martes, 28 de diciembre de 2010

LX

-"I didn't choose this life, this life chose me. I don't owe the game, the game owes me. I might know you but you don't know me" Snowgoons - Cold Dayz feat. FT, Lord Willin & Reef The Lost Cauze

-Aquello era un cementerio de viejas glorias. Gente que debería haber muerto a los 23 años.

-La pelea de enamorados en la que él acaba llorando.

-El tío dormido en la parada del autobús con la gorra puesta a las cinco de la mañana.

Saludos

martes, 21 de diciembre de 2010

Desapego (Relato)

Escucha cómo él se acerca por el pasillo. Ella, los ojos cerrados aunque no dormida, lleva un buen rato en la cama, esperándolo. Primero leyendo, hasta que, fruto del cansancio, las letras se juntaban unas con otras hasta hacer indescifrables las palabras. Después, tras apagar la luz, incapaz de conciliar el sueño en una jugarreta de su cabeza.
Él se tumba a su lado intentando hacer el mínimo ruido posible, aunque un profundo suspiro se escapa por su boca. Ella, sintiéndose culpable de una situación que ninguno de los dos ha deseado o causado, no le demuestra que está despierta. En su lugar, como por obligación, como si fuera lo que tiene que hacer, se gira hacia él y, haciéndose la dormida, pone su brazo en torno a él que, rígido y distante a pesar de estar a su lado, lo recibe resignado, como por obligación, como si fuera lo que tiene que hacer.
Llevan meses sin practicar sexo. Ni como rutina está ya en sus vidas. Desapareció ese sexo mecánico, desapasionado, de sábado sabadete, cumplidor con una ley no escrita que dice que los matrimonios tiene que acostarse juntos.
Ella le sigue queriendo. No de la manera alocada e irracional (¿pura?) del principio sino de un modo más sensato e interesado, consciente de la conveniencia y seguridad de seguir junto a él, aunque ese junto a él no sea más que una expresión.
Una idea, un pensamiento materializado desde hace mucho, la acompaña hasta que se duerme: sensación extraña la de seguir queriendo a alguien a pesar de un total desapego.

Saludos

lunes, 20 de diciembre de 2010

LIX

-"... había aprendido que son los silencios propios, hábilmente administrados, los que hacen que los otros hablen" Arturo Pérez-Reverte - La Reina del Sur

-"Pertenecéis a una generación que no lee las instrucciones y hace las cosas directamente"

-"Algo falla si estás rodeado y entre gente te sientes sólo" A3Bandas - Algo falla

-"Soy el silencio previo al gol de Iniesta" Capaz - Pan caliente con Kase O

Saludos

domingo, 12 de diciembre de 2010

Inoportuno (Relato)

