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martes, 3 de marzo de 2015

Piro (Relato)

Jugué a la espalda de colosos dioses primigenios con el fuego que les robé cual Prometeo, con la inconsciencia del que no teme castigos sin saber que el mayor castigo no sería una represalia, sino la embriagadora desesperanza que sentí cuando el fuego, agotado por el uso, simplemente se extinguió.
Entonces llegaron eras de miles de noches continuas, con la única compañía de los latidos sordos de un corazón que sentía cada vez más desapegado de mi ser y los cercanos ecos de hirientes carcajadas que reían a costa de mi infundada e inconsciente ilusión.
Durante esa cada vez más densa oscuridad, lo único que me hacía continuar era un espíritu inquebrantable que no sabía poseer. Cuando solo quería dejarme vencer, un cosquilleo, un calambre desde los pies hasta la nuca me recordaba que no basta con ser fuerte por el resto, que principalmente hay que serlo por uno mismo.
Y así fue como adopté un órbita elíptica en vez de circular. Dejé de dar vueltas siendo siempre visible y me alejé para que, con el paso del tiempo, lo que era hubiese quedado atrás hasta convertirme en una versión mejor de lo que quiera que signifique para el resto y mi regreso fuese algo tan esperado como esperable.
Volví a ser portador del fuego, pero esta vez no era robado ni exógeno, era yo quien irradiaba luz, no para ser adorado ni admirado, sino para ser el guía de mi propio camino.


Saludos

lunes, 2 de febrero de 2015

Combustión espontánea (Relato)

Cuando los bomberos consiguieron derribar la puerta, una humareda densa y nauseabunda les dio su calurosa bienvenida.
Abundante agua por cada rincón del apartamento para evitar posibles focos ocultos o rescoldos que hicieran resurgir las llamas y, con ellas, poner en peligro el resto del edificio.
Un destacamento bien entrenado, profesional y eficiente como solo gente dedicada fervientemente a su trabajo puede lograr, consiguió sofocar con rapidez el fuego, que solo era virulento en la habitación, donde sin duda había surgido y, de ahí, propagado al resto de estancias.
Una sola víctima, R.G.B., yacía calcinado en su cama, un esqueleto metálico formado por el somier y el cabecero cubiertos de tizne.
El incendio se había originado allí, pero no había rastros de combustibles ni de fuentes de calor. Todos los enchufes estaban en las condiciones adecuadas. Cualquier explicación física fue rechazada como motivo o causa del incendio.
Ante la ausencia de pruebas lógicas, la investigación concluyó que la única respuesta era la imposible: combustión espontánea.

R. tenía un vicio inconfesable, algo desagradable que le hacía regocijarse como un niño pequeño: disfrutaba de sus flatulencias. Le gustaba que fuesen sonoras, densas y olorosas; se reía tanto con ellas como con un buen chiste.
El momento de mayor goce para él era cuando, ya acostado, generaba un estruendoso pedo que se mantenía algunos segundos tomando consistencia bajo las sábanas.

Aquella noche hacía especial calor. Era uno de esos días de invierno que más bien parecen el comienzo de la primavera, aunque esta quedaba todavía lejos. Su grueso pijama de manga larga venía molestándole hacía rato.
Al moverse para quitarse los pantalones, un retortijón le indicó la inminencia de una ventosidad. Con una sonrisa culpable acomodó el cuerpo para que esta escapase con facilidad. Ese fue su último error.
El pijama, de un barato tejido acrílico, había acumulado electricidad estática y unas pequeñas chispas surgían del mismo en cada movimiento. Cuando a esas chispas se le unió una flatulencia cargada de metano, la llamarada fue instantánea.
El fuego bajo las sábanas y junto al colchón se propagó rápido, sin tiempo para R. de escapar del mismo. Iba a arder en su propio vicio.


