Uso la pequeña llave que guardo al fondo de un cajón para abrir la compuerta que me abre en canal y me permite leer mis heridas internas.
Cuentan una historia luminosa y esperanzadora que, ahora, se ha vuelto turbia y se escribe en renglones ilegibles de vacío y silencio.
Lo que era una tierna serigrafía de precisa filigrana se ha convertido en una sangrienta cicatriz que retuerce y deforma el tejido orgánico, transformado en una desagradable amalgama repleta de surcos y arañazos, como zarpazos de una bestia salvaje que no quiere seguir en esta jaula.
Leo la historia de mis propios días con la esperanza de que fluyan unas lágrimas purificadoras que limpien esta infección y, con su sal, ayuden a cicatrizar las nuevas emociones, pero la fuente está seca y solo hay congestión y angustia.
Leo disfrutando los buenos momentos para terminar revolcado y aturdido por el depresivo presente, luchando por continuar caminando a pesar de la pesada cadena que arrastro enganchada a mis tobillos.
Como un libro que te desagrada hasta llegar a hacerse interesante, releo una historia en la que, siendo protagonista, conozco cada detalle y matiz, pero de la que me siento extrañamente ajeno al verla transformada en palabras, como si mi cuerpo rechazase un órgano recientemente trasplantado.
Cierro la compuerta y vuelvo a esconder la pequeña llave que guardo al fondo de un cajón, ahí donde no corre el peligro de ser descubierta por nadie, ahí donde puedo evitar compartirla.
Saludos
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sábado, 11 de abril de 2015
martes, 10 de marzo de 2015
CXXXI
-"Todavía no han servido nunca las lágrimas para dar cuerda a un reloj ni para mover una máquina de vapor." Charles Dickens - Los papeles póstumos del Club Pickwick
-"Mira cómo se pone mi piel cuando te recuerdo, espero que algún día este dolor sea útil. No recibo el golpe y me pongo a besar la lona. Desde que no espero nada de nadie no me decepcionan." Shotta - Estás aquí con Suite Soprano
-"Eso no son más que buenos sentimientos, señor...; las mejores intenciones, como dijo el caballero que huyó del lado de su esposa porque, al parecer, no era feliz con él." Charles Dickens - Los papeles póstumos del Club Pickwick
-"You can't blame the seed for what the forest taught'em." Doomtree - Slow Burn
Saludos
-"Mira cómo se pone mi piel cuando te recuerdo, espero que algún día este dolor sea útil. No recibo el golpe y me pongo a besar la lona. Desde que no espero nada de nadie no me decepcionan." Shotta - Estás aquí con Suite Soprano
-"Eso no son más que buenos sentimientos, señor...; las mejores intenciones, como dijo el caballero que huyó del lado de su esposa porque, al parecer, no era feliz con él." Charles Dickens - Los papeles póstumos del Club Pickwick
-"You can't blame the seed for what the forest taught'em." Doomtree - Slow Burn
Saludos
Referencias:
bosque,
caballero,
canciones,
Charles Dickens,
dolor,
Doomtree,
esposa,
golpe,
intenciones,
lagrima,
libro,
Los papeles póstumos del Club Pickwick,
piel,
reloj,
semilla,
Shotta,
Suite Soprano
domingo, 11 de mayo de 2014
El trovador (Relato)
Érase una vez un trovador que vivía en un continuo anacronismo: su época era otra. No tenía nada sobre lo que componer versos: no había caballeros de refulgente armadura; ni malvados magos que mantuviesen cautivas a frágiles doncellas; ni dragones de los que, tras darles muerte, una flor brotase de su pecho sangrante. No había nada parecido a un sentido del honor.
La existencia del trovador era triste. Lo que antaño hubieran sido historias épicas con final feliz, ahora eran historias turbias y oscuras, tan míseras y deprimentes como la propia realidad: no conseguía escribir nada positivo porque no encontraba nada positivo sobre lo que escribir.
Sin embargo, el trovador no se rendía: deambulaba errante por el mundo en busca de historias humanas que difundir; preguntaba a cada persona que encontraba en el camino por alguna historia virtuosa, pero se reían de él y le tomaban por loco "La época de los héroes y las princesas ya hace mucho que acabó" le decían.
Cierta noche, cansado y desesperado por su infructuosa búsqueda, alzó la vista al cielo y allí la encontró: no era la estrella más brillante, ni pertenecía a ninguna constelación conocida; pero su color, un azul intenso, la hacía especial en el homogéneo firmamento. Desde el principio, el trovador quedó embrujado e inspirado por el particular brillo de esa estrella. Esa misma noche compuso los más bellos versos que se habían escuchado en los últimos siglos.
