvia caer los días nublados y plomizos, grises como ese sentimiento aislado y autosuficiente que notas crecer y que, llegado el momento, implosionará y desaparecerá sin dejar rastro. Pero no serán más que clichés de películas románticas, asunciones adquiridas muy alejadas de lo que sería una sana lógica sentimental.
¿No quieres que sigamos juntos? No malgastaré energía pensando en ello. Adiós. Que te den.
Saludos
Un par de semanas después de romper te has enterado de que tu pareja, con la que ya habías cumplido cuatro años, ha vuelto con el que era su ex en el momento en que empezasteis (ahora tú eres el ex y el concepto se enturbia). Al mismo tiempo te llegan rumores, dicen que dice, de que ella nunca llegó a quitárselo de la cabeza mientras estabais juntos. Esto te lo cuenta algún amigo tuyo que conoce a algunas amigas suyas, las mismas que se autoproclamaban tus amigas y nunca te avisaron de que se cernían nubes de tormenta en lo que parecía una infinita comida campestre en un día soleado.
Un observador externo, e incluso algún amigo optimista por convicción, te diría que, a pesar de lo sucedido, te quedases con los buenos momentos, que en cuatro años debieron ser muchos. Objetivamente, no podías haber hecho nada para cambiar las cosas (terapia de electroshocks para que perdiese parte de su memoria). Además, ella sabrá lo que se pierde y dónde se mete (las personas no cambian y lo que fue un problema seguirá siéndolo), pero eso ya no es algo de lo que debas preocuparte.
Sin embargo tienes esa sensación de tiempo perdido y de engañado como un chino. No te voy a mentir, creo que yo también la tendría. Podríamos llamarlo "Síndrome del Show de Truman": ella poco menos que actuaba y tu eras poco más que un pardillo. Eso es injusto. No serías el primero que abre el sobre para comprobar que las estampitas no son más que recortes de periódico. Aunque como todos los profesores del mundo han dicho alguna vez, si copias en un examen te estás engañando a ti mismo (y en este caso, ella habría conseguido tu aprobado durante cuatro años).
Ahora es el momento de remodelar y redecorar: tirar abajo tabiques para recuperar todo ese espacio que antes tenías y, de paso, deshacerte de esos muebles que no te llegaron a gustar y cambiar ese color de las paredes que aprendiste a soportar.
Sí, tendrás esos momentos en los que te regodearas en tu tristeza mirando absorto la lluvia caer los días nublados y plomizos, grises como ese sentimiento aislado y autosuficiente que notas crecer y que, llegado el momento, implosionará y desaparecerá sin dejar rastro. Pero no serán más que clichés de películas románticas, asunciones adquiridas muy alejadas de lo que sería una sana lógica sentimental.
¿No quieres que sigamos juntos? No malgastaré energía pensando en ello. Adiós. Que te den.
Saludos
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