-"Como si el hombre no fuera el mismo, señor, el mismo en todas partes: siempre tan inferior en la precisión de sus instintos a los más brutos animales y tan superior continuamente a la idea que de él logran hacerse los filósofos que comprenden las civilizaciones" Luis Martín Santos - Tiempo de silencio
-"But the little things they make me so happy. All I want to do is live by the sea" Oasis - (It's Good) To Be Free
-"El Sur tiene el arte, el Norte los billetes" Tote King - Red Hot Chili Kinkis con Spanish Fly
-"[...], adherido al árbol de la vida por donde había brotado, como un clown a través del disco de papel, a un circo en el que no sabe contar chistes" Luis Martín Santos - Tiempo de silencio
Saludos
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martes, 10 de junio de 2014
CXVII
Referencias:
arte,
billetes,
libro,
Luis Martín Santos,
mar,
norte,
Oasis,
Spanish Fly,
sur,
Tiempo de silencio,
Tote King
sábado, 22 de febrero de 2014
Todos tenemos un barco
Mi barco me lleva donde quiero; paisajes ya visitados, nuevos puertos por descubrir, rutas sin planificar. Despliego velas cuando quiero viajar rápido. A veces, simplemente, disfruto flotando en la inmensidad del mar.
Desde mi barco observo costas, playas y acantilados; una miríada de estrellas en las noches despejadas; la profundidad azul verdosa del agua. El azul fundiéndose con el azul en el horizonte.
En mi barco cada vez me acompañan más libros y canciones. Muchos botellines de cerveza vacíos.
Preparo grandes manjares en mi barco; fastuosos banquetes y frugales comidas.
Una escala siempre cuelga por la borda de mi barco; a veces la tentación de saltar, sin importar la temperatura del agua, es imposible de vencer.
Fenómenos atmosféricos se alían para hundir mi barco; olas gigantes y vientos huracanados que me lanzan contra afiladas rocas. La fragilidad de una cáscara de nuez. La resistencia de un acorazado. Siempre salimos victoriosos: no estaría aquí si fuera de otra manera.
En mi barco medito con la calma y calidez de los días soleados; grito hasta romperme la garganta en lenguajes inventados imaginando que alguien me escucha y entiende; corro desnudo por la cubierta en una ficticia caza de ancestrales animales salvajes; mantengo diálogos entre dos contertulios en infinito desacuerdo; cuento los dedos de mis manos hasta que hacen un número impar; dirijo una orquesta plagada de músicos virtuosos; me enfrento, retador, a deidades ya olvidadas; espero que las cosas cambien para algún día volver; hago planes de acontecimientos que nunca sucederán.
Mi barco me permite ser libre, ser yo; ni fingir ni actuar. Aislarme del resto; de sus fingimientos y actuaciones.
La capacidad de mi barco es limitada, pero siempre hay hueco para ti.
Saludos
Desde mi barco observo costas, playas y acantilados; una miríada de estrellas en las noches despejadas; la profundidad azul verdosa del agua. El azul fundiéndose con el azul en el horizonte.
En mi barco cada vez me acompañan más libros y canciones. Muchos botellines de cerveza vacíos.
Preparo grandes manjares en mi barco; fastuosos banquetes y frugales comidas.
Una escala siempre cuelga por la borda de mi barco; a veces la tentación de saltar, sin importar la temperatura del agua, es imposible de vencer.
Fenómenos atmosféricos se alían para hundir mi barco; olas gigantes y vientos huracanados que me lanzan contra afiladas rocas. La fragilidad de una cáscara de nuez. La resistencia de un acorazado. Siempre salimos victoriosos: no estaría aquí si fuera de otra manera.
En mi barco medito con la calma y calidez de los días soleados; grito hasta romperme la garganta en lenguajes inventados imaginando que alguien me escucha y entiende; corro desnudo por la cubierta en una ficticia caza de ancestrales animales salvajes; mantengo diálogos entre dos contertulios en infinito desacuerdo; cuento los dedos de mis manos hasta que hacen un número impar; dirijo una orquesta plagada de músicos virtuosos; me enfrento, retador, a deidades ya olvidadas; espero que las cosas cambien para algún día volver; hago planes de acontecimientos que nunca sucederán.