Ninguna llamada de madrugada trae buenas noticias. A no ser que tengas amigos inoportunos. Entonces la característica fundamental de una llamada a media noche, esa mala noticia que te va cantando cada tono del teléfono, se transforma en una molestia proporcional a la borrachera que gaste tu forzado interlocutor.
-Tío, ¿dónde estás?- gritan al otro lado del teléfono, sumado al ambiente infernal que inunda el auricular.
-Joder, estás llamando a mi casa ¿dónde mierda crees que estoy? Llevo horas durmiendo, ¿Qué quieres?
-Vente que estamos aquí todos.- sus gritos aumentan cogidos de la mano con mi cabreo. Lanzar el teléfono contra la pared, que es lo que me pide el cuerpo, sería algo de lo que me arrepentiría en el momento justo en que abandonase mi mano hacia su destrucción.
-Cariño, ¿quién es?- mi novia, que hasta ahora dormía como yo, se une a la conversación
-Uno de mis impresentables amigos.- le digo mientras tapo el micrófono con la mano- No te preocupes y duerme.
-¿Con quién estás?- el borracho al que intento colgar gentilmente, todo sea por la amistad, ha escuchado a una mujer llamarme cariño y preguntar quién es, una mujer de la que no he hablado a ninguno de mis amigos porque siguen empeñados en que nos follemos a todo lo que se cruce por delante nuestra, como la camarera de ese bar al que solemos ir que que, según ellos, me come con la mirada.
-¿Con quién voy a estar?... con nadie. Dejadme dormir tranquilo, cabrones.- Cuelgo sin dar opción a réplica. Estoy tentado a dejar descolgado el teléfono, pero confío en que el alcohol les haya dejado un resquicio de sentido común como para no repetir la llamada.
-¿Por qué le has dicho que no estabas con nadie?- mi novia, de repente despejada y lista para la batalla me pregunta inquisitiva, vislumbrando la falta de información que tienen mis amigos con respecto a ella.
-¿Cómo que por qué?... por nada. Así le daba largas más rápido para poder colgarle.
-Era igual de rápido decirle que estabas conmigo.- su cabreo, inexistente hacía dos minutos, ha alcanzado el nivel del mío al inicio del diálogo telefónico y lo deja atrás a una velocidad pasmosa.
-Nena, está borracho, si le sigo tu nombre se va a hacer un lío y voy a tener que recordarle quién eres.- "recordarle": espero que una mentira piadosa suavice la situación.
-Señal de que no le has hablado lo suficiente de mi.- lanzo y... fallo- ¿Te avergüenzas de mí y por eso tus amigos no me conocen?
Mi cuello no puede sostener mi cabeza que cae abatida. Resignado y superado por la situación, me mentalizo para una larga conversación plagada de te quieros y cariños como atenuantes de su enfado; conversación en la que le razonaré una y otra vez mis inconsistentes motivos para no haber hablado de ella con mis amigos. Conversación en la que, al final, sólo quedará en claro mi incapacidad de resolver una situación cuando me despiertan de madrugada de manera inadecuada.
Va a resultar que estas llamadas siempre traen malas noticias.

Saludos

martes, 23 de noviembre de 2010

Normalidad

Te escuché hablar y no te creí. La sensación es que no te creías ni tú mismo. Te intentabas auto-convencer de que tus palabras eran verídicas, que eran lo que pensabas o lo que sentías o una mezcla de ambas. Como el niño que cree que diciendo sus deseos en voz alta, se cumplirán.
El tiempo, en este caso, puede llevarnos a una resolución equívoca. ¿Cómo saber si te tratabas de convencer a ti mismo o si, por el contrario, eran verdades como puños todo lo que dijiste? Sólo un ejercicio de revisión de conciencia podría resolver esta duda, pero es algo que nunca harás porque nunca hablaremos de esto. Fue una conversación de tantas. Sólo mi curiosidad podría hacer que revivamos esa situación para averiguar una verdad irrelevante.

Desde que ocurrió lo inevitable siento una egoísta liberación. Únicamente había tristeza al hablar sobre él, al responder preguntas lógicas en ese momento. ¿Cómo estás? era un puñal que se me clavaba en la garganta. Cualquier otro momento era anestesia, irrealidad. Vivencias repitiéndose hasta convertirse en sufrida normalidad.
Lugares comunes que, aunque pocas veces transitados, marcan profundamente, como si fuese más sencillo recordar lo negativo. La trampa de recrear la miseria, los momentos más bajos.

El destino nos alcanza suficientes veces como para acomodarnos en situaciones de las que nos hemos convencido de lo bien que estamos en ellas. Parece confuso pero lo simplificaré. De nada sirve esto está bien si no es esto lo que quiero. Siempre hay tiempo para lo que está bien pero se agota para lo que apetece.
No estoy hablando del trasnochado concepto de carpe diem, latinismo en el que muchos jóvenes se amparan para hacer el gilipollas sin cargo de conciencia (posiblemente único latinismo que conozcan)
La comodidad parece adecuada pero es destructiva si no estamos realmente a gusto en ella. Forzar la comodidad no funciona.

Divago. Será mejor dejarlo aquí.

