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jueves, 23 de octubre de 2014

Polvo asentado (Relato)

Esperó una respuesta como quien espera la salvación.
Vivió en la incertidumbre como quien vive en un infierno.
Una moneda lanzada al aire que nunca dejó de caer, girando en extravagantes tirabuzones.
Solo necesitaba un puñado de palabras.
Desde aquí hasta el infinito un silencio absoluto que todo lo convierte en polvo asentado.
Y, a cada momento, un nudo en la garganta más y más complicado de tragar: restos de emociones fosilizadas.
Un grito de dolor con sordina. La esquela de una persona viva.
El dolor auto infligido del cobarde.


Saludos

lunes, 5 de mayo de 2014

Encabalgamiento

Esa sensación flota en el aire como una pregunta incómoda que el eco repitiese una y otra vez; un mantra tóxico que termina por convertirse en un insecto metálico de miles de pies como cuchillas que desgarran el ego y la confianza. El oído soporta el ruido incesante de un motor sobrealimentado que excreta aceite y tizne; una pasta negra chorreante que inunda el cerebro y le hace sangrar y retorcerse en dolor: el centro de mando de un cuerpo quejumbroso, oxidado por el húmedo viento del desconcierto y el asqueo. Charcos de bilis comienzan a formarse en un suelo cubierto de un polvo tan viejo como las palabras nunca dichas: las que sobreviven, malditas y extenuadas, en el limbo de todo lo que es demasiado bueno como para ser tenido en cuenta. Todo se mueve tan lento que produce mareos y vómitos. Desastre y podredumbre que se mastican para intentar depurarlas y que acaban por infectar el estómago con los miles de cuerpos desmembrados abandonados como carroña tras una violenta batalla. Una luz densa y asfixiante golpea a unos ojos ya irritados por las radiaciones verdosas de las pantallas que muestran una realidad ficticia de sonrisas petrificadas y mentiras públicas; cuervos criados que te han vaciado las cuencas oculares y ahora vuelan hacia el anochecer con sus picos ensangrentados.


Saludos

domingo, 16 de octubre de 2011

Telarañas y Premios Planeta

Expectante como el que entra a una habitación que hace años dejó en desuso.
Todo sigue en el mismo lugar, pero una gruesa capa de polvo lo cubre todo, el ordenador parece extrañamente arcaico y las arañas han construido complejas y voluminosas estructuras en cada esquina, haciendo de esta habitación abandonada su particular universo. Por todos lados hay folios, cuartillas, libretas, notas y libros. Siento que he vuelto a mi mundo.
Como suele suceder lo único que siempre cambia es uno mismo.
Ahora queda trabajo por hacer: limpiar, recoger y organizar. Hacer lo que me gusta. Llenar las (infinitas) estanterías vacías.


Viendo por casualidad el discurso de la finalista de los Premios Planeta de este año (hablo de ayer mismo) pensé que no hace falta ser muy listo para ganar un Premio Planeta.
Luego me vino a la mente Boris Izaguirre...

Si queréis llamad envidia a este par de cuchillos que acaban de volar.

Saludos