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miércoles, 17 de diciembre de 2008

La soledad que nunca comienza

No es su amiga. Sólo le llena una necesidad: la de compañía. Sin alguien a su lado se abre un abismo a su alrededor.
Lo más probable es que no le interese lo que le diga, quizá ni la escuche y, por supuesto, hablará la mayor parte del tiempo que estén juntas. Pero la necesita a su lado.
Para este tipo de personas la soledad es vacío. Apostaría a que escucha música no sólo porque le guste, sino por sentirse acompañada. Seguro que también canta en voz alta, así de paso se siente escuchada.
Intenta reducir el tiempo que pasa sola al mínimo, siempre en compañía de quien sea. No es porque sea sociable, también conozco más de un caso y no actúan igual. Me repito, pero necesita compañía.
Quizá teme sus pensamientos, quizá teme sus recuerdos, quizá no tiene ninguno de los anteriores y le aterra su mente en blanco. Por eso salta de conversación vana en conversación vana, de charla en charla, de nada en nada.
Puede parecer que se interesa por las cosas de los demás, pero no es más que su pretexto. Una excusa tras la cual, después de haber contestado a su pueril pregunta te convierte en el oyente de un monólogo insustancial, aburrido o, en el mejor de los casos, obvio.
Si hablamos de mí, hablamos de su opuesto. Me gusta la soledad. Me gusta más la compañía de los que son mis amigos, pero disfruto de la soledad. Me permito escucharme, concentrarme, reflexionar, pensar. Sin soledad nada de lo que escribo sería posible. Son cosas como estas las que se pierde.
No la menosprecio ni le falto al respeto. Tampoco la juzgo, no soy quien para ello. Sólo me apiado de ella.
Saludos