Saludos

miércoles, 27 de octubre de 2010

Catarsis

Siempre que me preguntan un genérico ¿Qué tal? suelo responder con un ambiguo No me puedo quejar. Normalmente es mentira.
No es la primera vez que recojo mierda del suelo. Literalmente. Tampoco será la última tal y como están las cosas.
85 años no pasan en balde. Toda una vida que, para seguir funcionando, consume parte de vida de la gente que tiene alrededor.
Dependencia total. No es Os necesito, es Sin vosotros no podría llamar a esto vivir.
Por otra parte el dolor de ambos pies parcialmente necrotizados le obligan a tomar morfina. Se ha convertido en un autómata que únicamente conserva la testarudez como distintivo humanizador. Con la cabeza perdida y encima tozudo. Sancho Panza convenciendo a Don Quijote de que lo que ve no son gigantes.
Hemos escuchado decenas de delirios y alucinaciones: barro hasta las piernas, personas deambulando ante sus ojos, animales correteando por el suelo, charcos en el suelo... Es usual verle manipulando el aire, soltar con delicadeza desechos imaginarios sobre la mesa. Su cabeza, en un macabro juego, le hace recrear épocas pasadas, los viejos tiempos, los buenos tiempos.
Pasa las horas muertas dormitando, llegando a dormirse mientras intenta hablarte tratando de enlazar pensamientos inconexos. Jirones de realidad que su cerebro agotado trata de coser.

A veces, sin importar el momento, las lágrimas simplemente te brotan. Son fruto de la pena, de la impotencia, del cansancio mental y físico (durante la noche estás en un continuo duermevela, atento a lo que pueda pasar), de una rabia contenida y acumulada. Rabia porque no hay mejora posible, porque nada a lo que llamemos Dios debería permitir esto, porque la única explicación es el Así es la vida.

Sirva esto como limpia, como un sacar la basura que se me podría por dentro, como futuros No me puedo quejar.

Saludos

martes, 12 de octubre de 2010

Una noche fría y oscura

Y es que en la vida hay que ir tirando, cada uno a su manera. O como se pueda.
Como un caracol, arrastrándose y cargando hasta la muerte con un peso proporcional a su existencia, rezando para que ningún grillo vacilón se le suba a la concha o que ninguna colonia de hormigas decida que él será su reserva de comida. Suficientemente perra es la vida y encima siempre hay cabrones dando vueltas pensando como jodérsela a los demás.
O como los cangrejos ermitaños, que parecen existir únicamente para que nosotros, de pequeños, los desenterremos de la arena y juguemos con ellos en nuestro cubito de playa hasta cansarnos y devolverlos a su insulsa y placentera vida. A veces los cabrones que andan dando vueltas por ahí somos nosotros.
Todo es seguir hacia delante, siempre hacia delante, hasta que levantas la cabeza y te das cuenta de todas las veces que anduviste en círculo, siendo consciente en ese momento de que no llegaste tan lejos como pensabas pero estás tan cansado que ya nunca podrás llegar. Tan cansado que te dejarías llevar al infierno con la condición de no dar un sólo paso más.
Y el destino te alcanza y, dependiendo tu velocidad, te golpea como si un coche te atropellase o fluyes con él como un surfista coge una ola y la cabalga. Decepción o euforia.
Pero ya es tarde, no para mí, ni siquiera para ninguno de vosotros. Es tarde por la hora en la que escribo esto. No tengo nada más que decir a las 1:20 de la ¿noche o madrugada?

