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martes, 31 de marzo de 2015

Versos sueltos

Vas por la calle saltando de baldosa en baldosa tratando de no tocar las uniones cuando, en el frenesí del juego, pisas involuntariamente una mierda de perro.
Pura felicidad arruinada por la maloliente e implacable realidad, como si un ente maligno te agarrase de la solapa para lanzarte contra un suelo que te acoge con la suavidad de una desbrozadora.
El camino a la felicidad es una lenta escalada hacia la cumbre, pero la tristeza es despeñarse por un acantilado sin necesidad de haber dado ningún mal paso.
Variaciones sobre un mismo tema, el eterno retorno, un ciclo de fertilidad-esterilidad.
Olas de una tempestad que solo puedes salvar caminando sobre las aguas o zambulléndote en las profundidades del frío y oscuro océano.


Saludos

lunes, 21 de abril de 2014

La mierda ocurre (Relato)

Eres una cucaracha; o una cochinilla; o cualquier otro bicho inmundo que haría gritar a una remilgada señorita. Estás en el agua de una taza de váter, pataleando para sobrevivir por puro instinto ya que, ni por casualidad evolutiva, sabes nadar. El pronóstico es muerte, pero puede que tu limitado intelecto animal no te permita esa deducción.
De repente: la oscuridad. Alguien se ha sentado en el inodoro y, su culo, eclipsa la luz exterior. Tú sigues pataleando; no sabes qué otra cosa hacer.
Es entonces cuando la persona que está sobre ti hace de vientre y un zurullo de tamaño considerable (de proporciones gigantescas en tu escala) cae sobre ti. Una montaña de mierda se te ha venido encima. Literalmente.
Lo que podría ser un final horrible no es sino una última esperanza: podrías trepar por el zurullo y usarlo para respirar a modo de isla a la que orillar tras un naufragio. Posteriormente, y siempre aferrado con fe ciega al zurullo, huirías de la trampa mortal que es el váter una vez ese ente superior, que ni siquiera se ha dado cuenta de tu existencia, tire de la cadena y te lance, junto con sus excrementos, al desagüe. Una vía de escape: peligrosa, sí; pero de muerte menos probable que el nadar hasta la extenuación.
Hasta la cosa más desagradable que pueda ocurrirte podría ser el primer paso de un futuro mejor.

Saludos

miércoles, 27 de octubre de 2010

Catarsis

Siempre que me preguntan un genérico ¿Qué tal? suelo responder con un ambiguo No me puedo quejar. Normalmente es mentira.
No es la primera vez que recojo mierda del suelo. Literalmente. Tampoco será la última tal y como están las cosas.
85 años no pasan en balde. Toda una vida que, para seguir funcionando, consume parte de vida de la gente que tiene alrededor.
Dependencia total. No es Os necesito, es Sin vosotros no podría llamar a esto vivir.
Por otra parte el dolor de ambos pies parcialmente necrotizados le obligan a tomar morfina. Se ha convertido en un autómata que únicamente conserva la testarudez como distintivo humanizador. Con la cabeza perdida y encima tozudo. Sancho Panza convenciendo a Don Quijote de que lo que ve no son gigantes.
Hemos escuchado decenas de delirios y alucinaciones: barro hasta las piernas, personas deambulando ante sus ojos, animales correteando por el suelo, charcos en el suelo... Es usual verle manipulando el aire, soltar con delicadeza desechos imaginarios sobre la mesa. Su cabeza, en un macabro juego, le hace recrear épocas pasadas, los viejos tiempos, los buenos tiempos.
Pasa las horas muertas dormitando, llegando a dormirse mientras intenta hablarte tratando de enlazar pensamientos inconexos. Jirones de realidad que su cerebro agotado trata de coser.

A veces, sin importar el momento, las lágrimas simplemente te brotan. Son fruto de la pena, de la impotencia, del cansancio mental y físico (durante la noche estás en un continuo duermevela, atento a lo que pueda pasar), de una rabia contenida y acumulada. Rabia porque no hay mejora posible, porque nada a lo que llamemos Dios debería permitir esto, porque la única explicación es el Así es la vida.

Sirva esto como limpia, como un sacar la basura que se me podría por dentro, como futuros No me puedo quejar.

Saludos

lunes, 30 de agosto de 2010

Sinceridad-Crueldad

Eres pesada. Me aburres de una manera que no puedes ni imaginar. Ningún tema de los que me has podido hablar me ha interesado lo más mínimo. Siempre intentaba prestar atención a lo que decía la gente a nuestro alrededor para no tener que bostezar en tu cara. Rezaba con que alguien me llamase para poder interrumpirte.
Tu no tienes ni puta gracia. Todas las cosas que haces y dices que crees que son graciosas no lo son en absoluto. Y el hecho de que repitas una y otra vez las mismas paridas hace que la cosa empeore más allá de lo soportable. Y eso por no hablar de tu actitud así, en general. Porque todo es un problema de egocentrismo. La inconsciencia de ser un pamplina y no saberlo.
Vosotros sois del género tonto. Autistas en estado normal y cuando habláis monotemáticos. Cada vez que pienso en qué es peor mi conclusión es el suicidio. Dando lecciones de cosas que ni siquiera domináis. Para darnos lecciones os quedáis callados y para quedaros callados os quedáis en casa.
A ti todo lo que te diga te va a dar igual porque no te importa lo que te dice la gente. No te molestas en escucharlos, eso sí, que un foco te alumbre y silencio absoluto cuando tomas la palabra. Sentando cátedra. Pobres de nosotros que necesitamos de tu compañía para animar la reunión. La próxima vez que escuche tu típica frase de despedida debería mandarte al carajo.
Y qué hay de mí. Me creo poseedor de la verdad y por encima de todos los citados, pedante, hablando de cosas fuera de contexto y con los cojones desaparecidos en zona de paz. Cuando lanzo mierda también me salpica.
Pero al menos soy sincero (cruel)

¿Y qué hay de vosotros?

Y ahora que te has ido todo sigue igual porque siempre estás lejos.

Saludos