Mi barco me permite ser libre, ser yo; ni fingir ni actuar. Aislarme del resto; de sus fingimientos y actuaciones.
La capacidad de mi barco es limitada, pero siempre hay hueco para ti.
Saludos
jueves, 8 de septiembre de 2011
Orillas (Relato)
Sus solitarios pasos resuenan en la calle sólo ahogados por los pocos coches que, a estas horas de la madrugada, se dirigen a destinos desconocidos.
La manos en los bolsillos, la cabeza gacha y una estela de pesadumbre tras de sí. La viva imagen de la desolación, si es que a un cuerpo con el alma destrozada se le puede considerar vivo.
Su vida ha cambiado tanto de un tiempo hacia acá que únicamente su bien amueblada cabeza le ha permitido mantener la lucidez y ordenar, casi desde cero, su futuro más inmediato.
Camina hacia el sitio que siempre le transmite serenidad. Un sitio que, por cercanía, siempre ha considerado parte de su casa.
Por la noche el mar une su oscura inmensidad con la del cielo. Hasta la orilla ha llegado el protagonista de esta historia (la historia de su vida), que se sienta sobre la húmeda arena sin importarle mojar su ropa.
Es consciente de la antítesis: algo tan cambiante y en continuo movimiento como el mar es su punto de anclaje, el pilar que siempre ha formado parte de su existencia porque siempre ha estado ahí.
Incluso él, como cualquier persona lúcida en una situación desesperada, ha pensado en abandonar, rendirse. Dejar de luchar y permitir que la corriente de los acontecimientos lo arrastre a cualquier orilla. Orilla como en la que está sentado. Pero no. Sabe perfectamente a dónde quiere llegar: ya ha elegido en qué orilla quiere desembarcar y sabe que sólo con su esfuerzo y con pasos seguros, aunque en ocasiones dolorosos, podrá llegar allí donde desea.
Absorbe la calma que desprende el mar y el sonido de las olas. Olas que, igual que arrastran piedras y conchas, se llevan consigo toda la maraña de pensamientos que enturbiaban esta noche su mente.
Es hora de volver a casa. Un sueño reparador será el epílogo de este mal día y, a su vez, el prólogo de un nuevo día en el que seguir escribiendo su propia vida...
Saludos
Especial dedicación a todos aquellos que estuviesen esperando algo nuevo.
La manos en los bolsillos, la cabeza gacha y una estela de pesadumbre tras de sí. La viva imagen de la desolación, si es que a un cuerpo con el alma destrozada se le puede considerar vivo.
Su vida ha cambiado tanto de un tiempo hacia acá que únicamente su bien amueblada cabeza le ha permitido mantener la lucidez y ordenar, casi desde cero, su futuro más inmediato.
Camina hacia el sitio que siempre le transmite serenidad. Un sitio que, por cercanía, siempre ha considerado parte de su casa.
Por la noche el mar une su oscura inmensidad con la del cielo. Hasta la orilla ha llegado el protagonista de esta historia (la historia de su vida), que se sienta sobre la húmeda arena sin importarle mojar su ropa.
Es consciente de la antítesis: algo tan cambiante y en continuo movimiento como el mar es su punto de anclaje, el pilar que siempre ha formado parte de su existencia porque siempre ha estado ahí.
Incluso él, como cualquier persona lúcida en una situación desesperada, ha pensado en abandonar, rendirse. Dejar de luchar y permitir que la corriente de los acontecimientos lo arrastre a cualquier orilla. Orilla como en la que está sentado. Pero no. Sabe perfectamente a dónde quiere llegar: ya ha elegido en qué orilla quiere desembarcar y sabe que sólo con su esfuerzo y con pasos seguros, aunque en ocasiones dolorosos, podrá llegar allí donde desea.
Absorbe la calma que desprende el mar y el sonido de las olas. Olas que, igual que arrastran piedras y conchas, se llevan consigo toda la maraña de pensamientos que enturbiaban esta noche su mente.
Es hora de volver a casa. Un sueño reparador será el epílogo de este mal día y, a su vez, el prólogo de un nuevo día en el que seguir escribiendo su propia vida...
Saludos
Especial dedicación a todos aquellos que estuviesen esperando algo nuevo.
domingo, 3 de agosto de 2008
Oasis
Un viento cálido golpea mi cara. Noto como pequeñas partículas de arena ametrallan cada poro de mi piel. El nacimiento de un nuevo día ante mis ojos. Amanece sobre el mar y yo lo observo desde una duna en la playa.
