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jueves, 23 de abril de 2015

Conversaciones fugaces

"[...] no lee apenas nada. Bueno, sí lee, pero cosas extrañas"

Porque, como todo el mundo sabe, leer cosas extrañas no es leer.

Nos estamos volviendo estúpidos por momentos.


Saludos

jueves, 21 de agosto de 2014

Donde sucede lo bueno

De puertas hacia dentro en todos lados es igual: cegadoras luces destelleantes alternadas con oscuros rincones de falsa intimidad; autómatas de mentes confundidas en busca de calor ajeno, sin más valor que el efímeramente placentero intercambio de fluidos; música atronadora que aturde y desgasta. Pura convención social, pantomima de diversión, teatro de actores y actrices sin talento.
Pero la calle...
En la calle es donde sucede lo bueno porque es ahí donde te rodeas de los tuyos.
Nunca sucede nada interesante si no puedes escuchar a más allá de un palmo de distancia y en la calle no existe esa limitación: las conversaciones pueden fluir, ahora en la intimidad del que camina hombro con hombro, ahora en la algarabía de una chanza que se escucha en toda la calle.
El mero deambular, patear las calles con el único objetivo de seguir más tiempo en compañía de quien lo merece, detiene el tiempo en un absurdo de pamplinas sin sentido, el humor por el humor, estupidez a cambio de carcajadas.

Habrá quien me rebata este desprecio completo por cualquier local, incluso yo mismo tengo un puñado de buenos recuerdos en diferentes sitios y ciudades. Pero estas buenas experiencias siempre se basan en aquellas personas que estaban conmigo en aquellos momentos, siendo un factor prácticamente nulo el lugar donde nos encontrásemos.
Pero la calle...
La calle abraza a aquellos que se acogen en ella; aquellos que deciden, en contra de cualquier moda o mayoría, seguir sus andanzas al amparo de sus infinitos vericuetos; aquellos que, sin buscarlo, encuentran historias inesperadas y hallazgos aleatorios con los que confeccionar un anecdotario estrambótico y secreto, origen de bromas privadas.

El último refugio de aquellos que solo buscan diversión.


Saludos

domingo, 16 de febrero de 2014

El banco del parque (Relato)