Saludos

domingo, 1 de junio de 2014

La hoguera (Relato)

Hace frío en la oscuridad. El gélido viento te golpea como si transportase esquirlas de hielos glaciares; y su huracanado siseo te recuerda a cada momento lo desamparado que estás, lo débil e indefenso que te encuentras ahí, esperando que alguien te encuentre y te tienda su mano.
Pero, como si de un pueblo fantasma se tratase, las únicas manos que hay en los alrededores son las tuyas, así que ya va siendo hora de usarlas en algo productivo.
No importa cómo, si con el esfuerzo de frotar incansablemente dos palos, o usando el mechero que, por si acaso, siempre llevas en el bolsillo, pero una hoguera arde frente a ti.
La oscuridad se ha disipado y el frío ha quedado en un ligero entumecimiento de tus articulaciones que, calculas, en poco rato también desaparecerá. Incluso empiezas a sentirte menos solo, menos triste: la danzarina llama te embelesa y entretiene mientras el crepitar de la madera al arder te trae ecos de viejas voces conocidas que ya creías haber olvidado.
Todo irá bien mientras esté junto a la hoguera. Esa idea te ilusiona y da esperanza. No importa lo que venga mañana, ni siquiera si el mañana viene o no: la hoguera sería bastante, más que suficiente para aguantar toda una vida.
Pero la llama empieza a apagarse conforme la madera se consume. Cada vez menos brillante, a cada momento menos cálida. Y tú no quieres volver al frío y a la oscuridad, no es justo, no te lo mereces; así que empiezas a echar en la hoguera todo lo que tienes a mano, incluso aquellas cosas que nunca pensabas que, llegado el momento, sacrificarías. Porque la hoguera se ha convertido en lo más importante que tienes, en lo más importante nunca tendrás. Y esa hoguera, antes angelical y salvadora, ahora se ha convertido en un monstruo que todo lo consume, que nunca se sacia y que, indefectiblemente, te terminará abandonando.
Acurrucado, abrazado a tus propias piernas, ves como los últimos rescoldos agotan su rojiza existencia. Cenizas negras es todo lo que queda, hasta que el viento, que ahora vuelves a sentir, las esparce por doquier.


Saludos

sábado, 5 de abril de 2014

CIX

-"I'm hearing that he tells you he can read your palms. Is he better than my love?"  The Gaslight Anthem - Bring it on

-"Yo me paseo con dolor por mi fraseo, y en el mar de las palabras sabrás que en nostalgia no escaseo porque nunca olvido un beso que ha llegado hasta el museo de mi alma"  Rapsusklei - A fuego

-"No te olvides de mí: volver es mi destino"  Los Delinqüentes - Arena en los zapatos

-"You ain't the woman of my dreams and I ain't sleepin' again. I swear, I need you here and I hope you see it clear"  Emilio Rojas - Close to me


Saludos

viernes, 24 de mayo de 2013

Violencia

Rompe algo.
Arrójalo contra el suelo, con fuerza. Vuélcalo. Atraviesa un cristal con lo que sea. Que algo valioso pase a ser inservible. La destrucción por el placer de la destrucción. Sólo por escuchar el armonioso estruendo de algo grande rompiéndose, algo que necesitó un trabajo para construirse y que tú puedes desmoronar en un segundo, lo que dura un arrebato de furia.

Quema algo.
La hipnótica danza rojiza de las llamas, como una bailarina seduciéndote. Luz, humo y luego cenizas. Convierte en realidad ese fuego que te quema por dentro. Purificación a través de la desintegración.

Golpea a alguien.
El último escalón. La solución definitiva. Hueso contra hueso. Una prueba de fragilidad. Sangre que brota de heridas abiertas, no las tuyas, las de alguien que, bajo tu incompresible criterio, se lo merezca. El agradable triunfo de la insensatez sobre la racionalidad.

Después, la calma.
Ya no hay rabia, ya no hay ira. Sólo la certeza de que, a pesar de todo, sigues latiendo vida.


Saludos