-"No creo en no creer y me planteo mil cuestiones, porque yo sé que algún día existieron los dragones como existen las hadas, como existen las veladas en candelas de moragas con niñas enamoradas de lunas jóvenes." Sicario & Hazhe - Arcturus
-"Una persona es tan buena como lo sea su palabra." La ladrona de libros
-"Se pregunta si no están quizás hablando de nada o si están creando una clave para significados más profundos. No sabe si ella es consciente o inconscientemente coqueta. Siempre piensa que cuando vuelven a encontrarse le hablará con firmeza y le dirá que la ama o algo igualmente directo, algo que ponga la verdad al descubierto; pero en presencia de ella se queda atontado, su aliento cubre de vaho el cristal, no sabe qué decir y cuando dice algo es una estupidez. Lo único que sabe es esto: por debajo de todo, debajo de sus mentes y sus situaciones, él posee, como un derecho de retención de un terreno lejano que hubiese heredado, cierto dominio sobre ella, y que en el grano de la piel de aquella mujer, en la caída de su cabello y en sus nervios y finas venas, ella está dispuesta a aceptar este dominio. Pero entre esta predisposición y él se erigen los obstáculos de lo razonable." John Updike - Corre, Conejo
-"Amar es fácil, lo malo es el después, cuando la fuente está seca y sigues con la misma sed." Sharif - Martes trece
Saludos
sábado, 17 de enero de 2015
CXXVIII
Referencias:
amor,
Arcturus,
canciones,
Corre Conejo,
cuestiones,
dominio,
fuente,
Hazhe,
John Updike,
La ladrona de libros,
libro,
Martes trece,
moragas,
palabra,
peliculas,
persona,
sed,
Sharif,
Sicario
jueves, 15 de enero de 2015
Graznido: Cuando un pastor...
Cuando un pastor se trinca a una oveja, ¿es monógamo o va cambiando en plan harén?
sábado, 10 de enero de 2015
¿De veras es amor? (Relato)
Temía haber desaparecido como lo haría un susurro durante un vendaval. Largos periodos de silencio, el suyo expectante, le inquietaban más que una ruptura declarada. Las yemas de los dedos le quemaban por las palabras no escritas igual que lo hacía su lengua cuando, tras un par de copas, se le antojaba encender un cigarrillo de esos que continuamente proclamaba estar dejando.
Siempre se había considerado un ejemplar de una especie en extinción: pocos lo echarían de menos hasta que, una vez extinto, se lamentasen de no haber hecho lo posible no ya por protegerlo, sino por haber disfrutado más de su existencia.
La realidad era bien distinta. Aunque algunas peculiaridades hacían que fuese "distinto", con unas comillas que demuestran los múltiples matices que contiene esa palabra, a grandes rasgos no había nada tan atrayente de su persona como para que quisieran tenerlo a su lado tanto como fuese posible.
Y sí, claro, hablo de mujeres.
Porque dentro de una vida bastante cómoda, el mayor inconveniente que le encontraba a la misma era saberse casi irremediablemente soltero.
No dejaba de intentarlo, de todas las formas que se os ocurran: amigas de amigas, páginas de búsqueda de pareja, aplicaciones de ligoteo, grupos de solteros en redes sociales...
Su situación resultaba extraña, o al menos inusual. Ninguna razón aparente le hacía especialmente desagradable o rechazable. Podría describiros una serie de características positivas que le hacían perfectamente compatible con cualquier mujer, pero sería como hacer una lista de la compra para llegar al supermercado y terminar echando al carro más cosas de las que habías apuntado.
Contactaba con tantas mujeres como su tiempo libre le permitía. Varios frentes abiertos en cada momento, sin descuidar ninguno.
Cada uno de ellos parecía funcionar bien, por lo menos al principio. Hablaba de cada una de ellas con la boca llena de halagos y la convicción de que "esta sí" según sus propias palabras. Aunque podría achacársele el que lo intentaba demasiado fuerte igualmente se podría decir que, cuando la situación lo necesitaba, sabía contenerse.
Sin embargo, indefectiblemente, llegaban los silencios y el vacío.
Y con esto volvemos al principio, a ese temor que le embargaba y le desquiciaba.
