martes, 27 de julio de 2010
Continuará...
miércoles, 23 de junio de 2010
LVIII
lunes, 7 de junio de 2010
Helicópteros (Relato)
-¡No puedo!
-¡¿Cómo que no puedes?!
-¡No tengo nada que escribir!
-¿Me has dicho eso en serio?
-Es la verdad.
-¿Me estás diciendo que tu vida es una mierda? Porque si nada de lo que lees, de lo que escuchas o lo que ves, en definitiva, de lo que vives, te sirve de inspiración es que tu vida es una mierda. Sin más.
Se miraron. El acusador, arrogante, sintiéndose superior. El acusado, achantado, compungido, como un niño al que pillan en una mentira.
-Me siento seco, vaciado, con la sensación de haber escrito todo lo que tenía dentro. Todo lo que tenía que escribir.
-Eres un flojo.
Tajante, todavía en posición de poder. La vergüenza y el autodesprecio convertidos en sorpresa. Una bofetada inesperada.
-¿A qué viene eso?¿Qué me quieres decir?
-¿No piensas nada a lo largo del día?¿Tu cerebro está en blanco en todo momento?
-No, pero son rayadas personales, cosas privadas. A nadie le interesarán.
-¿Y qué te impide convertirlas en algo diferente? Algo impersonal, aunque identificable a un nivel íntimo, en lo que alguien pueda sentirse reflejado.
Había ganado la discusión. Jaque mate. Te acabo de cerrar la boca a razones, si me permites la expresión.
Resignado, como cualquier lunes por la mañana de camino al trabajo después de un largo fin de semana.
Saludos
jueves, 13 de mayo de 2010
Papeles (Relato)
-¿Qué haces aquí?
Esa pregunta me salió del alma, tan rápido que no fui consciente de ella hasta que la oí de mi propia voz. Ella estaba allí plantada frente a mi puerta, con cara de no haber roto nunca un plato, aún sabiendo que me había roto, como quien dice, toda mi vajilla.
-Te echaba de menos.
La última vez que nos vimos me dijo que no quería volver a verme en la vida y ahora, de repente, sorpresa. Como el fogonazo de un radar al tomarte la fotografía prueba de tu infracción. Igual de agradable.
-Desde que rompimos...
Vaya, así que fue algo consensuado. Primera noticia.
-La expresión que buscabas es "Te dejé"
-Como quieras, no he venido a discutir.
Que curioso, ese fue uno de los motivos que esgrimió "Últimamente pasamos todo el tiempo discutiendo" Una vez más discrepancia en los conceptos: ella levantaba la voz, yo intentaba calmarla y dialogar.
-Desde que, como tú dices, te dejé...- el tono de esas dos últimas palabras está cargado de resquemor-...he pensado mucho en ti. En nosotros. Creo que cometí el mayor error de mi vida cuando te separé de mi lado.
Así que ha pensado mucho en mí. Yo pensé mucho en ella. Siempre una copa y yo pensando. Buscando motivos, soluciones, culpas y respuestas. Echando litros de más porque echaba a alguien de menos.
-No sé que quieres que te diga.
-Dime que todavía podemos arreglarlo. Que alguna vez podrás perdonarme. Que podremos volver a estar bien, juntos.
Tengo la bola en mi tejado. Por primera vez en nuestra relación puedo decidir egoístamente, no intentando contentarla con la opción que elija. Si esto fuera una película nos besaríamos, la abrazaría fuerte y lloraríamos mientras la cámara va abriendo el plano, dando la sensación de estar separándose de nosotros, dejándonos disfrutar de nuestra felicidad con intimidad. Pero aquí, en la realidad, las cicatrices no son de maquillaje.
-Honestamente debo agradecerte estas disculpas a tu manera. Y te mentiría si te dijera que estoy mejor sólo, que no me gustaría tener a alguien con quien compartir la vida.- Una sonrisa de esperanza se dibuja en su cara. Nunca esperaba a que terminase de hablar. Sacaba conclusiones precipitadas- Pero si de algo estoy seguro es de que estoy mejor sin ti.- Cuando una ilusión se quiebra suena a cristales rotos. Ya no hay sonrisa en su cara, sino un gesto indefinible- Y ahora si me permites, no me gustaría cerrarte la puerta en las narices.