Ese era el sitio. El banco más cercano al puente sobre el lago del parque. Allí habían acordado reunirse y, para reconocerse, ambos llevarían una prenda de color verde. Él decidió llevar una sudadera de marca surfera que se había comprado siendo un chaval y que todavía conservaba con cariño varios años más tarde.
Se habían conocido en un foro sobre series. Compartían gustos parecidos y, lejos de los fanatismos de otros foreros, preferían hacer valoraciones argumentadas sobre las novedades de la temporada y los nuevos capítulos de las series veteranas. Con la excusa de pedir alguna recomendación él le envió un mensaje privado y, poco a poco, fueron intimando mientras avanzaban las temporadas de sus series favoritas. Cuando él supo que vivían en la misma ciudad lo consideró una jugada del destino: que alguien como él conectase de esa manera con alguien como ella (creía conocerla totalmente) y que, por puro azar, viviesen en la misma ciudad tenía que significar algo.
Así fue como reunió el valor para pedirle una cita; verse por primera vez tras largas y nocturnas conversaciones sobre todo y nada, cualquier cosa. Al principio, por la sorpresa suponía, ella se había mostrado recelosa (al fin y al cabo nunca sabes quien se esconde al otro lado de la pantalla); pero terminó convenciéndola y así concretaron una fecha, un lugar y un método para reconocerse.
Ahora, sentado en el banco, esperaba sobrellevando su nerviosismo con paciencia e ilusión.
Y esperó. Esperó. Esperó... Y comenzó a cansarse y a tener miedo: miedo de haber sido rechazado sin posibilidad de explicarse, miedo de no ser suficiente para nadie, miedo de no poder confiar ni en quien creía conocer.
Y aquella voz, ese mensaje de autodestrucción, volvió a despertarse en su interior: demasiado poco agraciado como para atraer a ninguna mujer, demasiado tímido como para intentarlo. Indefectiblemente solo para siempre.
-¿Qué te pasa, zagal? Tienes la cara mustia.
Sin que se diese cuenta, un señor mayor, más bien calvo y regordete se había sentado a su lado en el banco y le miraba interesado con las manos apoyadas en su bastón.
-¿Disculpe?- preguntó él. En su abstracción no había escuchado la pregunta.
-Que tienes cara de funeral, muchacho. ¿Te ha pasado algo?¿Algún problema con tu parienta?
La sonrisilla del vejete al hacerle esa pregunta se le contagió.
-¿Parienta? Bueno, podría usted llamarla así, pero es más complicado que eso...
-Si es complicado cuéntamelo para que lo entienda. Tengo toda la tarde y no me he traído pan para echarle a las palomas.
De nuevo una sonrisa se dibujó en su cara y, sin saber muy bien porqué, le relató su historia: como se "conocieron", como hoy iban realmente a conocerse, como ella no se había presentado y, como linea de desarrollo de su relato, brochazos aquí y allá, las esperanzas e ilusiones que se había construido con respecto a ella.
Las expresiones del señor deambulaban desde la sorpresa hasta la incomprensión, pasando por el más absoluto interés.
-...y eso es todo. Aquí he terminado, el día que iba a conocer por fin a la chica que me gusta, hablando con usted en un banco de un parque.
El viejo no dejó de mirarle de arriba a abajo y de abajo a arriba mientras parecía reflexionar sobre todo lo que había escuchado. Tras volver a mirar a los ojos del joven pareció encajar todas las piezas de un rompecabezas mental.
-No creo que pueda darte consejos sobre mujeres, desde luego no sobre cómo conquistarlas. Yo me casé con mi señora siendo los dos jóvenes, rondando los dos la veintena. Estuvimos juntos hasta que la pobre falleció hace tres años- su tono era solemne, como si estuviera desvelando el secreto de la vida a un incrédulo -Durante todos mis años junto a ella no dejé de preguntarme por qué yo, qué había visto en mí que ni siquiera yo veía, cómo pude tener la suerte de conquistarla. Nunca encontré una respuesta, o quizá nunca me convencí de que la respuesta era tan sencilla como "Porque sí" o "Y por qué no". Supongo que lo que intento decir es que las relaciones, no sé si siendo más fáciles o más difíciles ahora que en mi época, simplemente surgen: algunas llevan a callejones sin salida; otras terminan en accidente; pero otras, y no tienes que pensar que no te pasará a ti, son el mejor viaje que nunca emprenderás.
No era ninguna revelación, nada que él no hubiese pensado en algún momento, pero al escucharlo en palabras ajenas pareció cobrar más verdad. Lo que era un estrepitoso fracaso, puesto en la perspectiva de toda una vida por delante, se transformó en un simple traspiés, algo que contar como una anécdota triste.
Mientras esta conclusión se generaba en su cabeza, el señor se había puesto en pie y se arreglaba las solapas de su chaqueta para cubrirse el cuello.
-Y alegra esa cara, chaval. Peor estamos los viejos.
Con esta generalidad, tan ridícula como cierta, se marchó. Una última gota de humor, otra muestra de lucidez.


Saludos

jueves, 3 de octubre de 2013

Se acaba la batalla (Relato)

-¿Preparado para continuar?
-No lo sé; son demasiados...
-¿Y?¿Esperabas lo contrario?
-No, pero nos hemos quedado solos, todos nuestros compañeros nos han abandonado.
-¿Y tendríamos que rendirnos por eso?
-Joder, tampoco es cuestión de verlo como una rendición. Se suele decir que una retirada a tiempo es una victoria...
-Eso sólo lo dicen los cobardes.
-Pues llámame cobarde si quieres pero tengo ganas de vomitar, me fallan las piernas, mi pulso tiembla desde hace rato y cada vez veo peor. Empiezo a tener miedo, en serio.
-¿Miedo? Cuando empezamos con esto sabíamos qué iba a pasar: sería duro, cada vez más; muchos de nosotros no verían amanecer a nuestro lado y otros tantos, con la excusa de retirar a las bajas, huirían; al final sólo unos pocos seguirían juntos para vencer a la noche o caer en el intento. Nos ha tocado a nosotros y tenemos que hacerlo por ellos pero, sobre todo, por nosotros, por nuestro orgullo...
-Me cago en ti. No es que me hayas convencido, pero sólo por esa parrafada que has soltado en estas condiciones voy a seguir aquí.
-Esa es la actitud.
-Como siempre, un placer estar a tu lado, compadre...
-Lo mismo digo, hermano...