Y ahí sí es cuando la cagaba. Iba más allá de lo que las reglas no escritas dictan para dos personas que se están conociendo. Mostraba sus cartas, prácticamente las rendía, con la facilidad del que se siente abandonado y se arriesga con un movimiento suicida.
Las asustaba. Usaba términos demasiado profundos como para parecer ciertos aunque en realidad lo fueran. O quizá, en su engaño, terminaba creyéndose unos sentimientos inventados con los que trataba de retenerlas como un actor absorbido por su personaje.
Saludos
Siempre se había considerado un ejemplar de una especie en extinción: pocos lo echarían de menos hasta que, una vez extinto, se lamentasen de no haber hecho lo posible no ya por protegerlo, sino por haber disfrutado más de su existencia.
La realidad era bien distinta. Aunque algunas peculiaridades hacían que fuese "distinto", con unas comillas que demuestran los múltiples matices que contiene esa palabra, a grandes rasgos no había nada tan atrayente de su persona como para que quisieran tenerlo a su lado tanto como fuese posible.
Y sí, claro, hablo de mujeres.
Porque dentro de una vida bastante cómoda, el mayor inconveniente que le encontraba a la misma era saberse casi irremediablemente soltero.
No dejaba de intentarlo, de todas las formas que se os ocurran: amigas de amigas, páginas de búsqueda de pareja, aplicaciones de ligoteo, grupos de solteros en redes sociales...
Su situación resultaba extraña, o al menos inusual. Ninguna razón aparente le hacía especialmente desagradable o rechazable. Podría describiros una serie de características positivas que le hacían perfectamente compatible con cualquier mujer, pero sería como hacer una lista de la compra para llegar al supermercado y terminar echando al carro más cosas de las que habías apuntado.
Contactaba con tantas mujeres como su tiempo libre le permitía. Varios frentes abiertos en cada momento, sin descuidar ninguno.
Cada uno de ellos parecía funcionar bien, por lo menos al principio. Hablaba de cada una de ellas con la boca llena de halagos y la convicción de que "esta sí" según sus propias palabras. Aunque podría achacársele el que lo intentaba demasiado fuerte igualmente se podría decir que, cuando la situación lo necesitaba, sabía contenerse.
Sin embargo, indefectiblemente, llegaban los silencios y el vacío.
Y con esto volvemos al principio, a ese temor que le embargaba y le desquiciaba.
Y ahí sí es cuando la cagaba. Iba más allá de lo que las reglas no escritas dictan para dos personas que se están conociendo. Mostraba sus cartas, prácticamente las rendía, con la facilidad del que se siente abandonado y se arriesga con un movimiento suicida.
Las asustaba. Usaba términos demasiado profundos como para parecer ciertos aunque en realidad lo fueran. O quizá, en su engaño, terminaba creyéndose unos sentimientos inventados con los que trataba de retenerlas como un actor absorbido por su personaje.
Saludos
viernes, 2 de enero de 2015
El cartel (Relato)
Trabajaba en la oficina de una gran empresa, dentro de uno de esos cubículos de paneles movibles. Siempre creyó que era cosa de las películas americanas, hasta que entró en esta empresa y se dio de bruces con esas paredes grises, tan débiles como efectivas a la hora de evitar ratos improductivos de charla con los compañeros contiguos, tan inaccesibles como los que se encontrasen sentados al otro lado de la sala.
Rodeado por tres paredes, el cuarto lado del cuadrilátero no dejaba una vista a la que valiera la pena llamar vista. Otra pared, en este caso parte del edificio, en un tono de gris algo más claro, suponía que por aquello de crear contraste y ganar algo de luminosidad.
Con este panorama, acudir al trabajo era como un tercer grado salvo que, en lugar de acudir a la cárcel para dormir, pasaba la mañana cumpliendo una pena remunerada.
Una mañana, en parte algo cambió. En esa pared antes vacía, justo frente a su escritorio, habían colgado un cartel de la campaña publicitaria de uno de los productos que su empresa ofrecía. La gente de marketing argumentó que era una manera de que los trabajadores conocieran a fondo la compañía y formasen parte de ella: conocer sus productos y su imagen era implicarse. Él imaginó una explicación más prosaica: la manera más fácil y barata de llenar una pared vacía es con la publicidad sobrante de tu propia compañía.
