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domingo, 24 de marzo de 2013

Escribe, borra...

Escribe, borra, escribe, borra. Así es imposible terminar nada.
Echo en falta mis habituales recorridos en autobús: momentos en los que, excepto mi música y el paisaje urbano repetido a diario, nada me distraía de rebuscar en el desordenado desván que es mi cabeza las ideas que al final se verían plasmadas en las entradas de este blog.
Debo ser un "escritor" atípico: parece que me alimento mejor de la rutina que de las nuevas experiencias. El único sentido que le veo es que, para escapar de la mortal rutina, se me hace necesario tirar de imaginación y ahí está la fuente de mis textos.
Como sustitutivo me tengo que obligar. Enfrentarme a la pantalla en blanco, abrumadora, agrandándose por momentos hasta que, tras completar varios párrafos (y haber borrado otros tantos) se empequeñece y lo ya escrito te va pareciendo suficiente.
Sin embargo es, de alguna manera, doloroso como todo lo forzado. No notas esa fluidez habitual que sí encuentras al desarrollar una idea ya trabajada, una historia visualizada desde diferentes perspectivas en tu imaginación. Aquí las palabras salen lentas. Más que escritas, tatuadas. Un trabajo lento, meticuloso y, de nuevo, doloroso.

¿Y qué hay de todos esos párrafos borrados, de esos bocetos, de esas ideas no desarrolladas? Supongo que algunas regresan tiempo después, algo crecidas y, por tanto, irreconocibles. Otras tantas se perdieron para siempre, valiosas o inútiles, vagando para siempre en el limbo del olvido como fantasmas en un cementerio.


Saludos

jueves, 21 de febrero de 2013

Declaración de intenciones / Boceto

El triunfo de la novedad sobre la rutina se va revirtiendo día tras día. Es normal, y necesario.
Sin embargo, entre esa cada vez más poderosa rutina, cada día deja deslizarse alguna sorpresa, algún acontecimiento que te hace recordar (como si en algún momento se me olvidase) que no estás en casa y que el suelo que pisas no es el mismo de siempre.
Pero no quiero que esto se convierta en un blog de experiencias en el extranjero: hay muchos y escritos con más ganas de las que yo podría poner en esa tarea.
Intentaré mantener mis contenidos habituales aunque, igual que el contexto forma parte de la historia, mi contexto se dejará ver, esquivo, con pinceladas aquí y allá.


Cada vez que miraba por su ventana intentaba recordar caras hacía tiempo olvidadas, como si en ese marco hubiese una puerta al pasado en vez del mismo paisaje de todos los días.


Saludos

miércoles, 8 de abril de 2009

Regularidad

Me parece que hace siglos que no escribo cuando en realidad hace poco más de un mes. Poco más de un mes sigue siendo demasiado tiempo.
Y no es que haya estado muy liado, o que no haya tenido disponibilidad de un ordenador (esto es sólo aplicable a la última semana), o que no se me haya ocurrido nada sobre lo que escribir. He llegado a la conclusión de que me falta una regularidad, una rutina de escritura.
Porque sí, está bien que te venga la inspiración y plasmarlo en papel para que no se te olvide, o darle vueltas a una idea hasta que le das la forma suficiente para que se convierta en algo mínimamente desarrollado.
Pero pensemos en el oficio de escritor, del tipo que sea, bien cronista, articulista o, de manera genérica, novelista. Toda esta gente le tiene que rendir cuentas al tiempo, sea dictado por el cierre de edición de un periódico o revista o por la fecha prevista de publicación de su siguiente novela. Toda esta gente necesita ponerse a trabajar para cumplir fechas, no les basta con que les vengan las ganas de hacerlo.
También es cierto que yo no tengo esa obligación para con nadie, más allá de los lectores asiduos a los que no creo que les falte el sueño por no leer nada mío (en caso contrario debo disculparme) pero será una obligación auto impuesta que tampoco me vendrá mal. Así perderé menos el tiempo.
Saludos