No tiene voz para decir nada más. La veo darse la vuelta y alejarse caminando lentamente, como aturdida, noqueada por un puño imaginario que la ha golpeado sin esperarlo.
Hemos cambiado los papeles. Me recuerda tanto a mí...
Saludos
lunes, 10 de mayo de 2010
Aceptación (Relato)
Coge su bolsa de tabaco, papel y mechero y se dirige hacia la terraza. Mientras lía el cigarro observa la calle: a altas horas de una templada noche de verano son pocos los coches que circulan por la calzada y sólo rompe la calma del barrio un grupo de chavales que vuelven, supone, de haber tomado unas copas. Su estado provoca que les importe un bledo el ruido que hacen o las voces que están pegando. Todos hemos sido jóvenes, piensa. Aunque de eso hace tiempo, lo que parece una eternidad, sentencia.
Enciende el cigarro y a la primera bocanada de humo que expulsa la acompaña un hondo suspiro. Apoya los brazos en la barandilla, sintiendo la tibieza del hierro, todavía templado después de toda la tarde recibiendo los rayos del sol. Continuamente da caladas al cigarro para evitar que se apague, cosa de esos papeles de combustión lenta, tan diferentes de los normales que se pueden ver en cualquier cajetilla de tabaco. Aunque en realidad también lo hace con la secreta esperanza de coger un ligero mareo, como le ocurría las primeras veces que de joven fumó algún cigarrillo con los amigos del colegio. Quizá eso le ayudase a dormir.
Sin que se de cuenta, ella se ha acercado hasta él hasta abrazarlo cariñosamente por la cintura, apoyando su barbilla sobre el hombro de él, para lo que tiene que ponerse de puntillas.
-¿Qué haces aquí?-le pregunta
-No puedo dormir. ¿Y tú?
-Me he despertado y como no estabas en la cama he venido a buscarte.-mientras le decía esto ella lo ha girado para hablarse a la cara-¿Estás bien?¿Te pasa algo?-pregunta entre preocupada y cortés.
-No te preocupes, estoy bien.-contesta esbozando una sonrisa forzada que debido a la penumbra y a los ojos medio cerrados por el sueño de su pareja pasa desapercibida-Acuéstate. En cuanto termine el cigarro voy para la cama.
-Pero no tardes. Ya sabes que mañana comemos con mis padres y antes tenemos que pasar por algún sitio a comprar el vino.
-De acuerdo.-Le da un beso en la frente como despedida y ella, señalándose el labio, le pide otro que gustosamente le da. La ve alejarse por el salón adivinando su cuidado cuerpo bajo la ancha camiseta que usa para dormir.
Aunque no puedo negar que he tenido suerte, se dice. Ahora su sonrisa es franca, real. Tras un par de caladas mira el cigarro al que todavía le queda un dedo de tabaco. Lo arroja al vacío y lo observa caer dando vueltas, pareciendo que las brasas aún encendidas le estén mandando algún tipo de mensaje de destellos cifrado.
Al volver dentro se huele los dedos, odiando el olor que se ha quedado impregnado en sus yemas. Antes de acostarse pasa por el cuarto de baño y en total oscuridad se lava las manos. En el espejo descubre su silueta a duras penas. Negro sobre negro, pero diferentes tipos. Así, mezclado con el entorno hasta el punto de apenas distinguirse a sí mismo, recuerda una frase con la que ha afrontado toda su vida y que le vacía la mente.
Hasta ahora todo va bien.