Camino por la orilla mientras suaves olas mojan mis pies con una agradable sensación de frescor. Busco con la mirada piedras redondeadas por la acción erosionadora del agua, las recojo y las lanzo hacia el mar con fuerza. Me gusta ver como salpican agua cuando entran en contacto con ella. Nunca aprendí a hacer ranitas con las piedras, ya sabéis, lanzarlas en un ángulo muy pequeño con respecto a la horizontal para que hagan saltos con la superficie del mar.
Un niño hace un castillo de arena con un foso rodeándolo. Se acerca a la orilla con su cubito para llenar de agua el foso que rodea su castillo. Yo hacía castillos. Me gustaba jugar con la arena, embadurnarme con ella, acabar rebozado para lanzarme al agua y quitarmela de encima. Una sensación de limpieza instantánea. Conforme me hago mayor soporto menos la arena en mi cuerpo. Ahora la aparto escrupulosamente cuando cae sobre mi toalla.
Un grupo de chavales juegan a lanzarse arena mojada. Eran batallas interminables, con aliados que se traicionaban, con falsas treguas, con heridos que corrían a lavarse arena de los ojos, con daños colaterales en personas mayoras que se veían salpicadas por alguna ráfaga extraviada. Ahí acababan, con una sonrisa en la boca de todos y cada uno de los contendientes.
Una familia empieza a organizar su día de playa: sombrillas, sillas, neveras portátiles, cartas, cervezas, platos de plástico, la típica navaja albaceteña con el mango de madera, tortillas de patatas, chorizo y jamón. Hoy día están de moda las mini carpas de plástico; fortines de playa para tomar en propiedad algunos metros cuadrados de arena.
Abandono la playa cuando empieza a abarrotarse. Todo es una marabunta de gente buscando desesperadamente un sitio donde estirar su toalla, llenando a pulmón colchones de plastico para introducirse mar adentro en un vano intento de relajación, gorras de publicidad llevadas con orgullo y esos pequeños conos para tirar las colillas.
Los paraisos cierran cuando llega gente.
Saludos
Camino por la orilla mientras suaves olas mojan mis pies con una agradable sensación de frescor. Busco con la mirada piedras redondeadas por la acción erosionadora del agua, las recojo y las lanzo hacia el mar con fuerza. Me gusta ver como salpican agua cuando entran en contacto con ella. Nunca aprendí a hacer ranitas con las piedras, ya sabéis, lanzarlas en un ángulo muy pequeño con respecto a la horizontal para que hagan saltos con la superficie del mar.
Un niño hace un castillo de arena con un foso rodeándolo. Se acerca a la orilla con su cubito para llenar de agua el foso que rodea su castillo. Yo hacía castillos. Me gustaba jugar con la arena, embadurnarme con ella, acabar rebozado para lanzarme al agua y quitarmela de encima. Una sensación de limpieza instantánea. Conforme me hago mayor soporto menos la arena en mi cuerpo. Ahora la aparto escrupulosamente cuando cae sobre mi toalla.
Un grupo de chavales juegan a lanzarse arena mojada. Eran batallas interminables, con aliados que se traicionaban, con falsas treguas, con heridos que corrían a lavarse arena de los ojos, con daños colaterales en personas mayoras que se veían salpicadas por alguna ráfaga extraviada. Ahí acababan, con una sonrisa en la boca de todos y cada uno de los contendientes.
Una familia empieza a organizar su día de playa: sombrillas, sillas, neveras portátiles, cartas, cervezas, platos de plástico, la típica navaja albaceteña con el mango de madera, tortillas de patatas, chorizo y jamón. Hoy día están de moda las mini carpas de plástico; fortines de playa para tomar en propiedad algunos metros cuadrados de arena.
Abandono la playa cuando empieza a abarrotarse. Todo es una marabunta de gente buscando desesperadamente un sitio donde estirar su toalla, llenando a pulmón colchones de plastico para introducirse mar adentro en un vano intento de relajación, gorras de publicidad llevadas con orgullo y esos pequeños conos para tirar las colillas.
Los paraisos cierran cuando llega gente.
Saludos
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