Los carteles con sus imágenes iban sucediéndose hasta convertirse en una rutina temporal más, como el cobro de la nómina o las tartas de cumpleaños baratas de los trabajadores más veteranos.
Pero, de nuevo, un cambio.
Una cara agradable le saludaba desde el marco. Una joven, aproximadamente de su edad, hacía alguna tarea del hogar en una cocina luminosa y amplia. Vestía ropa cómoda y adecuada para su figura, una amplia sonrisa llenaba su cara y era guapa, realmente guapa, de ese tipo de belleza que, sin destacar ni llamar la atención, una vez que te has fijado no puedes dejar de ver ni comprender como no es obvia para el resto del mundo. La campaña publicitaria, si es que eso importaba, era de un seguro para el hogar.
Cada vez que levantaba la cabeza de su trabajo la veía, siempre sonriendo. Parecía que sonriéndole, insuflándole ánimos desde el silencio, Ya queda menos para terminar el día, El fin de semana se acerca, etcétera.
Se imaginaba cómo sería esa chica, y la dibujaba perfecta en su mente, idealizada. Se veía conociéndola, pasando tiempo con ella para, finalmente, terminar viviendo juntos en esa cocina de la que imaginaba sería una casa espaciosa: la representación de una vida de ensueño.
Pero los cambios, bandazos del destino con más fuerza que la que nos agarra al suelo, suceden también en sentido contrario.
El cartel, en su rotación prefijada, desapareció.
Podría haberse paseado por la oficina, comprobar si la habían cambiado de ubicación; si ahora alegraba la mañana de algún compañero que quizá, estúpido de él, ni siquiera se había fijado en ella.
Pero prefirió despedirse, dejarlo estar. Aquello no habría sido sano: era sólo un cartel.
Habría sido otra historia distinta con una chica de verdad, y eso era lo que realmente importaba.
Saludos
Rodeado por tres paredes, el cuarto lado del cuadrilátero no dejaba una vista a la que valiera la pena llamar vista. Otra pared, en este caso parte del edificio, en un tono de gris algo más claro, suponía que por aquello de crear contraste y ganar algo de luminosidad.
Con este panorama, acudir al trabajo era como un tercer grado salvo que, en lugar de acudir a la cárcel para dormir, pasaba la mañana cumpliendo una pena remunerada.
Una mañana, en parte algo cambió. En esa pared antes vacía, justo frente a su escritorio, habían colgado un cartel de la campaña publicitaria de uno de los productos que su empresa ofrecía. La gente de marketing argumentó que era una manera de que los trabajadores conocieran a fondo la compañía y formasen parte de ella: conocer sus productos y su imagen era implicarse. Él imaginó una explicación más prosaica: la manera más fácil y barata de llenar una pared vacía es con la publicidad sobrante de tu propia compañía.
Los carteles con sus imágenes iban sucediéndose hasta convertirse en una rutina temporal más, como el cobro de la nómina o las tartas de cumpleaños baratas de los trabajadores más veteranos.
Pero, de nuevo, un cambio.
Una cara agradable le saludaba desde el marco. Una joven, aproximadamente de su edad, hacía alguna tarea del hogar en una cocina luminosa y amplia. Vestía ropa cómoda y adecuada para su figura, una amplia sonrisa llenaba su cara y era guapa, realmente guapa, de ese tipo de belleza que, sin destacar ni llamar la atención, una vez que te has fijado no puedes dejar de ver ni comprender como no es obvia para el resto del mundo. La campaña publicitaria, si es que eso importaba, era de un seguro para el hogar.
Cada vez que levantaba la cabeza de su trabajo la veía, siempre sonriendo. Parecía que sonriéndole, insuflándole ánimos desde el silencio, Ya queda menos para terminar el día, El fin de semana se acerca, etcétera.
Se imaginaba cómo sería esa chica, y la dibujaba perfecta en su mente, idealizada. Se veía conociéndola, pasando tiempo con ella para, finalmente, terminar viviendo juntos en esa cocina de la que imaginaba sería una casa espaciosa: la representación de una vida de ensueño.
Pero los cambios, bandazos del destino con más fuerza que la que nos agarra al suelo, suceden también en sentido contrario.
El cartel, en su rotación prefijada, desapareció.
