Se rompe el silencio por el estruendo que producen bombas y excavadoras.
El cantante que salta al escenario a hacerse un bis mientras el público ruge al escuchar las primeras notas de una canción inmensamente conocida.
Su voz susurrando en tu oído hace que se enciendan cada una de tus células mientras tú, todo latidos y sudor, te agarras al colchón porque crees ser liviano y poder volar.
Despedidas que podrían alargarse hasta convertirse en reencuentros.
Viaje con hotel y sin prisas.
Todas las palabras que sueltas, las historias que cuentas, no tienen billete de vuelta. Se desplazan y colonizan mentes ajenas, dejando un vacío en la tuya.
Una caverna que se llena con cada gota que se filtra a través de la roca.
Caminar por un paisaje desolado en vez de tratar de crear un vergel a base de esfuerzo.
Las fotos en la pared varían conforme la gente que en ellas aparecen van entrando y saliendo de tu vida.
Nunca las palabras de alguien te harán ganar suficiente confianza contra un terror primario e irracional.
Pero sí que una mano agarrando con fuerza la tuya te llevará allí a donde queráis llegar.
Saludos
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lunes, 10 de agosto de 2015
domingo, 9 de noviembre de 2014
Muro de silencio (Relato)
Terminó por quedarse sordo. Sus capacidades auditivas se fueron deteriorando progresivamente; como si el mundo sonoro, poco a poco, hubiese ido bajando el volumen hasta quedarse completamente mudo. Pero no era cosa del mundo, el problema era estrictamente suyo.
Aunque conocía perfectamente su inexorable destino, meses después de que este llegara se encontraba muy deprimido. Aquellos que creían conocerle daban una explicación muy sencilla: para un melómano reconocido, el no poder escuchar música era un castigo vital.
En realidad, quienes sostenían esa teoría estaban equivocados.
Las canciones que significaban algo para él seguían estando en su cabeza. Le bastaba sentir las vibraciones en los altavoces de su equipo de música para distinguir cada quiebro en la canción, cada cambio rítmico, cada floritura solista. Su cerebro era una reproductor portátil con baterías inagotables.
Lo que hacía que estuviese deprimido es que nunca la volvería a escuchar.
No dejaba de ser irónico: nunca había pensado que ella tuviese una voz bonita, de esas que solemos asociar a locutores de radio. Sin embargo, verla sentada frente a él y no poder oírla le rasgaba el alma. Sabía que, irremediablemente, terminaría olvidando como sonaba su voz: aquí no había una melodía y un ritmo que asociar a un timbre de voz. Escucharla a diario había hecho que no reparase en los matices de su voz, por lo que bien podría tener una voz distinta de la que él todavía creía recordar.
Era algo simple, pero en adelante, siempre echaría de menos el oírla llamarlo por su nombre.
Saludos
Aunque conocía perfectamente su inexorable destino, meses después de que este llegara se encontraba muy deprimido. Aquellos que creían conocerle daban una explicación muy sencilla: para un melómano reconocido, el no poder escuchar música era un castigo vital.
En realidad, quienes sostenían esa teoría estaban equivocados.
Las canciones que significaban algo para él seguían estando en su cabeza. Le bastaba sentir las vibraciones en los altavoces de su equipo de música para distinguir cada quiebro en la canción, cada cambio rítmico, cada floritura solista. Su cerebro era una reproductor portátil con baterías inagotables.
Lo que hacía que estuviese deprimido es que nunca la volvería a escuchar.
No dejaba de ser irónico: nunca había pensado que ella tuviese una voz bonita, de esas que solemos asociar a locutores de radio. Sin embargo, verla sentada frente a él y no poder oírla le rasgaba el alma. Sabía que, irremediablemente, terminaría olvidando como sonaba su voz: aquí no había una melodía y un ritmo que asociar a un timbre de voz. Escucharla a diario había hecho que no reparase en los matices de su voz, por lo que bien podría tener una voz distinta de la que él todavía creía recordar.
Era algo simple, pero en adelante, siempre echaría de menos el oírla llamarlo por su nombre.
Saludos
sábado, 1 de marzo de 2014
Cierra los ojos
Cierra los ojos y camina. ¿Cuántos pasos serías capaz de dar antes de volver a abrirlos? ¿Qué temes más, el desconocimiento y la inseguridad de saber dónde te llevará el siguiente paso, o el dolor que te provocaría golpearte contra algo o caer en el abismo que podría abrirse a tus pies?