Y así, levantando sus brazos con los dedos índice y corazón extendidos (en lo que para ellos podía ser un signo de victoria), llamaron la atención del camarero para pedirle otros dos chupitos y alcanzar su décimo segunda ronda.



Saludos

sábado, 24 de agosto de 2013

Círculo verde (Relato)

-No te lo vas a creer, pero he encendido el ordenador sólo para comprobar si, por casualidad, estabas conectada.
-¿Y eso?
-Me apetecía conversar con alguien con la que he compartido algo más que tiempo. Es la única razón que puedo darte, tenga sentido o no.
-Para eso no me necesitas a mí concretamente, tienes otra mucha gente que cumple ese requisito tan ambiguo.
-Como te he dicho, esa es la única razón que puedo compartir contigo, lo que no significa que tenga otras de las que puede que me avergüence o de las que te podrías asustar.
-¿Y qué vas a hacer ahora que no estoy conectada?
-Seguir charlando como si estuvieses aquí.
-¿Y eso no es, en realidad, hablar contigo mismo?
-Sin duda. Pero, de alguna retorcida manera, sigo cumpliendo el requisito que me trajo aquí.
-[...]
-[...]
-¿Cuánto tiempo llevabas sin hacer esto, parar a escucharte?
-Más del que puedo recordar.
-¿Y no será que ni siquiera querías encontrarme? ¿Que la única razón por la que encendiste el ordenador y por la que ahora ignoras el resto de círculos verdes es porque necesitabas tiempo para recuperar tu otra voz?
-Me conoces mejor que nadie...



Saludos

lunes, 29 de julio de 2013

La pestaña (Relato)

-Espera un momento, tienes una cosa en el ojo.
Con cuidado, él retiró las gafas de su cara y, con la yema del dedo índice, despegó una pestaña de la sonrojada mejilla de ella.
-Ahora pide un deseo y sopla- le dijo mientras sostenía la pestaña para que ella pudiera verla.
Aún conociéndolo poco, ella supo que algo especial pasaba: él nunca se había mostrado supersticioso, creyente o remotamente interesado en cualquier ritual de fortuna o buenaventura.
Sin embargo, pensó en un deseo y sopló. La pestaña voló barrida por lo que, en escala, sería un huracán.
-¿Cual ha sido tu deseo?- preguntó él.
-No puedo decírtelo. Si lo hiciera no se cumpliría.
La sonrisa de él tras escuchar su respuesta parecía decir Tú ganas esta vez.
-De acuerdo, pero tienes que prometerme una cosa.
Su sonrisa siguió ahí, pero el brillo de su mirada se transformó por la profundidad de un pacto.
-¿Qué cosa?
-Tienes que contarme el deseo cuando se haya cumplido o, aunque me duela, tendrás que dejarme de lado si soy el responsable de que no se cumpla.
Ese era el momento especial que ella había intuido: la dulce honestidad de un amor no expresamente declarado, una proposición tan valiente como justa, quizá las mejores palabras que recordaba haber escuchado en su vida.
-Hay trato.
Se dieron la mano como hombres de negocios tras una reunión aunque, en realidad, los dos morían por sellar el pacto con un beso...


Saludos

lunes, 22 de julio de 2013

Graznido: Aunque no siempre las mejores...