Saludos
miércoles, 28 de abril de 2010
LVII
-"Mi Campanilla, mira que desperdiciar a un Peter que hubiese besado el suelo que pisas" Rapsusklei & Hazhe - Jazz Elak Olé
-"El general lamento era que España tenía todo lo bueno que Dios crió, menos gobernantes que supieran su obligación, resultando que con unos y otros siempre estábamos lo mismo" Benito Pérez Galdós - Episodios Nacionales: Luchana
-"...por alguna curiosa razón, los hombres y las mujeres siempre miran primero a una mujer hermosa y luego desvían la vista hacia su acompañante de un modo inquisitivo, a ver quién será ese fulano. Como para comprobar si su apariencia la merece, y si él está a la altura de las circunstancias" Arturo Pérez-Reverte - La carta esférica
Saludos
domingo, 25 de abril de 2010
Recordando: Sigue corriendo (Relato)
Estaba corriendo lo más rápido que podía y conforme lo iba haciendo me daba cuenta de la rápida decadencia de mi forma física. Perdí el ritmo de la respiración. Recuerdo que en el colegio te enseñaban que había que inspirar por la nariz y espirar por la boca. En esos momentos las enseñanzas se desvanecieron. Respiraba como podía, desacompasadamente, siempre por la boca. Nada bueno. Pero tenía que seguir corriendo.
Corrí por sitios que ni siquiera recuerdo, esquivando gente a la que no me daba tiempo a reconocer. Pero tenía que seguir corriendo.
Sudor frío, goteando por mi espalda, empapando mi camiseta. Notaba los latidos de mi corazón en los oídos y martilleando en mis sienes, cada vez más fuertes, cada vez más rápidos, cada vez más dolorosos. Pero tenía que seguir corriendo.
De repente, dolor en el estómago. Eso que llaman flato. Hacía tiempo que no me ocurría, el mismo tiempo que hacía que perdí el hábito del deporte. Fue como un pinzamiento, como si alguien me estuviese estrujando el hígado con sus propias manos. Además noté que mi garganta sabía a sangre. Estaba seca y dolorida por la mala respiración. Pero tenía que seguir corriendo.
Y cuando llegué, ya no estaba allí. Nunca supe si se acababa de marchar, si se había ido hacía ya tiempo o si ni siquiera había estado allí nunca.
Ahora, con el tiempo pasado no recuerdo cual era mi objetivo, hacia qué corría. No recuerdo si era una mujer, un poder, una ambición, un sueño extravagante. No lo consigo recordar. Supongo que, en realidad, no importa fuese lo que fuese.
En lo que ahora pienso es en todo lo que me tuve que perder por ir demasiado rápido.
Saludos
lunes, 19 de abril de 2010
LVI
-"A veces soy cuchillo y a veces soy herida. Y otras veces soy silencio y casi siempre soy ruido" Mártires del Compás - No vale la pena
-"Cada vez me quejo menos. Los problemas son más grandes y duraderos pero los supero" Tote King - Hace tiempo que... con Titó y Quiroga
-"Gran parte de una desgracia cualquiera consiste, por así decirlo, en la sombra de la desgracia, en la reflexión sobre ella. Es decir, en el hecho de que no se limite uno a sufrir, sino que se vea obligado a seguir considerando el hecho que sufre" C. S. Lewis - Una pena en observación
Saludos
lunes, 12 de abril de 2010
Tiempo de clase
Pero no nos colguemos medallas precipitadamente. Todos hemos sido jóvenes y, por tanto, estúpidos. A mi también me aburrían las clases, no por sí mismas, sino por su obligatoriedad.
Si por nosotros fuera, con 12 años no nos metíamos en una clase ni de broma, pero explícale eso a tu madre y a ver que te comenta. Siendo la cosa así, para matar el tiempo realizabas diversas actividades más o menos molestas para el profesor y compañeros, a saber: hablar, dormitar, juegos de bolígrafo, pintar en el libro de turno, arrojar partículas de diferentes materias a compañeros y cualquier otra cosa con la que hayáis perdido el tiempo en clase.