Cierra los ojos y camina. Mi voz guiará tus pasos. ¿Harías caso de lo que te diga con fe ciega? ¿Entreabrirías los ojos para asegurarte de que no miento, de que te dirijo con seguridad hasta tu destino? ¿Desoirías mis palabras y, simplemente, te dirigirías hacia el origen de mi voz?
Cierra los ojos y camina. Te cogeré de la mano y caminaré a tu lado. ¿Compartirías mi futuro sin saber dónde te llevaré? ¿Soltarías mi mano si el suelo se vuelve irregular o la apretarías con más fuerza? ¿Seguirías confiando en mí si en algún momento tropezamos?
Abre los ojos. Tu camino es tuyo.
Saludos
Cierra los ojos y camina. Mi voz guiará tus pasos. ¿Harías caso de lo que te diga con fe ciega? ¿Entreabrirías los ojos para asegurarte de que no miento, de que te dirijo con seguridad hasta tu destino? ¿Desoirías mis palabras y, simplemente, te dirigirías hacia el origen de mi voz?
Cierra los ojos y camina. Te cogeré de la mano y caminaré a tu lado. ¿Compartirías mi futuro sin saber dónde te llevaré? ¿Soltarías mi mano si el suelo se vuelve irregular o la apretarías con más fuerza? ¿Seguirías confiando en mí si en algún momento tropezamos?
Abre los ojos. Tu camino es tuyo.
Saludos
sábado, 24 de agosto de 2013
Círculo verde (Relato)
-No te lo vas a creer, pero he encendido el ordenador sólo para comprobar si, por casualidad, estabas conectada.
-¿Y eso?
-Me apetecía conversar con alguien con la que he compartido algo más que tiempo. Es la única razón que puedo darte, tenga sentido o no.
-Para eso no me necesitas a mí concretamente, tienes otra mucha gente que cumple ese requisito tan ambiguo.
-Como te he dicho, esa es la única razón que puedo compartir contigo, lo que no significa que tenga otras de las que puede que me avergüence o de las que te podrías asustar.
-¿Y qué vas a hacer ahora que no estoy conectada?
-Seguir charlando como si estuvieses aquí.
-¿Y eso no es, en realidad, hablar contigo mismo?
-Sin duda. Pero, de alguna retorcida manera, sigo cumpliendo el requisito que me trajo aquí.
-[...]
-[...]
-¿Cuánto tiempo llevabas sin hacer esto, parar a escucharte?
-Más del que puedo recordar.
-¿Y no será que ni siquiera querías encontrarme? ¿Que la única razón por la que encendiste el ordenador y por la que ahora ignoras el resto de círculos verdes es porque necesitabas tiempo para recuperar tu otra voz?
-Me conoces mejor que nadie...
Saludos
-¿Y eso?
-Me apetecía conversar con alguien con la que he compartido algo más que tiempo. Es la única razón que puedo darte, tenga sentido o no.
-Para eso no me necesitas a mí concretamente, tienes otra mucha gente que cumple ese requisito tan ambiguo.
-Como te he dicho, esa es la única razón que puedo compartir contigo, lo que no significa que tenga otras de las que puede que me avergüence o de las que te podrías asustar.
-¿Y qué vas a hacer ahora que no estoy conectada?
-Seguir charlando como si estuvieses aquí.
-¿Y eso no es, en realidad, hablar contigo mismo?
-Sin duda. Pero, de alguna retorcida manera, sigo cumpliendo el requisito que me trajo aquí.
-[...]
-[...]
-¿Cuánto tiempo llevabas sin hacer esto, parar a escucharte?
-Más del que puedo recordar.
-¿Y no será que ni siquiera querías encontrarme? ¿Que la única razón por la que encendiste el ordenador y por la que ahora ignoras el resto de círculos verdes es porque necesitabas tiempo para recuperar tu otra voz?
-Me conoces mejor que nadie...
Saludos
Referencias:
circulo verde,
conversacion,
relato,
requisito,
voz
viernes, 25 de noviembre de 2011
Auto-consciencia (Relato)
-Despierta. ¡Despierta!
-¿Qué?¿Dónde estoy?¿Quién eres?
-¿No te resulta familiar mi voz?
-Así de repente, no. ¿Por qué?¿Debería?
-No se si sentirme ofendido o preocuparme. ¿En serio no me reconoces?
-Mira, vamos a terminar antes si me dices quien eres.