Aunque no siempre las mejores conversaciones son después, después las conversaciones son mejores.










jueves, 7 de marzo de 2013

Incompatibilidad

Imposible. Escuchar banalidades y pretender escribir algo medianamente trascendente son dos hechos que, si coinciden en el tiempo, son incompatibles.
Pero hay que intentarlo, aislarse con los auriculares y la música más alta de lo médicamente recomendado.
No parece funcionar, aunque esta especie de crónica en directo va avanzando.
Intentas concentrar la mente en tus palabras, pero se va con la voz contigua, más incluso que con la música.
Tampoco hay mucho más que pueda hacer. Después de un día entero en Internet tienes la sensación de que no hay nada nuevo bajo el sol. Un sol que, por cierto, brilla por su ausencia en el exterior.
Mis dedos tamborilean en la mesa. Un gesto inútil y sin sentido, como tocar el claxon en un atasco.
La conversación termina y escucho mi música a través de los altavoces, lo suficientemente alta como para compensar este rato.
Ya no hay razón de ser para esta crónica. La incompatibilidad desaparece por hoy, pero con la promesa de volver a repetirse sucesivamente en días venideros.

Esta vez el contexto se ha dejado ver diáfano y evidente.


Saludos

domingo, 24 de febrero de 2013

Últimas palabras (Relato)

-¿Sigues enfermo?
-Qué puedo decir, salta a simple vista- Para terminar de confirmarlo toso y escupo unas flemas densas y oscuras.
-Deberías ir al médico, ¿cuánto tiempo llevas así? ¿Más de una semana?
Su preocupación empieza a disgustarme, como si no fuese consciente de que se cuidar de mí mismo.
-Ya estoy tomando medicación, con eso es suficiente. Es cuestión de tiempo estar mejor.
Vuelvo a toser: cada vez que hablo tengo que hacerlo. Fuerzo la garganta y duele. Estoy harto.
-¿Y no crees que lo que sea que estés tomando no hace ningún efecto? Quiero decir, no eres médico, no sabes lo que tienes y no sabes si lo que tomas está indicado para lo que tienes.
Empieza a dolerme la cabeza: es por su culpa. Hasta ahora era la única parte del cuerpo que notaba sana.
-Eso es cosa mía. Siempre que estoy así tomo lo mismo y siempre me ha ido bien. Y además ¿tú que sabrás? Como bien dices yo no soy médico, pero hasta donde sé tú tampoco lo eres.
-No tienes por qué ponerte así. Sólo me preocupo por ti.
-Pues deja de preocuparte. Se cuidar de mí mismo. Ahora si haces el favor de marcharte, quiero descansar y me estás provocando dolor de cabeza.
-Como quieras. Cuídate.
Sale por la puerta cabizbajo, evidentemente preocupado pero, al mismo tiempo enfadado con mi actitud. Ese es su problema, yo estoy bien por mi cuenta.
Sin embargo la discusión me ha alterado: noto el corazón acelerado y cómo la fiebre vuelve a subir. Eso no es bueno. Bebo agua pero me atraganto; empiezo a toser y no paro. Tos seca, dolorosa, con sabor a sangre. Y no paro de toser. Me cuesta respirar, la tos me lo impide. Me agobio y sigo tosiendo. La falta de oxígeno me marea y las piernas me fallan: caigo de rodillas sin parar de toser. El ansia por respirar hará que me trague la lengua, ahora le sé. Cuando sucede no me pilla por sorpresa. Este será mi final: un final nada heroico, trivial y ridículo.
Y unas últimas palabras que no pasarán a la historia: sólo reproches a un viejo amigo.
Mierda todo...


Saludos

sábado, 13 de octubre de 2012

Una televisión encendida (Relato)

