Vas por la calle saltando de baldosa en baldosa tratando de no tocar las uniones cuando, en el frenesí del juego, pisas involuntariamente una mierda de perro.
Pura felicidad arruinada por la maloliente e implacable realidad, como si un ente maligno te agarrase de la solapa para lanzarte contra un suelo que te acoge con la suavidad de una desbrozadora.
El camino a la felicidad es una lenta escalada hacia la cumbre, pero la tristeza es despeñarse por un acantilado sin necesidad de haber dado ningún mal paso.
Variaciones sobre un mismo tema, el eterno retorno, un ciclo de fertilidad-esterilidad.
Olas de una tempestad que solo puedes salvar caminando sobre las aguas o zambulléndote en las profundidades del frío y oscuro océano.
Saludos
Mostrando entradas con la etiqueta calle. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta calle. Mostrar todas las entradas
martes, 31 de marzo de 2015
jueves, 21 de agosto de 2014
Donde sucede lo bueno
De puertas hacia dentro en todos lados es igual: cegadoras luces destelleantes alternadas con oscuros rincones de falsa intimidad; autómatas de mentes confundidas en busca de calor ajeno, sin más valor que el efímeramente placentero intercambio de fluidos; música atronadora que aturde y desgasta. Pura convención social, pantomima de diversión, teatro de actores y actrices sin talento.
Pero la calle...
En la calle es donde sucede lo bueno porque es ahí donde te rodeas de los tuyos.
Nunca sucede nada interesante si no puedes escuchar a más allá de un palmo de distancia y en la calle no existe esa limitación: las conversaciones pueden fluir, ahora en la intimidad del que camina hombro con hombro, ahora en la algarabía de una chanza que se escucha en toda la calle.
El mero deambular, patear las calles con el único objetivo de seguir más tiempo en compañía de quien lo merece, detiene el tiempo en un absurdo de pamplinas sin sentido, el humor por el humor, estupidez a cambio de carcajadas.
Habrá quien me rebata este desprecio completo por cualquier local, incluso yo mismo tengo un puñado de buenos recuerdos en diferentes sitios y ciudades. Pero estas buenas experiencias siempre se basan en aquellas personas que estaban conmigo en aquellos momentos, siendo un factor prácticamente nulo el lugar donde nos encontrásemos.
Pero la calle...
La calle abraza a aquellos que se acogen en ella; aquellos que deciden, en contra de cualquier moda o mayoría, seguir sus andanzas al amparo de sus infinitos vericuetos; aquellos que, sin buscarlo, encuentran historias inesperadas y hallazgos aleatorios con los que confeccionar un anecdotario estrambótico y secreto, origen de bromas privadas.
El último refugio de aquellos que solo buscan diversión.
Saludos
Pero la calle...
En la calle es donde sucede lo bueno porque es ahí donde te rodeas de los tuyos.
Nunca sucede nada interesante si no puedes escuchar a más allá de un palmo de distancia y en la calle no existe esa limitación: las conversaciones pueden fluir, ahora en la intimidad del que camina hombro con hombro, ahora en la algarabía de una chanza que se escucha en toda la calle.
El mero deambular, patear las calles con el único objetivo de seguir más tiempo en compañía de quien lo merece, detiene el tiempo en un absurdo de pamplinas sin sentido, el humor por el humor, estupidez a cambio de carcajadas.
Habrá quien me rebata este desprecio completo por cualquier local, incluso yo mismo tengo un puñado de buenos recuerdos en diferentes sitios y ciudades. Pero estas buenas experiencias siempre se basan en aquellas personas que estaban conmigo en aquellos momentos, siendo un factor prácticamente nulo el lugar donde nos encontrásemos.
Pero la calle...
La calle abraza a aquellos que se acogen en ella; aquellos que deciden, en contra de cualquier moda o mayoría, seguir sus andanzas al amparo de sus infinitos vericuetos; aquellos que, sin buscarlo, encuentran historias inesperadas y hallazgos aleatorios con los que confeccionar un anecdotario estrambótico y secreto, origen de bromas privadas.
El último refugio de aquellos que solo buscan diversión.
Saludos
lunes, 10 de marzo de 2014
Por la noche
El sonido de las calles varía. Lo que durante el día es un ruido constante y homogéneo, casi monótono, por la noche se convierte en una algarabía de elementos perfectamente identificables.
Las voces transmiten, a gritos, sus conversaciones etílicas: mitad verdad, mitad delirio. Palabras secretas proclamadas al falso amparo de la noche.
Durante el día los motores de los coches funden sus sonidos mecánicos en un gran ruido de motor y ruedas girando que parece hacer funcionar la ciudad. Por la noche el ruido de cada motor quiere contarte la historia de su trayecto: desde lejos trata de avisar su llegada para, al pasar a tu lado, saludar y despedirse a un tiempo.
Incluso mis pasos suenan distintos. Amortiguados por un festival de ruidos nocturnos, mis pasos suenan frágiles y etéreos, arrítmicos, clandestinos y cansados. Cada paso es otro número de una cuenta atrás hasta el final de la noche y, al mismo tiempo, una promesa de lo que me espera al girar la siguiente esquina.
Un caos sonoro transformado en sinfonía orgánica salpicada de cristales rotos; sirenas; acelerones y frenazos de coches; risas y llantos; persianas metálicas cerrándose y grupos de personas en movimiento. Música de moda filtrándose por puertas que se abren y se cierran en un continuo trasiego de gente, sonando como una trompeta con sordina.
Camino a través del ruido y la música nadando entre ondas sonoras, haciendo bailar a objetos inanimados, danzando con ninfas borrachas convertidas en princesas por la magia de la música que compongo en mi cabeza.