Era tal la obsesión que la estrella infundió en el trovador que este, sin dudarlo, comenzó a usarla como luz guía: cada noche la buscaba en el negro manto de la noche y encaminaba sus pasos en la dirección que seguía la estrella.
Pero, cual sería su desilusión, cuando se dio cuenta de que, día tras día, la estrella se alejaba de él: la rotación del planeta era más rápida de lo que el trovador era capaz de viajar durante el día. A pesar de que solo paraba para descansar y alimentarse, el universo le separaba de la estrella a la que, hipnotizado, le dedicaba cada poema y cada pensamiento.
Llegó la noche en que la estrella casi se perdía en el horizonte. ¡Qué triste fue esa noche para el trovador! Maldijo las lágrimas que, por la pena de la despedida, brotaban de sus ojos ya que le impedían una visión clara de su azulada estrella. Cuando, para desgracia del trovador, amaneció, este se encontraba seco y vacío; abandonado.
Su único consuelo era pensar que, en el cíclico movimiento del universo, volvería a ver a la estrella azul pasados varios meses. Cómo de angustiosa fue esa espera nadie puede saberlo: se veía al trovador deambular como un alma en pena sin más motivación que contar los días que habían pasado desde que se despidió de su estrella.
Los meses pasaban y pasaban, mientras la angustia del trovador crecía y crecía.
El mes en el que la estrella tenía que haber vuelto al firmamento llegó, pero no así lo hizo la estrella. El trovador creyó morir cuando, identificando las estrellas que rodeaban a la suya, no encontró el brillo azul de su obsesión entre ellas. No podía comprenderlo: la había acompañado en su viaje mientras pudo; la mantuvo en su recuerdo todos y cada uno de los días que no la tuvo a la vista; y ahora, sin motivo aparente, la estrella no estaba allí. Si lloró el día de la despedida, más lloró el día que no volvió a verla.
En su inconsolable desesperación, el trovador buscó al más sabio de los astrónomos para preguntarle cómo podía haber ocurrido ese hecho, cómo una estrella había desaparecido de la existencia dejándole a él desamparado y solo.
El sabio, compadecido del trovador y sin una explicación lógica con la que responder, le dijo estas palabras:
"Esa estrella, fugaz y errante como tú, también te estuvo buscando cuando os separasteis; ella dio tanto sentido a tu existencia como tú diste sentido a la suya. Sin tus palabras inspiradas por su brillo ella no podría haber brillado. Al perderos de vista su brillo se fue apagando, hasta desaparecer, al no poder escuchar tus poemas dedicados a ella, así como su ausencia apagaba la belleza de tus escritos. Fuisteis un regalo del destino el uno para el otro. Ahora, no permitas que el recuerdo de su brillo también se apague en tu memoria. Sigue escribiendo sobre ella y así brillará por siempre en ti"
Y así fue como, desde entonces, en cada verso de cada poema, el trovador hizo un homenaje a la estrella azul que por siempre brilló en sus parpados cada vez que cerraba los ojos.
Saludos
La existencia del trovador era triste. Lo que antaño hubieran sido historias épicas con final feliz, ahora eran historias turbias y oscuras, tan míseras y deprimentes como la propia realidad: no conseguía escribir nada positivo porque no encontraba nada positivo sobre lo que escribir.
Sin embargo, el trovador no se rendía: deambulaba errante por el mundo en busca de historias humanas que difundir; preguntaba a cada persona que encontraba en el camino por alguna historia virtuosa, pero se reían de él y le tomaban por loco "La época de los héroes y las princesas ya hace mucho que acabó" le decían.
Cierta noche, cansado y desesperado por su infructuosa búsqueda, alzó la vista al cielo y allí la encontró: no era la estrella más brillante, ni pertenecía a ninguna constelación conocida; pero su color, un azul intenso, la hacía especial en el homogéneo firmamento. Desde el principio, el trovador quedó embrujado e inspirado por el particular brillo de esa estrella. Esa misma noche compuso los más bellos versos que se habían escuchado en los últimos siglos.
Era tal la obsesión que la estrella infundió en el trovador que este, sin dudarlo, comenzó a usarla como luz guía: cada noche la buscaba en el negro manto de la noche y encaminaba sus pasos en la dirección que seguía la estrella.