-No te esperaba a estas horas.
-Ya, bueno... No sabía muy bien qué hacer. Supuse que seguirías despierta.
Sin contestar, ella entra en su casa y se sienta directamente en el sitio del sofá que ocupaba antes de que él llamase a la puerta, se quita las zapatillas y, encogiendo las piernas, se acomoda. Sin dejar de mirar a su, aunque anhelada, inesperada visita baja el volumen de la televisión y suelta el mando sobre la mesa, de la que coge un cigarrillo de liar apagado y un mechero. Ha dejado la televisión encendida a conciencia; una vía de escape, algo a lo que mirar cuando no sea capaz de mirarle.
Él la ha seguido hasta el salón como un autómata seguiría a su dueño. De pie en el quicio de la puerta la ve acomodarse como, deduce, estaría acomodada antes de su llegada. Sin saber muy bien por qué, como si estuviese cansado por algo, se pone en cuclillas junto a la mesa que los separa y así se queda esperando a que sea ella la que comience a hablar.
-Te puedes sentar si quieres.
-No te preocupes, estoy bien así.
-No me preocupo.
Son muchos los años que hace que se conocen, y algunos menos desde que mantienen una relación sentimental. Qué tipo de relación es algo que ninguno de los dos sabría etiquetar de manera precisa, pero es más el tiempo que pasan juntos que el que pasan con otra gente.
-Estás enfadada.
A pesar de ser algo evidente para ambos, la formulación de esa acusación por su parte es algo que la ofende profundamente.
-¿Cómo esperabas que estaría?
-La verdad es que no lo había pensado.
Sus palabras, deliberadamente cautelosas e inconscientemente mal interpretables, ocultan las ansiosas ganas que tiene de pedirle perdón, de consolarla, abrazarla, de escuchar todo lo que tenga que decirle. Sin embargo sigue ahí, en cuclillas, jugueteando con un librillo de papeles de fumar que está en la mesa.
-¿Para qué has venido? Estaba a punto de acostarme.
Cada bocanada de humo que exhala va acompañada de un profundo resoplido; un intento de controlar su respiración y no explotar en gritos o llanto.
-No sabía muy bien lo que hacer. Ha sido algo mecánico. Cuando me he querido dar cuenta estaba llegando a tu barrio. Algo me decía que tenía que estar aquí.
En ese momento ella agradece no haber apagado el televisor. Un par de lágrimas brotan de sus ojos y no tiene por qué seguir mirándole.
-Pues ya estás aquí.¿Ahora qué?
Ella no va a hacer nada. Suceda lo que suceda esta noche será él quien tenga que tomar la iniciativa. Según ella se lo merece como castigo; para él es algo que se tiene merecido y que acepta como penitencia.
-¿Cuanto tiempo hace que nos conocemos?¿Nueve?¿Diez años? Durante todo ese tiempo te he querido, de diferentes maneras y con distinta intensidad, pero siempre hemos estado uno junto al otro. Nunca he hecho nada que supiera que podría hacerte daño, y si alguna vez te lo he hecho asumo mi responsabilidad, pero en ningún caso habrá sido a cosa hecha... Por favor, no estés enfadada conmigo... Por favor...
De la misma manera orgánica en que uno se despierta un par de minutos antes de que suene el despertador, así recuerdan por qué quieren al otro.
Ella nunca ha conocido a un hombre con la bondad y la honestidad tan a flor de piel como él.
Él sabe que sólo con ella es capaz de expresar sus inquietudes y anhelos sin miedo a la incomprensión.
Sólo les quedaba asumir que, a pesar de su innegable y felizmente cómoda idoneidad, sus humanas imperfecciones les harían enfrentarse a noches como aquella; noches en las que únicamente manteniéndose juntos podrían sacar fuerzas para solucionar sus problemas.


Saludos

domingo, 9 de septiembre de 2012

Demostraciones (Relato)

-¿Qué crees que te diferencia de los demás? ¿Qué te hace mejor que todos ellos? ¿Por qué tendría que elegirte?
-Soy educado, honesto; divertido sin ser grosero ni obsceno; paciente y atento. Sé comportarme donde quiera que voy. No creo que sea decir poco.
-¿Cómo demuestras todo eso? ¿Cómo se lo harás ver?
-No creo que sea algo demostrable. Simplemente siendo yo, supongo.
-Ahí tienes el problema. Piénsalo de esta manera: un tipo maleducado, mentiroso por sistema, grosero y obsceno, irascible y dejado. Un perfecto impresentable. Si no demuestra nada de esto, ¿crees que podría elegirlo?
-Si no consiguiese darse cuenta de nada de esto, supongo que sí, claro.
-Entonces, ¿qué crees que te diferencia de los demás? ¿Qué te hace mejor que todos ellos? ¿Por qué tendría que elegirte?