Podría haberse paseado por la oficina, comprobar si la habían cambiado de ubicación; si ahora alegraba la mañana de algún compañero que quizá, estúpido de él, ni siquiera se había fijado en ella.
Pero prefirió despedirse, dejarlo estar. Aquello no habría sido sano: era sólo un cartel.
Habría sido otra historia distinta con una chica de verdad, y eso era lo que realmente importaba.
Saludos
Referencias:
cartel,
chica,
escritorio,
oficina,
pared,
publicidad,
relato,
sonrisa,
trabajo,
vista
sábado, 27 de diciembre de 2014
Graznido: El olor...
El olor estándar de todas las teterías del mundo.
jueves, 25 de diciembre de 2014
Brotes verdes
Una vieja idea, deliberadamente relegada al cajón de los sueños imposibles. Una dolorosa pero necesaria decisión.
Tiempo después, y sin haberla olvidado por completo, vuelve a tu mente.
El cajón te llama, algo parece latir dentro de él. Cuando lo abres huele a fresco, brilla, refulge, el tiempo de barbecho parece haberle insuflado vida.
La idea está ahí, ahora menos imposible de lo que parecía, más real que todo lo que llegó después de tratar de desecharla, más valiosa que el cúmulo de intangibles no promesas en el que te mueves.
Puede que de nuevo la ilusión te nuble el sentido, pero quieres estar siempre embriagado de esta sensación. Si no es felicidad debe quedar cerca de ella.
La acoges como el excelente propósito que es. Y como dictaminó el reducido consejo de sabios, ya se verá si las cosas funcionan como para tratar de llevarla a cabo.
Saludos
400 publicaciones después, ciertos escritos siguen teniendo un destino concreto.
Tiempo después, y sin haberla olvidado por completo, vuelve a tu mente.
El cajón te llama, algo parece latir dentro de él. Cuando lo abres huele a fresco, brilla, refulge, el tiempo de barbecho parece haberle insuflado vida.
La idea está ahí, ahora menos imposible de lo que parecía, más real que todo lo que llegó después de tratar de desecharla, más valiosa que el cúmulo de intangibles no promesas en el que te mueves.
Puede que de nuevo la ilusión te nuble el sentido, pero quieres estar siempre embriagado de esta sensación. Si no es felicidad debe quedar cerca de ella.
La acoges como el excelente propósito que es. Y como dictaminó el reducido consejo de sabios, ya se verá si las cosas funcionan como para tratar de llevarla a cabo.
Saludos
400 publicaciones después, ciertos escritos siguen teniendo un destino concreto.
Referencias:
400,
barbecho,
brotes,
cajon,
decisiones,
idea,
ilusion,
propositos,
sueños,
tiempo
domingo, 21 de diciembre de 2014
Graznido: Hipotermia por estar sentado...
Hipotermia por estar sentado frente al ordenador en una habitación sin calefacción.
Referencias:
calefaccion,
graznido,
habitacion,
hipotermia,
ordenador
martes, 16 de diciembre de 2014
CXXVII
-"En cuestiones de lo que suele llamarse política en sentido amplio, era de una resignación desesperada. Quizá pueda gobernarse sin crímenes, pensaba a veces, pero es obvio que no sin injusticias: la vida es demasiado corta para intentar corregir un mal que, puesto que la lucidez lo reconoce como inevitable, ya no podemos considerarlo malo." Fernando Savater - Caronte aguarda
-"Lo más aterrador de las desdichas inconcebibles que súbitamente nos agobian es la relativa entereza con la que somos capaces de soportarlas." Fernando Savater - Caronte aguarda
-"Recuérdame que nunca olvide que peor que un enemigo es un amigo desagradecido." Freshmakers - Recuérdame que nunca olvide con Campeón
-"La única forma de llegar a algún lado es decidir a dónde vas a ir." John Updike - Corre, Conejo
Saludos
-"Lo más aterrador de las desdichas inconcebibles que súbitamente nos agobian es la relativa entereza con la que somos capaces de soportarlas." Fernando Savater - Caronte aguarda
-"Recuérdame que nunca olvide que peor que un enemigo es un amigo desagradecido." Freshmakers - Recuérdame que nunca olvide con Campeón
-"La única forma de llegar a algún lado es decidir a dónde vas a ir." John Updike - Corre, Conejo
Saludos
Referencias:
amigos,
canciones,
Caronte aguarda,
Corre Conejo,
desdicha,
enemigo,
Fernando Savater,
Freshmakers,
John Updike,
libro,
politica,
resignacion
jueves, 11 de diciembre de 2014
Graznido: Ir con tanta prisa...
