La temperatura cayó varios grados antes de comenzar a llover.
El frío y la lluvia sorprendieron a Luis en plena calle y sin más abrigo que un fino jersey. En pocos minutos estaba calado hasta los huesos y tiritando de frío. Las manos en los bolsillos, el cuello encogido entre sus hombros y los dientes castañeteando dibujaban la perfecta imagen del alguien pasándolo mal a la intemperie.
Sin embargo, el inclemente tiempo que le azotaba le hizo sentirse vivo después de mucho tiempo.
Recientes acontecimientos en su vida le habían aturdido crónicamente, como una enfermedad que le hubiese robado la vitalidad hasta convertirlo en un autómata sin propósito ni rumbo.
Cuando salía a la calle, sin un motivo definido, se encontraba, tras un largo caminar, en sitios desconocidos a los que no recordaba haberse dirigido ni cómo haber llegado. Paso tras paso, inconscientemente, trataba de dejar atrás la realidad sin saber que, indefectiblemente, la realidad caminaba siempre a su lado.
El día de la lluvia fue un despertar: sabía que no se merecía nada de eso, que el frío y el agua eran la personificación del destino riéndose a carcajadas en su propia cara y que eso era más que injusto. De alguna manera, tomar conciencia de la aleatoriedad del infortunio, le sirvió para recuperar fuerzas. Vació el vaso de la paciencia, que tiempo atrás venía rebosando, y se dispuso a enfrentarse a todo lo que había cambiado y a aquello que él mismo habría de cambiar.
Harto de la lluvia, entró en la primera cafetería que encontró y, sentándose junto a la barra, pidió un café. El camarero, al servirle, comprobó que estaba empapado pero con una sonrisa calmada en su rostro:
-Veo que le ha cogida la tormenta de pleno. ¡Vaya diíta malo se ha presentado!
Luis, levantando la vista de la taza y manteniendo la sonrisa contestó:
-Un día tan bueno o tan malo como otro cualquiera, ¿no cree?
Saludos
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viernes, 4 de abril de 2014
domingo, 30 de junio de 2013
Lluvia
Esos momentos en los que escupir no es suficiente. Las ideas, los sentimientos, se acumulan y se atoran hasta no poder salir. La única terapia es plasmarlos negro sobre blanco.
La lluvia, purificadora, ayuda. Limpia y acompaña un estado que, no por inesperado, deja de arañar.
Cada no es doloroso, a veces siendo inmerecido e indeseado. Situaciones que no controlas y que todos los interesados querrían cambiar pero no se atreven.
Pero entonces caminas bajo la lluvia, y la música (siempre la música) te recuerdan que nada es tan doloroso ni tan triste; que aunque no aprendas, recordarás; y que mañana, seguramente no más brillante ni más soleado, seguirás siendo la persona orgullosa de ser como eres que siempre has sido.
La sonrisa con la que releo lo escrito se convierte en un bostezo.
Otras tres c's: contento, cansado y consciente.
Un día después no llueve y la sonrisa no se borra de mi cara. Para bien o para mal, todo está hecho. Marcharé de aquí con más cosas de las que llegué. También quizá mejor, quizá distinto de como llegué.
Siempre me gustará la lluvia...
Saludos
La lluvia, purificadora, ayuda. Limpia y acompaña un estado que, no por inesperado, deja de arañar.
Cada no es doloroso, a veces siendo inmerecido e indeseado. Situaciones que no controlas y que todos los interesados querrían cambiar pero no se atreven.
Pero entonces caminas bajo la lluvia, y la música (siempre la música) te recuerdan que nada es tan doloroso ni tan triste; que aunque no aprendas, recordarás; y que mañana, seguramente no más brillante ni más soleado, seguirás siendo la persona orgullosa de ser como eres que siempre has sido.
La sonrisa con la que releo lo escrito se convierte en un bostezo.
Otras tres c's: contento, cansado y consciente.
Un día después no llueve y la sonrisa no se borra de mi cara. Para bien o para mal, todo está hecho. Marcharé de aquí con más cosas de las que llegué. También quizá mejor, quizá distinto de como llegué.
Siempre me gustará la lluvia...
Saludos
jueves, 7 de febrero de 2013
Lluvia de domingo
Paseas bajo la lluvia sin prisa, recreándote en cada paso, en cada gota que golpea en el cristal de tus gafas, en cada canción que te acompaña en tu solitario camino.
Reconoces la canción en cuanto sus primeros acordes se empiezan a escuchar a través de tus auriculares. Oyes ¡Buenos días! ¿Por qué no abrirse al mundo y mirar? y una sonrisa brota exhalando toda la alegría que un día gris y lluvioso no ha conseguido robarte.
Ahora estás menos sólo y, efectivamente, el viento trae ecos de césped recién cortado.
Y aunque el sol de sábado todavía no ha llegado, ni el cielo sea tan azul y tan claro, por vez primera, comienzas a sentirte como en casa.
Saludos.
Especial dedicación a aquellos que, a miles de kilómetros, se preguntarán que tal me van las cosas.
Reconoces la canción en cuanto sus primeros acordes se empiezan a escuchar a través de tus auriculares. Oyes ¡Buenos días! ¿Por qué no abrirse al mundo y mirar? y una sonrisa brota exhalando toda la alegría que un día gris y lluvioso no ha conseguido robarte.
Ahora estás menos sólo y, efectivamente, el viento trae ecos de césped recién cortado.
Y aunque el sol de sábado todavía no ha llegado, ni el cielo sea tan azul y tan claro, por vez primera, comienzas a sentirte como en casa.
Saludos.
Especial dedicación a aquellos que, a miles de kilómetros, se preguntarán que tal me van las cosas.
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