Saludos

domingo, 12 de diciembre de 2010

Inoportuno (Relato)

Ninguna llamada de madrugada trae buenas noticias. A no ser que tengas amigos inoportunos. Entonces la característica fundamental de una llamada a media noche, esa mala noticia que te va cantando cada tono del teléfono, se transforma en una molestia proporcional a la borrachera que gaste tu forzado interlocutor.
-Tío, ¿dónde estás?- gritan al otro lado del teléfono, sumado al ambiente infernal que inunda el auricular.
-Joder, estás llamando a mi casa ¿dónde mierda crees que estoy? Llevo horas durmiendo, ¿Qué quieres?
-Vente que estamos aquí todos.- sus gritos aumentan cogidos de la mano con mi cabreo. Lanzar el teléfono contra la pared, que es lo que me pide el cuerpo, sería algo de lo que me arrepentiría en el momento justo en que abandonase mi mano hacia su destrucción.
-Cariño, ¿quién es?- mi novia, que hasta ahora dormía como yo, se une a la conversación
-Uno de mis impresentables amigos.- le digo mientras tapo el micrófono con la mano- No te preocupes y duerme.
-¿Con quién estás?- el borracho al que intento colgar gentilmente, todo sea por la amistad, ha escuchado a una mujer llamarme cariño y preguntar quién es, una mujer de la que no he hablado a ninguno de mis amigos porque siguen empeñados en que nos follemos a todo lo que se cruce por delante nuestra, como la camarera de ese bar al que solemos ir que que, según ellos, me come con la mirada.
-¿Con quién voy a estar?... con nadie. Dejadme dormir tranquilo, cabrones.- Cuelgo sin dar opción a réplica. Estoy tentado a dejar descolgado el teléfono, pero confío en que el alcohol les haya dejado un resquicio de sentido común como para no repetir la llamada.
-¿Por qué le has dicho que no estabas con nadie?- mi novia, de repente despejada y lista para la batalla me pregunta inquisitiva, vislumbrando la falta de información que tienen mis amigos con respecto a ella.
-¿Cómo que por qué?... por nada. Así le daba largas más rápido para poder colgarle.
-Era igual de rápido decirle que estabas conmigo.- su cabreo, inexistente hacía dos minutos, ha alcanzado el nivel del mío al inicio del diálogo telefónico y lo deja atrás a una velocidad pasmosa.
-Nena, está borracho, si le sigo tu nombre se va a hacer un lío y voy a tener que recordarle quién eres.- "recordarle": espero que una mentira piadosa suavice la situación.
-Señal de que no le has hablado lo suficiente de mi.- lanzo y... fallo- ¿Te avergüenzas de mí y por eso tus amigos no me conocen?
Mi cuello no puede sostener mi cabeza que cae abatida. Resignado y superado por la situación, me mentalizo para una larga conversación plagada de te quieros y cariños como atenuantes de su enfado; conversación en la que le razonaré una y otra vez mis inconsistentes motivos para no haber hablado de ella con mis amigos. Conversación en la que, al final, sólo quedará en claro mi incapacidad de resolver una situación cuando me despiertan de madrugada de manera inadecuada.
Va a resultar que estas llamadas siempre traen malas noticias.

Saludos

miércoles, 3 de marzo de 2010

Una historia de fantasmas (Relato)

Fantasma 1: Estuve mirando para comprarme varios deportivos de gama alta, ya sabes, Aston Martin, Porsche y marcas por el estilo, pero cuando los probaba no me transmitían las sensaciones de conducción que andaba buscando así que me quedé con mi utilitario.
Fantasma 2: A mi me pasó algo parecido con mi mujer. Estaba empeñada en que compráramos un chalé en la sierra pero le dije que para que quería tantos metros de casa pudiendo ir a un hotel cuando queramos, así que terminó olvidándolo.
...
Oyente crítico: Fantasmas


Saludos

domingo, 14 de febrero de 2010

LII

-"Po' tía, en clase de Ciudadanía está el grupo de la Jenny, de la Raquel, de la Carmen, y se acoplan con nosotras la Cristina y la Elena y parecemos tontitas"

-Siento decírtelo pero, seguramente, algo aportes al adjetivo.