Ir con tanta prisa que no tienes tiempo de ponerle mala cara a alguien que estorba.
martes, 9 de diciembre de 2014
Invitados (Relato)
Tocas a la puerta tímido y temeroso. Sabes quién te va a abrir, pero no sabes cómo es: esto puede haber sido un error o, literalmente, una puerta abierta a un nuevo y algodonoso futuro.
La persona que te abre te invita a entrar, y crees percibir cierto temor en ella. Estáis en igualdad de condiciones, tanto da que sea ella la que te abre su puerta como tú el que le abres la tuya. De alguna manera está siendo así, metafóricamente recíproco, virtualmente simultáneo.
La conversación fluye, no demasiado profunda al principio, pero detalles se van filtrando en la charla que hacen que las barreras bajen. O quizá porque las barreras van bajando, esos detalles no necesitan tanto esfuerzo para asomar.
El temor hace tiempo que desapareció. Descubres que la otra persona, en un proceso de simbiótica empatía, también desechó esa sensación. Las cosas avanzan en un ritmo convenientemente lento pero seguro. Cada vez más cómodo, lejos de esa persona tímida que llamó a la puerta, hablas de cualquier cosa, porque cualquier cosa contada con la suficiente emoción se convierte en algo interesante.
Empiezas a pensar que, sintiéndote así, sería una buena noticia poder visitar ese sitio tan a menudo como tu anfitriona lo permitiera y, ¿por qué no?, que aquello terminase siendo también tu lugar. Porque, recuerda, que ella también es tu invitada, has sido tú el que ha abierto la puerta y también ella puede querer hacer de ese lugar, hasta ahora tu lugar, su lugar.
Pero las cosas no son tan sencillas, y si lo fueran no serían interesantes, así que te sorprendes cuando, gentilmente te invita a salir de allí, no porque no esté cómoda contigo, sino porque prefiere, por ahora, mantener su espacio. Así que tú, introspectivamente decepcionado pero confiadamente terco, no tienes problema en aceptarlo, aún a sabiendas de que tocarás reiteradamente a esa puerta (abriendo tu propia puerta) sin un desenlace cierto.
Saludos
La persona que te abre te invita a entrar, y crees percibir cierto temor en ella. Estáis en igualdad de condiciones, tanto da que sea ella la que te abre su puerta como tú el que le abres la tuya. De alguna manera está siendo así, metafóricamente recíproco, virtualmente simultáneo.
La conversación fluye, no demasiado profunda al principio, pero detalles se van filtrando en la charla que hacen que las barreras bajen. O quizá porque las barreras van bajando, esos detalles no necesitan tanto esfuerzo para asomar.
El temor hace tiempo que desapareció. Descubres que la otra persona, en un proceso de simbiótica empatía, también desechó esa sensación. Las cosas avanzan en un ritmo convenientemente lento pero seguro. Cada vez más cómodo, lejos de esa persona tímida que llamó a la puerta, hablas de cualquier cosa, porque cualquier cosa contada con la suficiente emoción se convierte en algo interesante.
Empiezas a pensar que, sintiéndote así, sería una buena noticia poder visitar ese sitio tan a menudo como tu anfitriona lo permitiera y, ¿por qué no?, que aquello terminase siendo también tu lugar. Porque, recuerda, que ella también es tu invitada, has sido tú el que ha abierto la puerta y también ella puede querer hacer de ese lugar, hasta ahora tu lugar, su lugar.
Pero las cosas no son tan sencillas, y si lo fueran no serían interesantes, así que te sorprendes cuando, gentilmente te invita a salir de allí, no porque no esté cómoda contigo, sino porque prefiere, por ahora, mantener su espacio. Así que tú, introspectivamente decepcionado pero confiadamente terco, no tienes problema en aceptarlo, aún a sabiendas de que tocarás reiteradamente a esa puerta (abriendo tu propia puerta) sin un desenlace cierto.
Saludos
Suscribirse a:
Entradas (Atom)