Pero esa cualidad de las clases , la obligatoriedad, se esfuma cuando entras en la facultad. Es irrelevante que entres o no a clase; siempre encontrarás a alguien que te deje, más o menos gustosamente, los apuntes. En el peor de los casos tendrás uno de los raros casos de profesores que pasan control de asistencia esporádicamente para, en caso de nota final dudosa, echarte de la revisión bajo el motivo de que no acudes a clase.
Por eso nunca entenderé a esa gente que entra en clase y se pone a hablar con su amigo. Y no hablo de los casos en los que comentas algún concepto de la explicación, o le repites lo que acaba de dictar el profesor o te permites un chascarrillo de no más de una frase.
Hablo de esa gente que mantiene conversaciones durante la hora que puede durar una clase, obligando al profesor a interrumpir sistemáticamente su explicación para pedir silencio porque, no olvidemos que en una clase en la que pueda haber más de cincuenta personas habrá como mínimo tres o cuatro conversaciones en activo, con el rumor de fondo real y tangible que eso supone.
Vamos a ver: tenéis por lo menos veinte años (sorprendentemente los repetidores y por tanto más mayores son más propensos a la charla) como para andar haciendo el canelo, porque no tiene otra palabra. Perdéis el tiempo y, ya no es que se lo hagáis perder también a vuestros compañeros (que como sois gilipollas seguramente ni los respetéis), sino que se lo hacéis perder al profesor, que no hace más que su trabajo (aunque supongo que como sois gilipollas tampoco lo respetáis)
Y no son insultos gratuitos. Demostráis vuestra gilipollez a diario, entrando a clase para hablar en vez de quedaros bebiendo cerveza en la cafetería, jugando a las cartas en el césped o fumando porros en el aparcamiento, cualquiera de las tres cosas que hacen los estudiantes sensatos cuando quieren charlar con los amigos.
Saludos
(Especial dedicación a mi amigo Manolo que con su recién recibido título de Licenciado no tendrá que soportar más a esta gente y que, además, me ha pedido más artículos y menos relatos)
miércoles, 7 de abril de 2010
Lugares comunes (Relato)
Ella me devuelve una sonrisa cómplice, conocedora de mis varias extravagancias, entre ellas esta de , sin motivo alguno, soltar frases de canciones al azar. Sin embargo, tras la sonrisa cambia su gesto como descubriendo alguna amarga verdad escondida tras mi frase.
-¿Qué te ocurre?-me pregunta.
-¿Cuanto hace que nos conocemos?
-¿Sabes que podemos entrar en un largo bucle como empecemos a contestarnos con más preguntas?-vuelve a sonreír, aunque esta vez algo más forzada, intentando romper una tensión que sabe que se está formando aún sin saber por qué.
Aunque no estamos sólos en la habitación la conversación de nuestros amigos me importa lo mismo que la de unos desconocidos en la mesa contigua de cualquier restaurante.
-No, en serio, ¿desde cuando nos conocemos?¿Desde cuando puede decirse que somos amigos?
-Pues no sé exactamente. Tres años, cuatro quizás-me contesta, cada vez más extrañada del tono que está tomando la charla-Pero ¿a qué viene esa pregunta?
-Tú me conoces. Sabes como soy y lo que me pasa... aunque no siempre... a veces... en realidad casi siempre. Pero contigo es diferente. Contigo estoy como más... ¿cómo decirlo?... más como quiero ser, si es que eso tiene sentido. Por eso contigo es diferente... aunque ahora no lo esté pareciendo. Por eso siempre he pensado en nosotros... en tú y yo, quiero decir... en que quizá... pero siendo amigos entiendo que puede ser complicado... pero no puedo evitar pensarlo-mis ojos vagan en todas direcciones, tan pronto mirando el gesto de incredulidad en su cara como alzándose al cielo suplicando alguna muestra de que comprende lo que le quiero decir-No sé si entiendes lo que quiero decir.
-La verdad es que no-me contesta sin comprender o no queriendo comprenderlo-Pero ¿estás bien?¿Te pasa algo?
-Déjalo-respondo apurando mi copa-Son sólo estupideces.
Saludos