-"Dando gracias, así es como vivo yo: por ser como soy, por querer seguir siéndolo" Violadores del Verso - Filosofía y letras

-Es curioso como llegan a nosotros ciertos grupos y/o canciones. Yo descubrí a Band Of Horses y su canción "The Funeral" gracias a este vídeo.

Saludos

lunes, 11 de enero de 2010

Conversaciones de autobús: orígenes

Desde que tengo uso de razón he viajado en autobús. Tanto viajes largos como trayectos cortos.
Mis padres no tenían permiso de conducir y cuando en verano subíamos a Ávila a visitar a la familia viajábamos del modo más económico posible: en ocasiones era el tren y otras muchas fue el autobús.
Obviamente la misma situación se daba para movernos aquí en Málaga. Siempre he tenido tarjeta de estudiante de la EMT para usar el transporte público. Rizando el rizo los años de secundaria iba al instituto en el autobús que ofrecía el centro.
Y la cosa viene de familia. Mis abuelos usaban casi diariamente el autobús y en igual situación se encontró mi madre en sus años de estudiante y se encuentra actualmente en su etapa laboral. Tanto es así que conoce a innumerables conductores, muchos de los cuales antes de que se implantasen las nuevas tecnologías ejercían la labor de revisores, un trabajo que sólo se mantiene a día de hoy en los trenes.
Durante todos estos años de usuario del autobús (tanto público como semi-privado) he sido testigo de flagrantes faltas de educación, de alguna que otra curiosa anécdota, de accidentes de tráfico y, el motivo de este artículo, conversaciones de toda índole.
Como se suele decir no todo el monte es orégano y me he visto obligado a escuchar barbaridades, aunque también han abundado los comentarios críticos o cómicos e incluso conversaciones serias e interesantes en las que habría participado de conocer a los contertulios.
Pero todo cambió con la llegada del iPod. Desde entonces elijo las conversaciones que quiero oír. No me gusta llevar la música excesivamente alta (cuando todos estéis completamente sordos por los auriculares yo sólo estaré algo sordo. Ahora imagináos una risa malvada y tendréis el efecto completo) por lo que puedo escuchar lo que se cuece a mi alrededor: si es interesante aplico el oído y obtengo perlas y si no lo es subo un par de puntos el volumen y vuelvo a estar aislado.
Si queréis llamarme cotilla no tengo defensa, eso sí, cotilla selecto. No escucho por escuchar. Busco relevancia en las conversaciones de autobús. Y creedme que no es fácil.
Saludos

miércoles, 25 de noviembre de 2009

Bocadillos y pollos asados

-...yo me comería un Stoner.
-Y yo un Wayne Rainey.
-No hay. Hay Crivillé.
-¿Hay Pedrosa?
-Sí.
-No pero en verdad suena mejor un Lorenzo.
-Tengo que sacar dinero, por lo menos pa' medio pollo.

Saludos

lunes, 14 de septiembre de 2009

Conversaciones de autobús y menús de 3'10 €

-...que le tenía envidia me dijo la guarra.
-Habel'la enganxao* allí mismo- le aconseja su amiga, sentada a su lado.
-Joé que drástica la niña- replica un tío que estaba sentado frente a ellas, medio sorprendido, medio en broma- Haberle pisado el cuello, haberle pegado dos puñaladas
Las dos chavalas se comienzan a reír por la evidente exageración de su espontáneo contertulio. Acto seguido una de ellas tose contundentemente, a lo que el tío pregunta:
-¿Tú no tendrás la gripe A?
-Pos yo estaba cagá, le dije al médico que me diese una mascarilla o algo de eso a ver si iba a tener la gripe mierda esa- respondió indignada con su médico la chavala.