Pero, cual sería su desilusión, cuando se dio cuenta de que, día tras día, la estrella se alejaba de él: la rotación del planeta era más rápida de lo que el trovador era capaz de viajar durante el día. A pesar de que solo paraba para descansar y alimentarse, el universo le separaba de la estrella a la que, hipnotizado, le dedicaba cada poema y cada pensamiento.
Llegó la noche en que la estrella casi se perdía en el horizonte. ¡Qué triste fue esa noche para el trovador! Maldijo las lágrimas que, por la pena de la despedida, brotaban de sus ojos ya que le impedían una visión clara de su azulada estrella. Cuando, para desgracia del trovador, amaneció, este se encontraba seco y vacío; abandonado.
Su único consuelo era pensar que, en el cíclico movimiento del universo, volvería a ver a la estrella azul pasados varios meses. Cómo de angustiosa fue esa espera nadie puede saberlo: se veía al trovador deambular como un alma en pena sin más motivación que contar los días que habían pasado desde que se despidió de su estrella.
Los meses pasaban y pasaban, mientras la angustia del trovador crecía y crecía.
El mes en el que la estrella tenía que haber vuelto al firmamento llegó, pero no así lo hizo la estrella. El trovador creyó morir cuando, identificando las estrellas que rodeaban a la suya, no encontró el brillo azul de su obsesión entre ellas. No podía comprenderlo: la había acompañado en su viaje mientras pudo; la mantuvo en su recuerdo todos y cada uno de los días que no la tuvo a la vista; y ahora, sin motivo aparente, la estrella no estaba allí. Si lloró el día de la despedida, más lloró el día que no volvió a verla.
En su inconsolable desesperación, el trovador buscó al más sabio de los astrónomos para preguntarle cómo podía haber ocurrido ese hecho, cómo una estrella había desaparecido de la existencia dejándole a él desamparado y solo.
El sabio, compadecido del trovador y sin una explicación lógica con la que responder, le dijo estas palabras:
"Esa estrella, fugaz y errante como tú, también te estuvo buscando cuando os separasteis; ella dio tanto sentido a tu existencia como tú diste sentido a la suya. Sin tus palabras inspiradas por su brillo ella no podría haber brillado. Al perderos de vista su brillo se fue apagando, hasta desaparecer, al no poder escuchar tus poemas dedicados a ella, así como su ausencia apagaba la belleza de tus escritos. Fuisteis un regalo del destino el uno para el otro. Ahora, no permitas que el recuerdo de su brillo también se apague en tu memoria. Sigue escribiendo sobre ella y así brillará por siempre en ti"
Y así fue como, desde entonces, en cada verso de cada poema, el trovador hizo un homenaje a la estrella azul que por siempre brilló en sus parpados cada vez que cerraba los ojos.
Saludos
miércoles, 26 de diciembre de 2012
LXXX
-"A la gente le cuesta pensar"
-"¿Se puede armar el taco en un campo de golf?"
-"When you said your last goodbay I died a little bit inside" Kodaline - All I Want
-"Quisiera amarte siempre: eso jamás lo dudes. Quisiera darte el cielo para que volaras, niña, entre mis nubes y yo volara entre tus labios, proscrito del favorito delito que no han descrito los sabios" Rapsusklei - Una lágrima
Saludos
-"¿Se puede armar el taco en un campo de golf?"
-"When you said your last goodbay I died a little bit inside" Kodaline - All I Want
-"Quisiera amarte siempre: eso jamás lo dudes. Quisiera darte el cielo para que volaras, niña, entre mis nubes y yo volara entre tus labios, proscrito del favorito delito que no han descrito los sabios" Rapsusklei - Una lágrima
Saludos
Referencias:
All I want,
campo de golf,
canciones,
gente,
Kodaline,
lagrima,
pensar,
Rapsusklei
miércoles, 27 de octubre de 2010
Catarsis
Siempre que me preguntan un genérico ¿Qué tal? suelo responder con un ambiguo No me puedo quejar. Normalmente es mentira.
No es la primera vez que recojo mierda del suelo. Literalmente. Tampoco será la última tal y como están las cosas.
85 años no pasan en balde. Toda una vida que, para seguir funcionando, consume parte de vida de la gente que tiene alrededor.
Dependencia total. No es Os necesito, es Sin vosotros no podría llamar a esto vivir.
Por otra parte el dolor de ambos pies parcialmente necrotizados le obligan a tomar morfina. Se ha convertido en un autómata que únicamente conserva la testarudez como distintivo humanizador. Con la cabeza perdida y encima tozudo. Sancho Panza convenciendo a Don Quijote de que lo que ve no son gigantes.