Saludos

viernes, 1 de octubre de 2010

Oración 4

Ese indefinible escalón que existe entre amigos y conocidos.
¿Existe un cubo de reciclaje para antiguos amigos?
Buscando ideas como quien busca un tesoro escondido: un viejo mapa en las manos y ganas de trabajar en ello.
La fina línea que separa lo tangible de lo imaginario. Todo lo antitético se dice que está separado por finas líneas.
¿Cómo de ancha es en realidad una frontera?
Hasta que no pueda sentir nada y el dolor se haya ido...
Borrando frases. Borrando pensamientos.
Demasiado tiempo libre hace de mí un vago.
Por muchas vueltas que le doy sigo sin encontrar una explicación lógica. Sigue sin haber comunicación pero volvemos a estar "conectados". Al terminar de escribirlo le encuentro un segundo sentido.
No hay nada que te ayude a escapar excepto esa puerta con un cartel en el que pone "Salida".
Nada de esto representa a nadie, únicamente a un servidor. Aunque haya cosas que ni yo mismo me creo.
Mirando la pantalla como si las palabras fuesen a brotar por sí solas.
Como en un concierto, todo el mundo con sus mecheros encendidos para el gran final.
Todo en esta vida es un día más...

Saludos

lunes, 30 de agosto de 2010

Sinceridad-Crueldad

Eres pesada. Me aburres de una manera que no puedes ni imaginar. Ningún tema de los que me has podido hablar me ha interesado lo más mínimo. Siempre intentaba prestar atención a lo que decía la gente a nuestro alrededor para no tener que bostezar en tu cara. Rezaba con que alguien me llamase para poder interrumpirte.
Tu no tienes ni puta gracia. Todas las cosas que haces y dices que crees que son graciosas no lo son en absoluto. Y el hecho de que repitas una y otra vez las mismas paridas hace que la cosa empeore más allá de lo soportable. Y eso por no hablar de tu actitud así, en general. Porque todo es un problema de egocentrismo. La inconsciencia de ser un pamplina y no saberlo.
Vosotros sois del género tonto. Autistas en estado normal y cuando habláis monotemáticos. Cada vez que pienso en qué es peor mi conclusión es el suicidio. Dando lecciones de cosas que ni siquiera domináis. Para darnos lecciones os quedáis callados y para quedaros callados os quedáis en casa.
A ti todo lo que te diga te va a dar igual porque no te importa lo que te dice la gente. No te molestas en escucharlos, eso sí, que un foco te alumbre y silencio absoluto cuando tomas la palabra. Sentando cátedra. Pobres de nosotros que necesitamos de tu compañía para animar la reunión. La próxima vez que escuche tu típica frase de despedida debería mandarte al carajo.
Y qué hay de mí. Me creo poseedor de la verdad y por encima de todos los citados, pedante, hablando de cosas fuera de contexto y con los cojones desaparecidos en zona de paz. Cuando lanzo mierda también me salpica.
Pero al menos soy sincero (cruel)

¿Y qué hay de vosotros?

Y ahora que te has ido todo sigue igual porque siempre estás lejos.

Saludos

domingo, 22 de agosto de 2010

Diálogos

La eterna duda entre decir la verdad o lo conveniente.
Lo conveniente: una mentira (¿piadosa?), un eufemismo. Una manera de continuar una conversación hasta llegar a un objetivo, esquivando verdades, dejando caer conveniencias. Siempre con una sonrisa en la cara.
Es incierto que el alcohol actúe de desinhibidor, simplemente ayuda a mantener esa sonrisa enmascaradora de pensamientos.
A veces la verdad y lo conveniente son lo mismo, pero algo que no nos atrevemos a decir. Se crea entonces un ente difuso que llamamos hablar de nada porque temo hablar de lo que quiero, porque temo tu reacción, porque temo tu negativa.
Si esa negativa se produce, lo que creíamos conveniente ¿se convierte en inconveniente?
No olvidemos que la conveniencia de lo dicho dependerá de la reacción de nuestro interlocutor.
Y es que cuando dices la verdad te miran como si les estuvieras mintiendo. Acostumbradas a escuchar conveniencias han perdido la capacidad de discernir entre verdad y mentira.
Nos convertimos en seres desconfiados creyendo que todos actúan como nosotros, hablando vaguedades que no nos comprometan pero que al mismo tiempo bajen las defensas ajenas, intentando no caer en contradicciones y buscando las contradicciones ajenas como línea de flotación sobre la que atacar.
Porque todos queremos lo mismo, pero nadie lo dice directamente y perdemos el tiempo.
Y mientras tanto más meses de espera...

Saludos