Cambiando de tema, ¿a qué mente brillante del Burger King se le ha ocurrido subir su menú ahorro 10 céntimos? Personalmente me da igual, para una vez al mes como mucho que consumo comida rápida me gusta probar las novedades. En términos generales me imagino que el que se puede permitir comer por 3 euros se puede permitir comer por 3 euros con 10 céntimos. Obviaré también el hecho de que no se me ocurre ningún indicador económico por el cual se hayan visto obligados a subir el menú esa nimiedad para no incurrir en pérdidas.
Lo que no llego a concebir es la facilidad con la que tiran a la basura una campaña publicitaria de más de un año. Si es que ya era un clásico lo del menú de tres euros.No puedo imaginarme a nadie diciendo "me comería un menú de tres euros diez"
Quitadme cinco patatas fritas del ya irrisorio paquete que venía incluido en el menú, reducir unos cuantos centilitros el tamaño de la bebida, incorporar miga de pan mojada en leche en la masa de la hamburguesa como hace mi madre en casa (sería un cambio a mejor mirándolo con detenimiento: ganaría en jugosidad comparado con la suela de zapato habitual) pero dejad el precio del maldito menú como estaba.
Y que conste que es una crítica constructiva.

Saludos

* En andaluz original

sábado, 23 de mayo de 2009

Recordando: Conversación de coche

La conversación que estoy a punto de relataros es una de las muchas similares que ocurren frecuentemente en mi vida. Aunque cuando la leáis posiblemente penséis que realmente no ocurrió os aseguro que es totalmente verídica y yo era uno de los contertulios. Si que es verdad que las palabras no sean las exactas pero lo que voy a escribir es lo que se dijo en ese momento (palabra arriba, palabra abajo).
Primero la situación. Iba con un amigo en su coche. Habíamos terminado las clases y volvíamos a casa. Bajábamos por una calle de dos carriles con dos direcciones. De repente, delante nuestra cruza un hombre corriendo con un casco de moto en la cabeza y un dvd en la mano. Este hombre había aparcado su moto en un lado de la calle y cruzaba a un videoclub situado en la acera contraria. Por supuesto cruzaba por donde no hay paso de peatones. Y en ese instante comencé esta conversación:
- No ves el tío ese cruzando así por la cara. Y si estás descuidado y lo atropellas te buscas la ruina.
- Por lo menos lleva el casco. Así se haría menos daño.
- Eso si es verdad. Seguramente sea la manera más segura de atropellar a alguien que yo haya visto.
- Como mucho podría partirse una pierna o un brazo al caer.
- No creo, vamos lentos.- Tras decir esto empecé a calibrar que hubiera pasado si realmente lo hubiésemos arrollado involuntariamente y se me ocurrió lo siguiente- Lo que si podría pasar es que al no hacerse daño se levante, se quite el casco y empiece a golpear el coche con él y luego venga a darte también a ti.
- ¡Qué va! Yo cojo la llave de los tornillos de las ruedas y listo.
- Pero si el tío se levanta no te va a dar tiempo a quitarte el cinturón, salir del coche, abrir el maletero y sacar la llave. Le da tiempo a darte con el casco unas pocas de veces en ese tiempo.
- ¡Qué va! Nada más atropellarle voy directamente al maletero a coger la llave.
Como podéis comprobar la conversación iba desfasando poco a poco (sin ningún tipo de maldad, eso si) pero vi la escapatoria oportuna para zanjarla definitivamente:
- Es decir, tu idea es, delante de decenas de testigos, tanto peatones como dependientes de tiendas e incluso pasajeros de otros coches, en caso de haber arrollado a esa persona, salir a toda prisa del coche para coger una llave de hierro por si el accidentado se levanta. No te dejaría en una buena situación ese modo de actuar.
No le quedó más remedio que mirarme con cara de “has conseguido que me pille el toro” y con la sonrisa que todos conocemos.
Saludos

viernes, 13 de febrero de 2009

XXXVI

-"Es que aquí trabajamos así"

-"Pildorazo de inicio de conversación"

-"¡Y el que más lo flipa compadre!"

-Un final digno a un plato honroso.

Saludos

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