Hemos escuchado decenas de delirios y alucinaciones: barro hasta las piernas, personas deambulando ante sus ojos, animales correteando por el suelo, charcos en el suelo... Es usual verle manipulando el aire, soltar con delicadeza desechos imaginarios sobre la mesa. Su cabeza, en un macabro juego, le hace recrear épocas pasadas, los viejos tiempos, los buenos tiempos.
Pasa las horas muertas dormitando, llegando a dormirse mientras intenta hablarte tratando de enlazar pensamientos inconexos. Jirones de realidad que su cerebro agotado trata de coser.
A veces, sin importar el momento, las lágrimas simplemente te brotan. Son fruto de la pena, de la impotencia, del cansancio mental y físico (durante la noche estás en un continuo duermevela, atento a lo que pueda pasar), de una rabia contenida y acumulada. Rabia porque no hay mejora posible, porque nada a lo que llamemos Dios debería permitir esto, porque la única explicación es el Así es la vida.
Sirva esto como limpia, como un sacar la basura que se me podría por dentro, como futuros No me puedo quejar.
Saludos
No es la primera vez que recojo mierda del suelo. Literalmente. Tampoco será la última tal y como están las cosas.
85 años no pasan en balde. Toda una vida que, para seguir funcionando, consume parte de vida de la gente que tiene alrededor.
Dependencia total. No es Os necesito, es Sin vosotros no podría llamar a esto vivir.
Por otra parte el dolor de ambos pies parcialmente necrotizados le obligan a tomar morfina. Se ha convertido en un autómata que únicamente conserva la testarudez como distintivo humanizador. Con la cabeza perdida y encima tozudo. Sancho Panza convenciendo a Don Quijote de que lo que ve no son gigantes.
Hemos escuchado decenas de delirios y alucinaciones: barro hasta las piernas, personas deambulando ante sus ojos, animales correteando por el suelo, charcos en el suelo... Es usual verle manipulando el aire, soltar con delicadeza desechos imaginarios sobre la mesa. Su cabeza, en un macabro juego, le hace recrear épocas pasadas, los viejos tiempos, los buenos tiempos.
Pasa las horas muertas dormitando, llegando a dormirse mientras intenta hablarte tratando de enlazar pensamientos inconexos. Jirones de realidad que su cerebro agotado trata de coser.
A veces, sin importar el momento, las lágrimas simplemente te brotan. Son fruto de la pena, de la impotencia, del cansancio mental y físico (durante la noche estás en un continuo duermevela, atento a lo que pueda pasar), de una rabia contenida y acumulada. Rabia porque no hay mejora posible, porque nada a lo que llamemos Dios debería permitir esto, porque la única explicación es el Así es la vida.
Sirva esto como limpia, como un sacar la basura que se me podría por dentro, como futuros No me puedo quejar.
Saludos
sábado, 13 de diciembre de 2008
Recordando: ¿Y ahora qué? (Relato)
Marcas producidas por lágrimas secas surcan mi cara. Paralelismo con la naturaleza. Un río, fuente de vida, prosperidad; cuando se seca no queda nada, solo su cuenca agotada, un desierto. Mis lágrimas, la última señal de amor; después el vacío, la soledad. Otra forma de desierto. El primero te mata desde fuera, el segundo lo hace desde dentro.
Únicamente tres palabras. Una interrogante. ¿Y ahora qué? Esta pregunta monopoliza mi cerebro. No puedo pensar en otra cosa. Encuentro pocas respuestas pero solo me aportan soluciones que no están en mis manos. Se que hay otra solución pero evito el pensarlo. Viene de un lado de mi personalidad oscuro y desconocido. Un lado que no quiero que tome decisiones.
Hasta hace poco todo era muy fácil. Ella estaba conmigo y me bastaba. Nunca me planteé cuanto duraría pero supongo que daba por hecho que sería bastante tiempo. Ahora se que esto no entraba en sus planes.
Me dijo que se acabó y punto. Sin explicación alguna. Solo la típica excusa, que para el caso es lo mismo. Cualquiera que sea en la que estéis pensando ahora se adapta a mi historia. No creo que fuera algo impulsivo, seguramente lo llevaba tiempo pensando hasta que se decidió. Comunicarme su decisión era un puro trámite. Estas cosas no admiten prorroga alguna. Cuando se acaban unilateralmente también lo hacen colateralmente aunque uno de los dos no se haya percatado del fin.Primero fue asombro por lo inesperado. Luego fueron las súplicas, los ruegos. Todas esas cosas que en realidad no llevan a ningún lado. Después fue el sentimiento de culpabilidad que poco a poco fui volcando en ella hasta convertirlo en odio.
