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domingo, 15 de junio de 2014

Amalgama

Todavía no has empezado a escribirlo y ya sabes lo complicado que va a ser. La razón es tan aparentemente sencilla como filosóficamente compleja: no sabes lo que quieres decir. Además, y esto agrava el problema, tampoco estás demasiado seguro de deber decir lo que quieras decir una vez lo sepas.
Un trabalenguas tendría más sentido.
Esta vez todo son dudas y espacios vacíos cuando, hace no tanto, las palabras salían con la fluidez del que tiene en mente, casi como hábito, su imagen sonriente por detrás de los párpados.
La incertidumbre de las consecuencias tras la recepción del mensaje no debería cambiar el contenido del mismo, y más teniendo en cuenta que son son tan impredecibles como imposibles de controlar.
Si habitualmente tratas de buscar las palabras concretas, en este caso habrán de ser precisas y adecuadas, un ejercicio casi quirúrgico sin anestesia ni finos cortes de bisturí.
Ni siquiera consigues discernir el estado de ánimo desde el que saldrán las palabras.
Parece la crónica de un desastre en un solo acto.

Quién sabe, puede que al final ni escribas nada, simplemente dejarás que todas esas sensaciones se embrollen y formen una madeja imposible de desentrañar a la espera de que, necesitado de tus propias respuestas, decidas tirar poco a poco del hilo.


Saludos

lunes, 5 de mayo de 2014

Encabalgamiento

Esa sensación flota en el aire como una pregunta incómoda que el eco repitiese una y otra vez; un mantra tóxico que termina por convertirse en un insecto metálico de miles de pies como cuchillas que desgarran el ego y la confianza. El oído soporta el ruido incesante de un motor sobrealimentado que excreta aceite y tizne; una pasta negra chorreante que inunda el cerebro y le hace sangrar y retorcerse en dolor: el centro de mando de un cuerpo quejumbroso, oxidado por el húmedo viento del desconcierto y el asqueo. Charcos de bilis comienzan a formarse en un suelo cubierto de un polvo tan viejo como las palabras nunca dichas: las que sobreviven, malditas y extenuadas, en el limbo de todo lo que es demasiado bueno como para ser tenido en cuenta. Todo se mueve tan lento que produce mareos y vómitos. Desastre y podredumbre que se mastican para intentar depurarlas y que acaban por infectar el estómago con los miles de cuerpos desmembrados abandonados como carroña tras una violenta batalla. Una luz densa y asfixiante golpea a unos ojos ya irritados por las radiaciones verdosas de las pantallas que muestran una realidad ficticia de sonrisas petrificadas y mentiras públicas; cuervos criados que te han vaciado las cuencas oculares y ahora vuelan hacia el anochecer con sus picos ensangrentados.


Saludos