-Soy tú.
-¿Cómo que eres yo?
-Si, bueno, no todo tú, una parte de ti.
-¿De qué estás hablando?
-Esto está resultando más complicado de lo que pensaba. No se te da nada bien eso de tomar conciencia de ti mismo.
-¿Vas a seguir criticándome o me vas a explicar lo de que eres una parte de mí?
-Tampoco hace falta que te pongas así. Verás, ¿sabes esa voz que escuchas cuando dudas sobre cosas que hacer, cuando por un momento temes tomar decisiones y una voz te aconseja lo que hacer? Pues esa voz soy yo. En realidad eres tu mismo, pero para que nos entendamos soy yo.
-A ver si lo entiendo: ¿eres mi conciencia?
-No me gusta que me llamen así, pero se puede decir que sí.
-¿Y se supone que tú me aconsejas y, a grandes rasgos, me dices lo que hacer en cada momento?
-Es un buen resumen de mis funciones.
-Para que quede claro ¿fuiste tú el que me dijo que me subiera a aquel muro de camino a la fiesta de Luis porque sería divertido para todos, muro desde el que me caí y me rompí el brazo?
-Eh... Si, claro, fui yo.
-Espera, espera ¿también fuiste tú el que me dijo que me declarase a Silvia, que no tenía nada que perder y que después de hacerlo se empezó a reír en mi cara y lo publicó todo en Facebook?
-Mmmm... Si, también fui yo. Pero son cosas que pasan...
-¿Cómo que son cosas que pasan? ¿eres un incompetente en tu función y me dices que son cosas que pasan?
-Bueno, son experiencias que te hacen crecer como persona.
-¡Me rompí el brazo y la chica que me gusta se rió de mi y me dejó públicamente en ridículo!¡¿Cómo demonios se supone que eso me hará crecer como persona?!
-Veo que no es un buen momento. Va a ser mejor que me vaya.
-Si, va a ser lo mejor. ¡Y qué no te vuelva a oír en un tiempo!. Vamos, que lo despierten a uno para esto...
Saludos
-¿Qué?¿Dónde estoy?¿Quién eres?
-¿No te resulta familiar mi voz?
-Así de repente, no. ¿Por qué?¿Debería?
-No se si sentirme ofendido o preocuparme. ¿En serio no me reconoces?
-Mira, vamos a terminar antes si me dices quien eres.
-Soy tú.
-¿Cómo que eres yo?
-Si, bueno, no todo tú, una parte de ti.
-¿De qué estás hablando?
-Esto está resultando más complicado de lo que pensaba. No se te da nada bien eso de tomar conciencia de ti mismo.
-¿Vas a seguir criticándome o me vas a explicar lo de que eres una parte de mí?
-Tampoco hace falta que te pongas así. Verás, ¿sabes esa voz que escuchas cuando dudas sobre cosas que hacer, cuando por un momento temes tomar decisiones y una voz te aconseja lo que hacer? Pues esa voz soy yo. En realidad eres tu mismo, pero para que nos entendamos soy yo.
-A ver si lo entiendo: ¿eres mi conciencia?
-No me gusta que me llamen así, pero se puede decir que sí.
-¿Y se supone que tú me aconsejas y, a grandes rasgos, me dices lo que hacer en cada momento?
-Es un buen resumen de mis funciones.
-Para que quede claro ¿fuiste tú el que me dijo que me subiera a aquel muro de camino a la fiesta de Luis porque sería divertido para todos, muro desde el que me caí y me rompí el brazo?
-Eh... Si, claro, fui yo.
-Espera, espera ¿también fuiste tú el que me dijo que me declarase a Silvia, que no tenía nada que perder y que después de hacerlo se empezó a reír en mi cara y lo publicó todo en Facebook?
-Mmmm... Si, también fui yo. Pero son cosas que pasan...
-¿Cómo que son cosas que pasan? ¿eres un incompetente en tu función y me dices que son cosas que pasan?
-Bueno, son experiencias que te hacen crecer como persona.
-¡Me rompí el brazo y la chica que me gusta se rió de mi y me dejó públicamente en ridículo!¡¿Cómo demonios se supone que eso me hará crecer como persona?!
-Veo que no es un buen momento. Va a ser mejor que me vaya.
-Si, va a ser lo mejor. ¡Y qué no te vuelva a oír en un tiempo!. Vamos, que lo despierten a uno para esto...
Saludos
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