Las calles siguen sonando vívidamente mucho rato después de llegar a la quietud de casa, como fantasmas de una noche que se niega a desaparecer.
Saludos
Las voces transmiten, a gritos, sus conversaciones etílicas: mitad verdad, mitad delirio. Palabras secretas proclamadas al falso amparo de la noche.
Durante el día los motores de los coches funden sus sonidos mecánicos en un gran ruido de motor y ruedas girando que parece hacer funcionar la ciudad. Por la noche el ruido de cada motor quiere contarte la historia de su trayecto: desde lejos trata de avisar su llegada para, al pasar a tu lado, saludar y despedirse a un tiempo.
Incluso mis pasos suenan distintos. Amortiguados por un festival de ruidos nocturnos, mis pasos suenan frágiles y etéreos, arrítmicos, clandestinos y cansados. Cada paso es otro número de una cuenta atrás hasta el final de la noche y, al mismo tiempo, una promesa de lo que me espera al girar la siguiente esquina.
Un caos sonoro transformado en sinfonía orgánica salpicada de cristales rotos; sirenas; acelerones y frenazos de coches; risas y llantos; persianas metálicas cerrándose y grupos de personas en movimiento. Música de moda filtrándose por puertas que se abren y se cierran en un continuo trasiego de gente, sonando como una trompeta con sordina.
Camino a través del ruido y la música nadando entre ondas sonoras, haciendo bailar a objetos inanimados, danzando con ninfas borrachas convertidas en princesas por la magia de la música que compongo en mi cabeza.
Las calles siguen sonando vívidamente mucho rato después de llegar a la quietud de casa, como fantasmas de una noche que se niega a desaparecer.
Saludos
jueves, 25 de abril de 2013
Cuadernos (Relato)
Su nombre, igual que él mismo, nunca importó a nadie. Cual historia sin moraleja o chiste sin gracia, pasaba rápidamente al olvido. Por eso nosotros los llamaremos A, ya que llamarle Anónimo toma demasiado tiempo por alguien de tan poca importancia.
A no conocía otra vida que la solitaria y monótona existencia a la que, a fuerza de repetición y desconocimiento, estaba acostumbrado.
Un solo suceso, poco común, iluminaba su vida de cuando en cuando. Aquellas ocasiones en las que alguien, un transeúnte desconocido, le miraba directamente a los ojos al cruzarse por la calle, suponían para A la única prueba observable de que seguía existiendo para el resto del mundo. Para estas ocasiones A llevaba siempre consigo un bolígrafo y un pequeño cuaderno donde apuntaba el día, la hora y el lugar concreto, además de una breve descripción de la persona, donde se había producido ese breve encuentro: insustancial para el desconocido, valioso para A.
Cada cierto tiempo A cogía sus antiguas libretas y releía páginas al azar, recordando así atesorados encuentros como un viejo avaro contaría las monedas de su bolsa.
Sus libretas y las cientos de personas sin nombre y sin pasado conocidos por A que en ellas aparecían eran su única compañía: difusos espectros que A dejaba escapar entre las hojas manuscritas sabiendo que, una vez cerrada la libreta y vuelta a su estante, volverían a estar disponibles para su triste regocijo.
Saludos
A no conocía otra vida que la solitaria y monótona existencia a la que, a fuerza de repetición y desconocimiento, estaba acostumbrado.
Un solo suceso, poco común, iluminaba su vida de cuando en cuando. Aquellas ocasiones en las que alguien, un transeúnte desconocido, le miraba directamente a los ojos al cruzarse por la calle, suponían para A la única prueba observable de que seguía existiendo para el resto del mundo. Para estas ocasiones A llevaba siempre consigo un bolígrafo y un pequeño cuaderno donde apuntaba el día, la hora y el lugar concreto, además de una breve descripción de la persona, donde se había producido ese breve encuentro: insustancial para el desconocido, valioso para A.
Cada cierto tiempo A cogía sus antiguas libretas y releía páginas al azar, recordando así atesorados encuentros como un viejo avaro contaría las monedas de su bolsa.
Sus libretas y las cientos de personas sin nombre y sin pasado conocidos por A que en ellas aparecían eran su única compañía: difusos espectros que A dejaba escapar entre las hojas manuscritas sabiendo que, una vez cerrada la libreta y vuelta a su estante, volverían a estar disponibles para su triste regocijo.
Saludos
Referencias:
anonimo,
calle,
cuadernos,
desconocido,
libretas,
relato,
transeunte
lunes, 26 de noviembre de 2012
Graznido: Cuando veo un grupo de señoras...
Cuando veo un grupo señoras venir hacia mí andando por la calle y sé (porque se sabe) que no se van a apartar, intento, al pasar por su lado, golpear con mi codo el bolso de alguna de ellas. Para que se asusten.
lunes, 25 de junio de 2012
LXXV
-"Porque si algo tengo claro es que no vivo con bulla y que hasta la fecha no ha existido mejor compañía que la tuya" Tote King - El tendedero con Chico Ocaña
-"'I'm prepared for the worst and just hope for the best" The ILLZ - Faded/Los Angeles
-"Porque estés buena no voy a darte coba, está claro" Freshmakers - Oh Yeah
-"Él tiene dos caras: la una pa' la calle, la otra pa' tu cama" Chico Ocaña - De calle
-"'I'm prepared for the worst and just hope for the best" The ILLZ - Faded/Los Angeles
-"Porque estés buena no voy a darte coba, está claro" Freshmakers - Oh Yeah
-"Él tiene dos caras: la una pa' la calle, la otra pa' tu cama" Chico Ocaña - De calle
Referencias:
calle,
canciones,
Chico Ocaña,
Freshmakers,
tendedero,
The ILLZ,
Tote King
Suscribirse a:
Entradas (Atom)