¿Y ahora qué? Ahora me encuentro aquí tomando consciencia de que la única solución que puedo llevar a cabo es aquella en la que nunca antes habría pensado, aquella que nunca querría haber tomado, aquella que es tan drástica y dolorosa que acabará con esto para siempre.Voy a su encuentro. Sé donde trabaja y espero a que salga. Estoy en la acera de enfrente. La tensión recorre mi cuerpo pero al mismo tiempo tengo una sensación de alivio total al saber que este dolor se va a terminar. Cuando sale grito su nombre. Al verme y reconocerme la noto sorprendida y, durante un instante, distingo en sus ojos el reflejo del miedo que siente.
Me lanzo a la carretera en el mismo momento en el que pasa un autobús. El conductor es incapaz de reaccionar a tiempo y me arrolla. Acabo tendido a varios metros del punto de impacto. La tensión ha desaparecido y es sustituida por un alivio que embarga mi cuerpo.
Al final todo se reducía a ella o yo. Lo cobarde hubiese sido acabar con ella. Así que fui yo. Al fin y al cabo ella no tiene la culpa de que yo fuera un desequilibrado.
Saludos
Únicamente tres palabras. Una interrogante. ¿Y ahora qué? Esta pregunta monopoliza mi cerebro. No puedo pensar en otra cosa. Encuentro pocas respuestas pero solo me aportan soluciones que no están en mis manos. Se que hay otra solución pero evito el pensarlo. Viene de un lado de mi personalidad oscuro y desconocido. Un lado que no quiero que tome decisiones.
Hasta hace poco todo era muy fácil. Ella estaba conmigo y me bastaba. Nunca me planteé cuanto duraría pero supongo que daba por hecho que sería bastante tiempo. Ahora se que esto no entraba en sus planes.
Me dijo que se acabó y punto. Sin explicación alguna. Solo la típica excusa, que para el caso es lo mismo. Cualquiera que sea en la que estéis pensando ahora se adapta a mi historia. No creo que fuera algo impulsivo, seguramente lo llevaba tiempo pensando hasta que se decidió. Comunicarme su decisión era un puro trámite. Estas cosas no admiten prorroga alguna. Cuando se acaban unilateralmente también lo hacen colateralmente aunque uno de los dos no se haya percatado del fin.Primero fue asombro por lo inesperado. Luego fueron las súplicas, los ruegos. Todas esas cosas que en realidad no llevan a ningún lado. Después fue el sentimiento de culpabilidad que poco a poco fui volcando en ella hasta convertirlo en odio.
¿Y ahora qué? Ahora me encuentro aquí tomando consciencia de que la única solución que puedo llevar a cabo es aquella en la que nunca antes habría pensado, aquella que nunca querría haber tomado, aquella que es tan drástica y dolorosa que acabará con esto para siempre.Voy a su encuentro. Sé donde trabaja y espero a que salga. Estoy en la acera de enfrente. La tensión recorre mi cuerpo pero al mismo tiempo tengo una sensación de alivio total al saber que este dolor se va a terminar. Cuando sale grito su nombre. Al verme y reconocerme la noto sorprendida y, durante un instante, distingo en sus ojos el reflejo del miedo que siente.
Me lanzo a la carretera en el mismo momento en el que pasa un autobús. El conductor es incapaz de reaccionar a tiempo y me arrolla. Acabo tendido a varios metros del punto de impacto. La tensión ha desaparecido y es sustituida por un alivio que embarga mi cuerpo.
Al final todo se reducía a ella o yo. Lo cobarde hubiese sido acabar con ella. Así que fui yo. Al fin y al cabo ella no tiene la culpa de que yo fuera un desequilibrado.
Saludos
jueves, 20 de noviembre de 2008
XXIX
-"¿Por qué marca el doble una lágrima que una sonrisa?" Isusko & Sbrv - Kállate!
-"Tengo esa costumbre: perder mecheros"
-Nosotros nos entretenemos con nuestra sola presencia.
-"No sé como me salen bien las cosas"
-Ahí parado sin otra cosa que hacer que escuchar música e inventar historias.
Saludos
-"Tengo esa costumbre: perder mecheros"
-Nosotros nos entretenemos con nuestra sola presencia.
-"No sé como me salen bien las cosas"
-Ahí parado sin otra cosa que hacer que escuchar música e inventar historias.
Saludos
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